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Granada, Fr. Hernando de Talavera, en 1501 decia así en el prólogo de su libro: ... « porque mi intencion fué hacer vocabulista de la habla comun é usada de la gente deste reyno de Granada, y quasi de los reynos comarcanos, en los quales espero yo en Nuestro Señor que en vida de los muy altos y muy poderosos christianísimos principes, el Rey y Reyna, nos aprovecharémos.

¡Ah! Con razon pensaba la excelsa Isabel la Católica, en su lecho de muerte «desde el cual regia el mundo,» segun la frase del célebre Prós. pero Colonna, que la conquista del Africa sep. tentrional era cristiana, generosa y patriótica empresa reservada por la Providencia á los pue blos de España, y recomendaba en su testamen. to á los Reyes sucesores suyos «que no cejen de la conquista de Africa, é de pelear por la fé contra los infieles... >>

¡Cuánto han mudado los tiempos! Hoy, despues de haber sostenido España una guerra gloriosa con el imperio de Marruecos, apenas si tiene en Africa la plaza de Ceuta y los estériles peñascos de Melilla; y en cambio, Francia es due. ña de los antiguos reinos de Argel y Tremecen, sin exceptuar la vasta comarca de Orán; Ingla. terra «no piensa en abandonar el Egipto (segun declaracion oficial muy reciente), y se pre

para á dominar en el imperio de Marruecos; hasta Italia, esa nacion que se ha formado con reinos que en otro tiempo pertenecian á los españoles, dirige su mirada ambiciosa á las costas de Tripoli, quizás alentada por la indiferencia antipatriótica, verdaderamente punible, con que los gobiernos de España abandonan el tradicional deseo del pueblo.

I.

El ya cardenal Jimenez de Cisneros acariciaba desde antiguo la esperanza de contribuir por su parte, en lo que fuera posible, á dar cumplimiento a la postrera voluntad de la Reina Católica: anhelaba ardientemente llevar á la costa africana las armas españolas.

Y por cierto, es ridículo suponer, como algugunos escritores modernos suponen, que el prelado toledano se proponia llevar a cabo el rescate del Santo Sepulcro: cartas suyas se guardan en los archivos de Alcalá y de Simancas, (1)

que está bien manifiesto este deseo, del

en las

(1) Algunas han sido publicadas en la Biblioteca de Autores Españoles edicion Rivadeneira, tomos LXII y LXV); otras, el mayor número, en un precioso volúmen en 4.° menor (Madrid, 1867).

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cual se propuso hacer participe, con mala fortuna, al rey Don Fernando y al rey Don Manue de Portugal; pero entre un deseo piadoso, y muy sensatamente expresado, y el hecho de anteponer la conquista de Africa á la de Palestina, como más posible y patriótica, hay inmensa distancia; el rescate del Santo Sepulcro fué tambien sueño dorado, digámoslo así, de Don Jaime I el Conquistador y Don Fernando III el Santo, de Isa. bel la Católica y del gran Cristóbal Colon, y sin embargo, si exceptuamos la frustrada expe. dicion naval que intentó el conquistador de Mallorca y de Valencia, ninguno de los otros ilustres personajes llegó á tratar del levantamiento de una cruzada.

A poco del fallecimiento de la Reina Católica, y quizá estimulado por el testamento de esta augusta Señora ,más que por la osadía de los piratas africanos que infestaban la costa meridional de España, haciendo sufrir grandes vejámenes á los pueblos, el arzobispo Jimenez de Cisneros contribuyó muchísimo a la feliz expedicion que llevó a cabo el valeroso Don Diego Fernandez de Córdoba, alcaide de los Don. celes (ó pajes de la reina); aquel bizarro caudi. llo que defendió á Lucena, en 1491, contra las embestidas del aguerrido Aliatar, y que tuvo la fortuna de hacer prisionero al jóven rey grana

dino Abu abdil-lah, Boaddil, en las cercanías de aquella plaza. Mazalquivir, llamado Puerto divino por los romanos del tiempo de Augusto, y por los árabes Borg-el Marza, poblacion del reino de Tremecen, situado al Oeste de Orán, refugio entónces de piratas, cayó en poder de las tropas castellanas (1) el dia 17 de Setiembre de I 5O5. Reunióse en Málaga una flota de seis galeras y muchas carabelas rasas, con 5.OOo hombres de armas; Don Diego Fernandez de Córdoba, «caballero de mucho valor» (dice el P. Mariana), era el general de las tropas de tierra, y el bizarro marino catalán Don Ramon de Cardona, almirante de la Armada; hiciéronse á la vela el viernes 29 de Agosto, y soplando recio viento contrario, entraron de arribada los bajeles en el puerto de Almería; volvieron á hacerse á la mar el II de Setiembre, llegando al anochecer á Mazalquivir, y siendo el primero que saltó á tierra, el hidalgo Pero Lopez Zagal, «un muy valiente

(1) Los franceses, que son dueños de esta plaza desde 1831, la denominan Mers-el-kebir, y en una monografía de la misma, que hemos leido, del acadéco L. Llouvet, ni siquiera se consigna que perteneció á *España en los siglos XVI, XVII y parte del XVIII.

soldado; » el ataque fué recio y sangriento, y a ciudad quedó en poder de Don Diego Fernancez de Córdoba, despues de tres dias de combate.

No fué abandonada, como escribe un narrador francés, en 1507, sino que el bravo Alcaide de los Donceles, despues de combatir heróicamente en los campos de Tremecen con. tia las numerosas hordas agarcnas que le asaltaron de improviso, pudo regresar sano y salvo á la plaza, y aquéllas no se atrevieron á intentar el ataque.

En el año siguiente, 1508, el conde de Olive. to, Pedro Navarro, despues de apaciguadas las alteraciones de Castilla, y con motivo de haber asalfado los piratas berberiscos á varios pueblos de la costa de Málaga, marchó contra ellos al frente de regular Armada, consiguió derrotarlos y se apoderó del Peñon de la Gomera.

A fines del mismo año, el cardenal Jimenez de Cisneros, ardiendo en santo celo religioso y patriótico, propuso al rey Don Fernando la conquista de Orán; ofrecióle anticipar (no donar, como se ha creido vulgarmente) los fondos necesarios para la empresa; él mismo, aunque pobre y humilde religioso que habia pasado la mayor parte de su vida en el retiro del claustro, y era ya más que septuagenario, se obligó ó propuso por condicion principal, segun varins

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