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des fueron perdidas para la nacion en breve tiempo, y algunas, como las de Túnez y Argel, costaron tambien la vida á muchos españoles en los años sucesivos.

Solamente la ciudad de Orán, reedificada casi por completo, y rodeada de nuevos muros y torreones por los gobernadores españoles, quedó poseida definitivamente por la corona de España, hasta que fué abandonada, por motivos que hoy nos parecen ridículos, antipa. trióticos, y áun indignos, en 1792, reinando el indolente Carlos IV, para que un ejército francés, á las órdenes del general Roger, plantase

sus muros la bandera tricolor, el 18 de Agosto de 1831 (1).

en

(1) Poséenla todavía los franceses, para vergüenza de los españoles que la abandonaron; y aún se atreven algunos escritores de allende el Pirineo á suponer que la habia conquistado le cardinal Ximenes... à l'aide d'inteligence dans la place.-L. Louvet.

CAPÍTULO X.

Jimenez de Cisneros, fundador. -El Colegio Mayor de San Ildefonso, de Alcalá de Henares; sus catedráticos prime

su progresivo engrandecimiento.-Cisneros, protector de la imprenta.--La Biblia Poliglota Complutense. - Ediciones de obras.

ros

I.

Consagramos este capítulo á examinar los actos del cardenal Cisneros, bajo otro punto de vista muy distinto de los que hemos señalado en los capítulos precedentes; y si hay aún es. critores, en nuestra misma patria, que consideran á aquel hombre extraordinario como un fanático vulgar, y quizás ignorante, obra meritoria ha de ser, para enseñanza y correccion del que yerra, bosquejar á grandes rasgos las dos principales fundaciones del insigne Prelado toledano: el Colegio de San Ildefonso, en Alca. lá de Henares, y la publicacion de la Biblia Políglota Complutense.

Son dignas de nota las contradicciones en que incurre el historiador Prescott (y tambien el Sr. Lafuente), cuando trata de las grandes rentas que producia el arzobispado de Toledo, en los siglos XV y XVI, y de los cuantiosos

gastos que habia hecho el arzobispo Jimenez de Cisneros para llevar adelante su propósito de convertir al cristianismo á los «desasosegados » moros granadinos: pocos renglones despues de afirmar que, para hacer espléndidos regalos á los alfaquíes y xeques mahometanos que se convertian, el Prelado llegó á empeñar, y por muchos años, las rentas del arzobispado, escribe el historiador norte-americano que «por el mismo tiempo (y es verdad), imprimia grandioso impulso á la edificacion de los Colegios de Alcalá, y á preparar la edicion monumental de la Bib lia Políglota, empleando tambien cuantiosas sumas.»

Y si se tiene en cuenta que por el mismo tiempo, con escasa diferencia, prestaba, y áun donaba, crecidísimas cantidades al rey Don Felipe el Hermoso, y al Rey Católico; que auxiliaba con poderosos recursos en dinero la empresa del alcaide de los Donceles contra Mazalquivir; que adelantaba al rey Don Fernando todos los gastos de la expedicion á Orán, «porque yo, el cardenal de España, arzobispo de Toledo (palabras textuales del arreglo ó pacto convenido con el rey) prometo é me obligo á dar é pagar todo, hasta resarcirse «de lo primero que se cobrare é rescibiere despues de pagados los bastimentos é provisiones;> y que

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fundaba iglesias, conventos, hospitales y casas le correccion para clérigos, hasta el punto de

er llamado por el vulgo de su archidiócesis cel prelado más edificante» (sic) que habia tenido la mitra de Toledo; si se tiene, en cuenta, decimos, todo esto, y mucho más que añadir pudiéramos, no será fácil demostrar que ya en el año 1500 habia dejado empeñadas «el buen arzobispo, como le llama Prescott, y para muchísimo tiempo, las rentas de su arzobispado (1)

II.

La carta que escribió el Rey Católico al con. de Pedro Navarro, y que cayó en manos de Cisneros, diciéndole que detuviese en Orán «al buen hombre... creyendo que, siendo ya ancia no y valetudinario, trabajaba en su propio daño y perjuicio,» y dejando entrever que si muriese en aquella empresa o en otra semejante, no lo sentiria muy profundamente (sin duda porque todavía abrigaba esperanzas de colocar la mi

(1) Ya hemos dicho que ascendian estas rentas, segun Lucio Marineo Siculo, á 80.000 ducados anuaies, y segun el embajador veneciano Navaggiero, la iglesia de Toledo era la más rica de la cristiandad.

tra de Toledo en las sienes de su hijo natural, Don Alonso de Aragon, el mundano arzobispo de Zaragoza); aquella carta, decimos, fué para el cardenal Cisneros revelacion amarguísima: habia servido á la iglesia, á la patria y al rey con la mayor nobleza, desinterés y celo, y si la iglesia y la patria habian de agradecérselo perpétuamente (como hoy, á través de cerca de cuatro siglos, se lo agradecen), el rey empezaba á pagarle con la ingratitud más desdeñosa é inmerecida, como pagó á Cristóbal Colon y á Gonzalo de Córdoba; como pagó su nieto Cárlos V al heróico y noble conquistador de Méjico, hombre singular que «le habia regala do más reinos en el Nuevo Mundo, que provincias tenía España cuando heredó el trono de sus mayores» (1).

Y en vista de aquel amargo desengaño, resolvió el prelado consagrarse por completo al servicio pastoral de su archidiócesis, y á dar cima á las dos empresas colosales en que trabajaba asíduamente hacía muchos años.

(1) Aquella carta le produjo, además, afliccion de otro género: sus émulos, que los tenía, y eran poderosos, le acusaron de violar las cartas del rey..... y

sincerarse de esta acusacion en sa memorial

tuvo que de quejas.

EL CARDENAL JIMENEZ DE CISNEROS.

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