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frente de la tercera plaza , que era una bicoca, trepara sin dilacion á la desguarnecida gola de la ciudadela , asaltando simultáneamente la muralla de la batería de S. Fernando y su falsa braga. Careciendo de faginas y de otros recursos para crear obstáculos en su gola, los pobres fuegos de la tercera plaza era evidente que le harian perder al enemigo alguna gente; pero sabíamos no la economizaba para conseguir su objeto. Perdida la ciudadela podia tal vez aguantarse algunas horas la tercera plaza para capitular por las vidas en rendicion vergonzosa; la cuarta ninguna. Manifestó, pues, que su posicion era singular, y entendía debian separarse de las reglas generales, y desentendiéndose de ellas, sostener la brecha á todo trance , aventurando allí el resto. Si se replegaban á S. Fernando perdian todo el retrincheramiento y con él la gloria , arriesgándose á que diera el enemigo un asalto general, que en su crítica situacion no podia rechazar; mas que se miraría en ello, porque la tenian aterrado é ignoraba el estado en que se hallaban. Conservando la primera plaza á tanta costa se daba lugar al socorro, y no parecia dudoso el partido que debia tomarse, que era el de mantener al sitiador en respeto, y que los nuestros no decayesen de ánimo, Podria creerse temerario el empeño, único recurso en tal estrecho y conflicto. Forzoso era, y en estremo airoso para nosotros, concluye, dar tiempo á que nuestro egército nos salvase; por último, no habíamos de perder corage, porque el socorro ya por momentos se aproximaba." Todos se hicieron cargo de estas reflexiones, y todos aprobaron esta decision , á que se sostuviese la brecha á todo trance. No dejó de ser una gran satisfaccion para el gobernador en esta defensa, que reinára entre el que mandaba y los que le obedecian entera y mútua confianza.

No habian salido todavía del consejo, cuando entre cuatro y cinco de la tarde llegó el repentino aviso de que el enemigo salia de sus trincheras para el asalto. Habíase mandado suministrar abundante refresco de vino y tabaco á la tropa de la primera plaza para reanimar sus gastadas fuerzas por la no interrumpida fatiga desde el primer dia del sitio. Cisneros, comandante del punto, recibió sus órdenes: voló al Dos de Mayo; dió el gobernador con rapidéz providencias para municiones, refuerzos y otros objetos; corrió á dicha plaza; habló en ella , y se situó en la batería de S. Fernando para tener como por la mano todos los demás puntos del fuerte, activar lo mandado, y en caso funesto proteger i los defensores de la brecha que tanto peligraban. No bajaban de ochocientos los granaderos del Vístula é italianos que se dirigieron á la brecha , sostenidos por dos mil hombres mas , y apoyados por el fuego de su artillería. Arrojáronse á defenderla los sitiados, y cubriéronla con sus pechos: ni el mortífero fuego del enemigo asestado á la cresta, ni el terror que infundían los miembros de sus compañeros, esparcidos por el aire, envueltos en la nube de polvo que levantaban las balas de á veinticuatro, fueron capaces de hacerles abandonar el puesto. Habia ya el enemigo llegado al pie de la brecha; ya casi la montaba , y los mas esforzados granaderos subian hasta la misma cresta; y entonces se trabó espantosa lid, prolongada por la obstinacion del enemigo, que avanzaba cuanto le era posible, á través de las granadas, de las piedras y de las mismas bombas caídas en el fuerte , de que se valían los nuestros para destrozarle. Tanta audacia y tan vigorosa resistencia triunfó por fin del valor y de la disciplina de los franceses, que perseguidos sin cesar por los proyectiles y la fusilería del castillo, tuvieron que retirarse á sus atrincheramientos, dejando por todas partes derramados los cadáveres de numerosos valientes. Los viejos soldados que se hallaron en aquellos terribles momentos en la plaza del Dos de Mayo, recuerdan todavía con estraordinario entusiasmo el denuedo de sus camarades, cuando hollando cadáveres y cubiertos de sangre y polvo, se arrojaban de fila en fila para que no quedase un solo punto en que no hubiese un pecho español, capaz de servir de muro al desmantelado castillo.

El enemigo perdió mas de quinientos hombres, ocupando toda aquella noche y las otras siguientes en recoger los muertos. Nosotros tuvimos ciento ochenta fuera de combate, y en medio de tantos horrores concedió el gobernador diferentes grados, empleos y condecoraciones.

La señal en el asta-bandera de brecha abierta permaneció desde este dia en adelante; pues este era el único medio de hacer conocer al general en gefe el apuro en que se hallaban los bravos defensores del fuerte, por ser muy incierto que pudieran llegarle los confidentes; pues unos hubieron de regresar y otros se creyeron muertos ó prisioneros.

Despues del último asalto, reforzaron el Dos de Mayo; distriTom. II. 33

huyóse á la guarnicion abundancia de vino y tabaco, y no pudien* do levantar un atrincheramiento que sostuviese la brecha abierta en aquella plaza , á cuyo pie se hallaba abocado el enemigo, fue preciso alimentar el fuego permanente de dia y de noche para contenerles en la posicion á que les habia reducido la bravura de los sitiados. Reparáronse, sin embargo , las grietas ó huecos de la parte del murallon inferior al terraplen, formando con sacos de tierra un parapeto en la cresta de la brecha. Pero amaneció el dia diez y nueve, y arrasados en pocos momentos los trabajos por los fuegos de las baterías enemigas, perdimos un artillero y un soldado de Saboya. Durante esta crisis se ofrecieron varios oficiales para reparar la brecha en la noche de este mismo dia , bajo la direccion del comandante de ingenieros, y verificáronlo así, aunque pereciendo en tan difícil y atrevida espedicion D. Mariano Almudevar, teniente de zapadores.

El veinte fondearon algunos buques en las aguas de Murviedro, y por medio de las señales convenidas, hicieron saber al gobernador Andriani que se habia retirado el egército á Valencia, y que se habia levantado el sitio de Cádiz. Tan faustas nuevas se celebraron en el fuerte con triples salvas de artillería y fusilería de toda la guarnicion, y colocándose, no sin riesgo de las enfiladas en la torre de Agarenos, dió Andriani los vivas á la nacion, á Fernando VII y á Sagunto , que de eco en eco fueron repetidos en todos los ángulos del fuerte. Al dia siguiente se empezó ya á hacerse notable la fatiga que abrumaba á los sitiados; sentíase la tardanza del socorro prometido, y no habia uno solo que no se creyese abandonado en tan apurada posicion. Entonces creyó Andriani que era llegado el caso de esponer su vida con un acto de arrojo, para que sirviera de egemplo, si es que aquellos valientes tenian necesidad de nuevos estímulos para conservar su bravura. Resolvió, pues, el gobernador reconocer por sí mismo la brecha, y acudiendo á la primera plaza sin dar oidos á las prudentes reflexiones de los gefes y oficiales, colocó el sombrero en el puño de su baston, y lo levantó en alto para que le vieran los enemigos, y se adelantó al borde de un costado de la misma brecha para reconocerla , de modo que cesando tal vez por casualidad en aquel momento los fuegos, pudo verificar á placer esta operacion arriesgada. Era tan escesiva, empero, la fatiga de los sitiados, que durmiéndose involuntariamente los^centinelas, dispuso el gobernador que el capellan del fuerte D. Matías Pintado recorriese los puestos, exhortando á los soldados para que vigilasen , haciéndoles presente que no les quedaha otra alternativa que sucumbir ó vencer.

Las baterías enemigas continuaron despues sin interrupcion su fuego sobre el castillo, arrojando sobre mil cuatrocientas balas, que abriendo dos nuevas brechas, permitió á los sitiadores acercarse á tres toesas de la que anteriormente habia sido el objeto del asalto. Los brazos no alcanzaban ya, sin embargo, para los trabajos, en los que se ocupaban todos sin distincion de clases; sin que en el espacio de treinta dias consiguiera la tropa uno solo de descanso, y sin que la gloria de sus triunfos, ni el valor de que se hallaban todos animados, les hiciera superiores á la estenuacion que habia llegado á su colmo por las imperiosas leyes de la naturaleza. Tal era el estado de Saguntoen la mañana del veinticinco de Octubre, cuando observaron los sitiadores el movimiento de nuestro egército con la division espedicionaria y el del enemigo que se disponia á impedirlo. Al mismo tiempo dispuso el gobernador una salida , solo posible en el momento que aquel cejase, ya por el estado exánime de la guarnicion,, ya porque para verificarla se habia de practicar con escalas al interior y esterior del muro al S., operacion muy aventurada y útil únicamente en el caso de pronunciarse la derrota para completarla. Trabóse , con efecto , el fatal combate , y creyéndose ya libre la guarnicion, recobró sus perdidas esperanzas; pero no tardó en ver la pérdida de nuestras tropas, confirmada por el alarde que hizo el enemigo, pasando á tiro de canon del fuerte una columna de cuatro mil prisioneros, cuyo espectáculo eclipsó del todo la confianza de próxima salvacion.

Victorioso el enemigo manifestó, sin embargo, el respeto que le inspiraban los escombros de Sagunto, no querieudo apoderarse de él, como hubiera podido verificarlo, y segun Aníbal lo practicó con los antiguos saguntinos. Al dia siguiente, empero, intimó la rendicion, invitando al gobernador á que enviase un oficial, para que viendo y conferenciando con los prisioneros, se convencieran los sitiados de la victoria obtenida por las armas francesas y la inutilidad de resistir. En su consecuencia mandó Andriani al teniente coronel capitan de artillería de Miguel, muy recomendable por su inteligencia y bravura. Saliendo poco despues del fuerte se avistó con el general Loy, prisionero de guerra, y otros gefes superiores, visitando al mismo tiempo á algunos individuos de tropa. Informado el gobernador, ya no pudo dudar de la certeza de nuestra derrota , á la par que se convenció mucho mas de la imposibilidad de confiar en un inmediato socorro. Suchet intimó de nuevo la rendicion , pero ofreciéndole condiciones honrosas con una hora de tiempo para su resolucion. No pudiendo diferirla celebró Andriani un consejo de oficiales, y despues de una discusion grave y detenida , concluyó el gobernador sus observaciones con estas palabras: «Estoy satisfecho de haber llenado mi deber; pero antes de capitular quiero saber si hay alguno que se sienta animado á prolongar la defensa; porque si lo hay ha de entender que en el momento le reconoceré por gobernador de Sagunto, le obedeceré y cumpliré como subalterno las órdenes que me dé." Ninguno, como era de esperar, aceptó esta oferta; y reuniendo en seguida dos capitanes por batallon para igual objeto, y á fin de que enterasen á los de su clase, todos rehusaron admitir un cargo que Andriani habia sabido con tanta gloria sostener. A pesar de ser la capitulacion tan honrosa, como acaso no podia prometerse en la apremiante situacion en qne se hallaba el fuerte, no la aceptó Andriani desde luego, contestando con ardid que aun tenia medios para defenderse, y por consiguiente que si habia de evacuar el fuerte seria con la condicion de salir para incorporarse á nuestro egército. Suchet se negó, y entonces fue preciso capitular segun lo propuesto; evacuando el fuerte, pero saliendo los batallones formados y banderas desplegadas por la misma brecha que tan gloriosamente defendieron el diez y ocho de Octubre , y que con tanto arrojo guardaron prodigiosamente en ocho dias consecutivos Depusieron las armas al pie de ella, donde

(l) Capitulacion. = Artículo 1." La guarnicion saldrá por la brecha, prisionera de guerra, con los honores de la guerra, desfilando con armas y bagages, y depositará las armas fuera del castillo.

Art. 2.° Los oficiales couservarán sus armas, equipages y caballos, y los soldados sus mochilas.

Art. 3.° Los que no sean de armas tomar serán libres y podrán al instante volver á sus casas.

Art. 4-° Dos compañías de granaderos francesas ocuparán inmediatamente, despues de la firma de los presentes artículos, la nua la puerta del castillo y la otra el fuerte de S. Fernando.

Art. 5.° Algunos oficiales de artillería, ingenieros y comisarios de guerra

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