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de que el prelado «se reserva, para su Universi dad de Alcalá, más de 300 obras de medicina,»

áun pudiera haber añadido, que tambien se re. servó otras muchas de agricultura y de historia, segun está comprobado. La pérdida, por lo tanto, si tuvo cierta importancia, por su significacion, no fué muy grande por la valía científica de los libros quemados, y es injusto comparar la hoguera de Bib-Rambla con el incendio que destruyó la biblioteca de los Ptolomeos, en Alejandria, ya fuese debido éste á los soldados de César, como quieren algunos escritores modernos, ya á los del caudillo mahometano Omar, en el año 641, segun la opinion general. mente admitida.

El auto de fé de Bib-Rambla, considerado en nuestros dias y desde el punto de vista de la tolerancia que hoy impera en la conciencia pú. blica, no tiene defensa posible, y es un acto de barbarie que sólo se explica por la exagera. cion del sentimiento religioso, por el fanatismo.

Pero no se debe considerar así, en absoluto, haciendo abstraccion completa de la época en que se efectuó, y de las circunstancias que le rodearon.

Era creencia de los hombres más ilustrados de entonces (y los acontecimientos demostraron bien pronto, que tal creencia estaba per

fectamente fundada), que los moros granadinos, muy superiores en número á los cristianos de la comarca, incluyendo entre éstos las guarniciones de las principales plazas, habian de ser un peligro constante para el sosiego público, y áun para la integridad de la patria, miéntras no se sujetaran en absoluto á las leyes y costumbres generales del país; y, por otra parte, en aquellos tiempos de viva fé y verdadero entusiasmo religioso, todo se posponia á la salvacion de las almas, al ardiente deseo de que «los infieles (como dice un cronista contemporáneo) se truxesen al conocimiento del verdadero Dios.» Es seguro que el Rey Católico y sus cortesanos deseaban la conversion de los moros granadinos, más que por motivos puramente espirituales, para asegurar la conquista del reino, para desnacionalizar á los vencidos, digámoslo así, y hacerles olvidar la patria que habian perdido á principios del año 1492; pero es seguro tambien, se puede afirmar resueltamente, que la Reina Católica y el arzobispo Jimenez de Cisneros apreciaban el acto de la conversion, en primer lugar, como beneficiosa para los mismos conversos, porque les abria el camino de la salvacion de sus almas, y derramaba sobre su entendimiento la luz de la verdadera fé. Y conseguido el éxito de la conversion, la EL CARDENAL JIMENRz DE Cis NRRos. 3

cual no fué sincera, es cierto, aunque se creia lo contrario, Cisneros, hombre instruido, no prelado turbulento y de traidores amaños, como el arzobispo Carrillo, ni ménos adulador é inculto, como aquel obispo de Cuenca Don Lope de Barrientos que destruyó los libros científicos del famoso Don Enrique de Villena, «porque eran mágicos é de artes non cumplideras de leer;» Cisneros, decimos, suponiendo la conversion sincera, hizo destruir los libros que estaban consagrados á la antigua religion de los conversos para quitar á éstos, en lo posible, ocasiones de reincidencia y de perjurio. Ni se puede admitir la suposicion de Prescott, segun la cual, á consecuencia de aquel acto de intolerancia, los más ricos archivos de los moros granadinos fueron trasladados á Berbería, por las mismas familias mahometanas que pudieran ocultarlos y sacarlos secretamente del país: sobre que en los archivos y bibliotecas de España se guarda todavía, despues de las vicisitudes de cerca de cuatro siglos, un número inmenso de libros, códices y manuscritos arábigo-españoles, de época anterior á la rendicion de Granada (1), nada más natural que las

(1) Lo que sobra en la biblioteca del Escorial, en los archivos de Palacio y de Alcalá de Henares, y en familias moriscas, trasladadas á la costa africana por su propia voluntad, y bajo el noble seguro de la palabra real, llevasen consigo sus archivos y librerías particulares, como parte principalísima de los efectos que les pertenecian y que fueron respetados siempre, en cumplinaiento exacto de los artículos de la capitulacion de Granada. Apreciado así, como se debe apreciar, «el acto de barbarie, » segun califican algunos escritores á la destruccion de los libros religiosos de los conversos granadinos en la plaza de BibRambla, no reviste, ciertamente, los sombríos colores con que le ha recargado la libre paleta de protestantes y racionalistas modernos.

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muchos archivos de antiguas é ilustres familias españolas, son códices y manuscritos arábigos, de gran importancia para la literatura pátria. Lo que falta, por desgracia, son buenos arabistas que se consagren á estudiarlos con verdadero empeño, y un Gobierno que proteja semejante estudio, tan necesario para la re. construccion de la historia de la Reconquista sobre firme base

CAPÍTULO III.

Predicaciones de los alfaqules granadinos.-Sublevacion del

Albaicin -Cisneros sitiado en la Alcazaba.-Política generosa del conde de Tendilla y el arzobispo Talavera.--Sublevacion de las Alpujarras. - Ataques de Guejar, Andarax, Lanjaron y Lanjar.-Decretos reales.

I.

Dice el ilustre autor de la Guerra de Grana. da, Don Diego Hurtado de Mendoza, hijo del conde de Tendilla, que los Reyes Católicos, al nombrar á este valiente caudillo «alcalde y capitan general» del recien conquistado reino, y al religioso Talavera prelado de la nueva archidió. cesis granadina, «diéronles compañía calificada y conveniente para fundar república nueva, que habia de ser cabeza de reino, escudo y defen. sion contra los moros de Africa, que en otros tiempos fueron sus conquistadores;» pero añade á reglon seguido, que «no bastaron estas provisiones para que los moros (cuyos ánimos eran desasosegados y ofenaidos), no se levanta. sen en el Albaicin, temiendo ser echados de la ley, como del Estado.

El hecho es, que las predicaciones más ó ménos secretas de los alfaquíes inahumetanos

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