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El mismo en las cor. de Mon. año 1363 C. 16.

Juan ll en las cortes de Monzon año 147o. Cap. de cor.31.

cualquiera otra causa, no se atreva á recibir ni cobrar mas
que cinco sueldos por dia entre salario y gasto; y si algu-
no contraviniere, sea ipso facto privado de su oficio para
siempre. Que semejante pena sea impuesta á cualquier por-
tero, acemilero ó sus tenientes, de quienes se probare ha-
ber recibido dinero por bestias á las que permiten marchar
y las toman á utilidad nuestra y de la Reina ó primogénito
nuestro ó hijos nuestros ú oficiales y familiares nuestros y
de aquellos: y sin perjuicio de esto estén obligados á resti-
tuir á aquel de quien habrán recibido alguna cosa el do-
ble de aquello que hubieren tomado.
IV. Los porteros, acemileros, ó sobreacemileros ó
sus tenientes que no guardaren la ley anterior, además
de la pena de privacion de oficio en ella impuesta, in-
curran en nota de infamia, y pena de cien morabatines
de oro por cada una vez que hubiesen contravenido, pu-
diendo y debiendo los ordinarios de cada una ciudad ó
villa en nuestra ausencia hacer la ejecucion de dicha pena
sobre los bienes de aquellos sumariamente y de plano, y
á fin de que se observen mas estrechamente dichas leyes,
no puedan nuestros oficiales hacer en modo alguno gracia
de ellas; declarando que en las ciudades, lugares ó villas
nuestras solamente se embarguen animales (exceptuándose
la cabalgadura propia, y las que sirvan para hornos y mo-
linos) para Nos y para la Reina, los hijos nuestros e in-
fantes, y estando nosotros y ellos presentes, por los conse-
jeros y otros domésticos nuestros y de aquellos; y aun es-
tando nosotros ausentes, por los consejeros, secretarios,
escribanos nuestros, siendo empero por negocios nuestros.
V. Por cuanto manifiesta la experiencia que saliendo el
Rey ó su primogénito ó el Lugarteniente general de algu-
na ciudad, villa, lugar y castillo del Principado, los algua-
ciles ó porteros vuestros ó de aquellos, no solamente pi-
den y toman acémilas de aquella ciudad, villa ó lugar
para llevar la ropa ó cámara de las dichas personas, sino
tambien de todos los oficiales de la corte, y que siguen á

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esta, cualesquiera y cuantos quiera que sean; por los per-
juicios que esto causa, las cortes suplican á V. M. que se
sirva ordenar que en lo sucesivo los dichos alguaciles y
porteros, no puedan tomar, pedir, ni haber acémilas sino
solamente para la ropa y cámara de V. M. ó de los dichos
primogénito y Lugarteniente general, y que solo las pue-
dan tomar con intervencion, conocimiento y asistencia de
alguno de los representantes de dicha universidad de aque-
lla ciudad, villa, castillo ó lugar en que se encontraren
S. M. y demas susodichos. Place al Sr. Rey excepto en los
oficiales y ministros de S. M.
VI. Ordenamos que la ley tercera de este título com-
prenda á los porteros del teniente general gobernador de
este Principado y condados de Rosellon y Cerdaña, de la
bailia general, y de la procuracion Real, removiendo todos
los abusos hechos en contrario.

TITULO LXV.

Del oficio de los porteros, mozos de oficio y vergueros, y de sus salarios.

I. ORDENAMos que en los lugares en que antiguamente no se habia acostumbrado enviar ni recibirse porteros y vergueros, los vegueres y otros oficiales nuestros para hacer citaciones, envien nuucios, á quienes se llame correos ó mozos de oficio, los que sean solamente creidos en cuanto á la presentacion de las citaciones, y no en otras cosas; y que lleven cepillo con señal del veguer ó de la cabeza de la vegueria ó subvegueria; sin que empero puedan obligar ni forzará hacer cosa alguna, ni tomar prendas. En los otros lugares empero á los cuales antiguamente se habian acostumbrado enviar porteros ó vergueros, que se haga en los términos que se habia acostumbrado hacer en tiempo de nuestros antecesores.

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Alfonso II en las cor. de Mon. año 1289. Cap. 3.

El mismo en dichas cortes. Cap. 24.

Javme II en las

primeras cortes

de Barcelona. año 1291. Cap. 17.

El mismo en las tercer. cor. de Barceloma, año 131 1. Cap. 9.

Alfonso III en las cortes de Monblanch añ.

1333. Cap. 18.

El mismo en dichas cortes Cap. 19.

Felipe I en las
prim. cortes de
Barc. año 1599.
Cap. de cor. 43.

Alfon. II en las

cortes de Mon

zon. año 1289. Cap. 1.

Jayme II en las primer. cor. de Barcelona año

1291 Cap. 3.

II.
Ordenamos que en los tribunales se pongan por-
teros buenos é idoneos y que sean pocos, de modo
III. empero que basten al oficio: que no tomen sino seis
dineros barceloneses ó dineros jaqueses por legua
ó menos en los pueblos que asi se acostumbre, y que
Iv, el que á esto contraviniere, pierda el destino para
- siempre (4).
V.
Se trata en estas leyes de limitar el número de por-
terOS.
VI.

VII. Ordenamos que en lo sucesivo ni el nuestro baile general, ni el veguer vendan las porterias ni las puedan vender, y si algunas se hubiesen vendido las revocamos. En esto empero no comprendemos las porterias de Villafranca y de Fonrubia, puesto que los porteros de los dichos lugares reciben algunos derechos nuestros que no están en uso ó en ejercicio de jurisdiccion.

VIII. En esta ley se trata del número de guardas del condado de Rosellon.

TITULo LXVI.

De las personas prohibidas de tener oficios.

l. )
PRINCIPALMENTE se procura con varias leyes de es-

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(1) En cuanto á los derechos que deben percibir se debe estar á los aranceles generales.

te título asegurar que no se dén dineros ni otras cosas á S. M. por la concesion de algun empleo, y que los que de este modo se dieren sean como no dados: que no puedan obtener destinos los que por razon de su oficio habrán sido condenados en alguna cosa, los usureros, los sujetos á resi

dencia hasta haber quedado absueltos; los ofi

ciales de bando en aquel lugar donde habrá estado el bando; los vegueres en el lugar donde estén domiciliados ó de que fueren nativos. Pero como todas estas circunstancias son limitativas de las regalias de S. M. que se reservó en el decreto de nueva planta, no deben observarse.

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Pedro II en las

cortes de Bar

cel. año 1283. Cap. 3.

TÍTULo LXVII.

De cosas prohibidas á los empleados Reales.

I. CUALESQUIERA vegueres, procuradores, oficiales Reales, pregoneros y vergueros, no entren para hacer clams, fadigas, peñoramientos, ó ejecuciones, ni por otra ocasion alguna en las ciudades, villas y lugares que no sean realengos, sino en el modo que se practicaba en tiempo del

Rey D. Jayme (4).

(1) Mientras que S. M. no tenga á bien revocar el Real decreto de 15 de setiembre de 1814 sobre jurisdicciones de particulares es absolutamente inútil esta ley; y aunque se devolvieseu las jurisdic. ciones dificilmente podria aprovechar, porque las justicias particulares de cada pueblo asi de realengo, como de señorio, abadengo, etc. tenian precisamente jurisdiccion en el territorio de su lugar, y en cuanto á los demas oficiales, asi de gobierno como de hacienda y del ramo militar tienen ya marcadas sus funciones que las podrian ejercer igualmente en lugares Realengos que en los demas.

Antiguamente en Catuluña si un empleado en la administracion de justicia en pueblo de realengo requiria para que administrase justicia á otro empleado de igual ramo en pueblo de señorio, ó al contrario, ó bien el juez requirente y requirido eran señoriales, y el requirido era notoriamente omiso ó se denegaba á administrar justicia, podia el juez requirente declarar la marca, es decir podia hacer la ejecucion en los bienes que encontrare dentro de su jurisdiccion pertenecientes á personas ó á la jurisdiccion del juez requirido, y aun capturar las personas, é instar al veguer, que era el empleado Real del partido, que pasase , á capturarlas, y ejecutar

los bienes de los sugetos de aquella poblacion cuyo juez se habia

resistido á administrar justicia, vendiendo lo necesario hasta solventar la deuda que dió márgen á estos procedimientos y los gastos por ella ocasionados. Fácil es conocer los abusos y los daños incalculables que de esto se ¿ cuan contrario era á la razon: como ya lo dijo el Sr. Rey D. Pedro III en el ano 1568. De ahi fué que se pusieron mnchas limitaciones, y que el Sr. Rey D. Pedro prohibió que se observase, cuando el juez requirente y el requirido eran de pueblo de Realengo (excepto si el requirente era el veguer de Barceloua por especial privilegio) fundándose en que no debian

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