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Rey falleció «algo despues de medio dia> del 25, y que se diesen «lutos de loba y capirote> (iguales á los que se dieron dos años antes, cuando murió la reina Isabel), al corregidor y sus tenientes, alcaldes, merino mayor de la ciudad, procurador, regidores, escribanos y porteros, «á cada uno 15 varas de paño negro de cinco reales. »

En las mismas Actas se afirma lo contrario exactamente de lo que escribe Prescott, 'acerca del médico Ludovico Marliano: habiéndose de. clarado la enfermedad como aguda y violenta pulmonía, el arzobispo Jimenez de Cisneros, sin duda al observar que los facultativos flaniencos no entendian el caso, dispuso que su excelente médico, el Dr. Yanguas, reconociese detenidamente al augusto enfermo, y despues del reconocimiento, este sábio facultativo, diag. nosticando con exactitud la dolencia, prescribió «una sangría ó dos, y muy pronto, porque el Rey tenía pulmonía grave;> mas los doctores se opusieron tenazmente, y en especial Ludovico Marliano, que era el principal (no el auxiliar, como dice Prescott), y entonces el doctor Yanguas, declinando prudentemente toda responsabilidad, los anunció «con palabras fuertes,» que, no aceptándose su dictámen, el Rey moriria «ántes de veinticuatro horas,» y así su

cedió, como dicho queda, al medio dia del 25 de Setiembre, no el 28, como afirma Rossell.

Trocáronse las fiestas en duelo y llanto, sin. gularmente para los audaces flamencos de la comitiva del archiduque: fué necesario, á fin de impedir los desmanes del pueblo, cuyo sentimiento de independencia se sublevaba con fiereza ante los desmanes de aquella turba famélica y aduladora, y tambien contra los magnates castellanos que habian rodeado al monarca, que un ilustre prócer burgalés, el condestable de Castilla Don Bernardino de Velasco (cuya esposa, Doña Juana de Aragon, habia sido arrojada de su propio palacio, como hemos dicho, por el inconsiderado é inexperto archiduque), reco. rriese á caballo las plazas y calles de la ciudad, acompañado del duque de Nájera, y precedidos ambos de un pregonero, aconsejando al pueblo la mayor tranquilidad y confianza en tan críti. cos momentos, y amenazando con graves penas á quien se atreviese á perturbar el orden públi

у á excitar la saña popular contra los amedrentados flamencos, los cuales, en su mayoría, huyeron secretamente, aunque sin abandonar las riquezas que habian acaparado en sus violentas exaciones, en el efímero reinado de Don Felipe I el Hermoso.

CO

EL CARDENAL JIMENEZ DE CISNEROS.

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III.

¡Pobre reina Doña Juana! Ella, que amaba, que adoraba con frenesí á su desdeñoso marido, halló fuerzas en su flaqueza y razones en su oscurecida mente para cuidarlo con abnegacion sublime y aconsejarlo cristiana y noblemente en los postreros dias de su vida; y si hemos de creer la no interrumpida tradicion que en aquella ciudad se conserva (y aún creemos que consta escrita en algun documento del archivo de los duques de Frias, descendientes directos y sucesores del Condestable de Castilla), recibió ella sola, cual providencial compensacion de los desdenes sufridos en otros dias, la última mirada y el último beso de su moribundo marido.

Tenía Don Felipe á la sazon veintiocho años (1), y su rápida enfermedad no habia disfigurado sus bellas y varoniles facciones: la misma reina viuda mandó que fuese embalsama

(1) Dejó dos hijos varones y cuatro hembras, aquéllos fueron Cárlos V y Fernando I, emperadores, sucesivamente, de Alemania, y este último era español de nacimiento, pues vino al mundo en Alcalá de Henares, en 1o de Marzo de 1503.

do el cadáver, y vestido luego con riquísimo traje de córte (I), y despues de haber estado expuesto dos dias en la sala principal del palacio, fué conducido con solemne pompa, el 28, á la iglesia de la Cartuja de Miraflores, y depositado en la sacristía mayor, en una caja de metal y madera de alerce, con mirra.y esencias orientales, y cubierta con rico paño de brocado y

oro.

Ningun español ilustrado dejará de acordarse, al llegar a este punto, de dos magníficas producciones artísticas que conmemoran aquellos sucesos: el drama Locura de amor, del ilustre poeta y académico Don Manuel Tamayo y Baus, y el famoso cuadro Doña Juana la Loca, del insigne pintor Don Francisco Pradilla.

(1) Fué embalsamado al uso de Flandes, y sus entrañas, guardadas en un jarron de plata y envuelto éste en fina tela de seda blanca, fueron depositadas el dia 26 en el sepulcro de los reyes D. Juan II y Do. ña Isabel de Portugal, abuelos de la reina Doña Juana, en la Cartuja de Miraflores, cerca de Búrgos.No creemos que despues fueran extraidas de allí y llevadas á Granada, al sepulcro que hizo construir el emperador Cárlos V, al lado del de los Reyes Católicos.

CAPÍTULO VIII.

Guerras de Italia y triunfos del Gran Capitan.—Regencia de Castilla —Triste situacion de la reina Doña Juana.Regreso de Don Fernando á España.—Entrevista dolorosa del rey y de su hija.—Segunda regencia de Don Fernando.—Sumision de los nobles rebeldes.-Castigos.-Jimenez de Cisneros es nombrado Cardenal.

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Habíanse otra vez enmarañado los asuntos de Italia, poco despues de apaciguada la rebelion de los moros del Albaicin y de las Alpujarras.

Murió Cárlos VIII de Francia (1), sin haber te

(1) Murió el 7 de Abril de 1498, ántes de cumplir la edad de veintiocho años, pues habia nacido en el castillo de Amboise, el 2 o de Junio de 147o, y fué hijo del rey Luis XI y de la princesa Carlota de Saboya. «Era pobre de espíritu (dicen los mismos historiadores franceses), y deforme de cuerpo,» y sólo pensaba en ridículas empresas de caballería, y en resucitar los tiempos de Carlo-Magno, á quien fingió tomar por modelo, y de los caballeros de la Tabla Redonda, como si en vano hubieran pasado por el mundo seis siglos de combates y de ejemplar enseñanza. Casó con Ana de Bretaña, con quien habia pactado su matri

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