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TITULO X.

De los hereges y otros excomulgados.

I. ORDENAMos que si algun lego por su propia culpa fue

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se por su arzobispo ú obispo ó por especial mandato de ¿. p

ellos excomulgado solemnemente con candelas, como es
costumbre, y sabiéndolo persevera contumáz en la exco-
munion por cuatro meses continuos, pague la pena de cien
sueldos, y lo mismo se observe en cada uno de los otros
cuadrimestres hasta cumplido el año; despues empero de
cumplido el año, debe pagar la dicha pena duplicada
trescientos sueldos á mas de los cien sueldos de los di-
chos cuadrimestres del primer año, de todo lo que se
aplique la mitad á Nos y á nuestro erario y la otra mitad
al arzobispo ú obispo del territorio del excomulgado, á me-
nos que este tuviese por señor á prelado, canónigo de igle-
sia catedral, ó religioso de algun monasterio á quienes sea
dada esta mitad (4).
1? Ademas que despues de dicho año y mientras conti-
nuará excomulgado sea ipso jure habido por infame fuera
de paz y tregua y echado de nuestro Ducado y que en ma-
nera alguna sea admitido á oficio de hombres legítimos y
católicos, ni á concejos, ni á ningun otro acto legítimo:
2o que sea tambien incapaz de hacer testamento, ni pueda
jamas suceder á herencia alguna: 5? que ninguna persona
le responda judicial ni extrajudicialmente sobre cualquier
negocio: lo que no pueda ser juez, ni arbitro, ni testigo,
ni abogado, ni escribano: que no pueda tener vegueria ni
alguacilazgo en ciudad ó fuera de ella en parte alguna de
nuestra Señoria, ni exigir fidelidad y homenage de los va-

(1) Esta ley está conforme con la 5o, tit. 5. lib. 12. de la novísima con alguna variacion en cuanto á los plazos, cantidad de la pena y division de ella. - )

sallos que tal vez tuviere; ni estos estén obligados á prestárselo ni guardar el que hubieren prestado, mientras que estuviere excomnlgado y hasta que haya conseguido la absolucion: 5? mandamos aun é igualmente tenemos y tendremos siempre por firme lo que en detestacion de tan grande exceso el arzobispo y obispo para todos constituyeron, á saber que despues del decurso de un año no pue: da ser absuelto si no por el Sumo Pontífice ó por su legado ó por especial mandato de él, á ménos de estar en articulo de muerte. 6? Ademas ordenamos que á los dichos excomulgados despues que sean denunciados como tales, nadie les venda ni compre cosa alguna, ni habite, coma ó beba con ellos excepto la muger, hijos y demas á quienes por los cánones es otorgado: ni case su hijo ó hija con ellos, ni celebre comercio ó contrato alguno con los mismos; y si lo hiciere pague quinientos sueldos dividideros en la forma y para los sugetos susodichos, é incurra ademas en la ira é indignacion de S.M.: 7o ademas que ipso jure y sin espera de juicio ó sentencia, sea habido por nulo é irrito cuanto fuere hecho por tales excomulgados durante la dicha excomunion (2). 8o Ademas nos obligamos para con Dios y el arzobispo de Tarragona y todos los obispos del reyno que no apoyaremos ni defenderemos á aquellos que habrán impuesto

(2) Lo dispuesto en este número y en los antecedentes está conforme casi en todo con lo dispuesto en los sagrados canones, y en parte con las leyes de partida, si el excomulgado no lo fuere por razon de heregia, ley 52 tit. 9, p. 1o sino por otro motivo; pues en el primer caso tienen lugar las leyes del tit, 26., part. 7., las que quedan variadas en cuanto á la sucesion á los bienes de los hereges en virtud de la ley 1. tit.5 lib., 12 de la novísima recopiIacion, que indistintamente adjudica á la camara del Rey los bienes de los hereges. En cuanto á esto véanse las leyes 5 y 6 tit. 2 lib. 7, y la 5 y 4. tit.55. lib. 9 de este volúmen y los artículos 12. 15. 14. 21. 22. 25. ley 1o del tit. 8, lib 1., y ley única del tit. 25. lib. 9. del segundo volúmen.

violentamente sus manos en los clérigos ú hombres reli-
giosos ó que los habrán tenido presos, ni haremos con
ellos composicion alguna hasta que hayan plenamente sa-
tisfecho el sacrilegio y la injuria hecha á la iglesia y á las
personas ofendidas, y queden absueltos por la iglesia de
Roma. Lo mismo debe entenderse contra aquellos que ma-
tarán clérigos, y pues estos pecan mas gravemente, paga-
rán ademas al Rey 500 sueldos de oro sin perjuicio de la
pena corporal que deberá imponérseles (5) á menos que
les fuese remitida por el obispo del lugar en que se hubie-
re cometido el delito: debiendo los feudos, beneficios y to-
das las otras cosas, que en cualquier manera tendrán de
las iglesias, quedar libre y absolutamente, sin retencion,
ipso jure y sin esperar juicio ni sentencia, irrevocable y
perpetuamente adquiridas y aplicadas á las iglesias á que
pertenecian. Mandamos que los oficiales Reales hagan
tener y poseer esto pacíficamente al arzobispo, obispo y
demas prelados, y sus iglesias. Todas las cosas susodichas
empero tengan lugar de modo que no se deroguen los privi-
legios de los clérigos y de las iglesias, si alguna persona
eclesiástica prefiriere usar de dichos privilegios () (5).
II. Ordenamos que ningun infamado ó sospechoso de
heregia pueda obtener vegueria, baylia ú otra jurisdiccion
temporal ú otro oficio público.
III. Ordenamos que las casas de los que á sabiendas
encubren hereges, si fueren alodiales sean derribadas, y
si son de feudo ó enfitéuticas sean aplicadas á su señor; y

(5) Esto manifiesta que las penas pecuniarias de que tratan el usage a tit. 14 de este libro y varias leyes del tit. 15. lib. 9. de este volúmen no escluyen las penas corporales que otras leyes imponen por los mismos delitos.

(4) Está conforme substancialmente con lo dispuesto en las leyes de partida especialmente la 5 y 1o tit. 18. par. 1.

(5). A continuacion de esta ley se halla la confirmacion de su Santidad Gregorio IX.

Jayme I, en Tarragoma año 1234. Cap. 3.

El mismo eu dichas cortes. Cap. 4.

El mismo en dichas cortes Cap. 5.

El mismo en dichas cortes.

Cap. 6.

El mismo en dichas cortes. Cap. 7:

esto mandamos que sea observado así en las ciudades co-
mo fuera de ellas (6).
IV. A fin de que los inocentes no sean castigados como
culpables, y que por calumnia no se impute á alguno el
delito de herética pravedad, Ordenamos que ningun cre-
yente ó herege sea castigado sino por el obispo del lugar ú
otra persona eclesiástica que tenga facultad de conocer, si
es ó no herege ó ereyente.
V. Ordenamos que si alguno confesare en juicio ó fuere
en él convencido de que por dinero ó por otro cualquier
motivo á sabiendas ó por negligencia permitió hereges en
su tierra y señorio, por el mero hecho pierda para siem-
re toda su tierra; de modo que si fuesen feudos serán
aplicados al señor del feudo, y si fueren alodiales al fisco
de S. M.: y la persona ademas será puesta á nuestra dis-
posicion para ser debidamente castigada. Si empero no
quedare convencido de haberlo hecho á sabiendas, y fuere
probada una negligencia supina, ó frecuentemente se en-
contraren hereges ó sus creyentes en su tierra, y esta fue-
re la fama pública, quedará castigado á arbitrio de S. M.
Empero el veguer ó bayle que reside en el lugar contra el
cual hay la presuncion, y que no fuere muy solícito
contra los hereges y sus creyentes, sea depuesto para
siempre de su oficio (6).
VI. Ordenamos que en los lugares sospechosos de here.
gia, en los cuales el obispo lo mirare conveniente, elegirá
este un presbítero ó clérigo, y el Rey ó el veguer ó bayle
Real dos ó tres legos, quienes estarán obligados á buscar á
los hereges, sus creyentes y receptadores con licencia de
entrar á registrar todos y cualesquiera lugares secretos,
cualquiera que sea su señor ó sus privilegios; bajo la pena
que el obispo quisiere imponer á los que á esto se opusie-
ren, otorgando poder al obispo sobre esto por autoridad

(6). Véanse las leyes 6o y 8o de este título, las leyes 5 y 6 tit. 26 p. 7. y la ley 2. tit. 5. lib. 12. de la novísima recopilacion.

Real. Los dichos inquisidores, despues de encontrados los
hereges, fautores y receptadores, y aseguradas sus personas,
no tarden en denunciarlo al señor obispo ó al veguer ó
bayle del lugar, y aun á los señores del lugar ó sus bayles.
Siempero aquellos que para el susodicho negocio hubie-
ren sido elegidos por el obispo del lugar y por Nos ó nues-
tro veguer ó bayle fueren negligentes en su oficio sean
castigados, si es clérigo con la pérdida de su beneficio, y
si lego con pena pecuniaria que se impondrá á juicio de
nuestro veguer ó bayle (7).
VII. Ordenamos que al que fuere excomulgado por su
propia culpa y perseverare contumaz por un año, se le obli-
gue por los vegueres á satisfacer cuanto debiere (8).
VIII. Ordenamos que cualesquiera oficiales Reales dentro
de tercero dia de haber sido requiridos de palabra por el juez
eclesiástico ó por su fiscal, sin suplicacion alguna, estén obli-
gados á echar de su tierra al que segun las constituciones
de los sagrados concilios de la provincia de Tarragona fue-
se excomulgado y ponerle en las cárceles Reales ó episco-
pales, hecha empero primeramente ostension á los dichos
oficiales de la sentencia de excomunion (9).

(7) Esta ley quedó sin efecto por la creacion del tribunal de que trata el tit. 7 de este libro; y tampoco se observa hoy, pues los inquisidores á que se refiere no fueron conservados en el decreto de nueva planta.

(8).Esta ley se referirá á la reclamacion de las cantidades de que trata la 1° de este tit. Sobre esto conviene tenerse presente lo que se dispone en el fin de la ley 5. tit. 5. lib. 12. de la novísima recopilacion. Véase tambien la ley siguiente y lo que Calderó dice en la decision 1 o, sobre estas dos leyes.

(9) Véase la última parte de la nota anterior: algunos toman la palabra suplicacion que se lee en esta ley por escrito; de modo que la inteligencia de la ley es que basta el requirimiento de palabra, y sin mediar demanda ú oficio alguno por escrito.

El mismo en dichas cortes. Cap. 16.

Carlos en las cuartas cOrtes de Monzon, año 1549. Cap. 37.

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