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dominan. Pero el enemigo lo arrolló todo, obligando á Obispo á retirarse, no sin considerable pérdida, á Alcublas. Suchet atacó en persona el dos de Octubre á D. Carlos O'Donell, cuyas tropas se alojaban en los collados de Benaguacil y huerta de la Puebla de Valbona. O'Donell hizo una resistencia admirable; pero creyendo prudente repasar el Turia por Villamarchante, contuvo aquí á los enemigos, ocupando con oportunidad dos alturas escarpadas que protegen el camino , pudiendo de este modo llegar á Ribarroja sin descalabro notable. Acaso hubiera podido Blake impedir una y otra derrota , haciendo algun amago para proteger á aquellos gefes, y en particular á Obispo, cuya posicion era muy poco ventajosa; pero desgraciadamente no lo verificó así, dando lugar á que el soldado comenzase á dudar de la suerte que le esperaba en los combates. Libre entonces de tan molestos vecinos, pensó Suchet en apoderarse del castillo de Oropesa, que cerraba el paso del camino de Cataluña , y aprovechando la ocasion de tener que trasportar por aquel punto algunos cañones de grueso calibre, destinados al sitio de Sagunto, mandó detener algunos para batir sus muros. El castillo, compuesto de un torreon cuadrado, circuido por tres partes de otro recinto sin foso, pero amparado del escarpe del torreon, tenia de guarnicion doscientos cincuenta hombres, y lo artillaban cuatro cañones de hierro. Mandaba Don Pedro Gotti, capitán del regimiento de América; y á cuatrocientas toesas y á orillas del mar se hallaba otra torre , llamada del Rey, capitaneada por el teniente D. Juan José Campillo, al frente de ciento setenta hombres. El ocho de Octubre empezaron los franceses el ataque, despues de haberse apoderado de la villa, dirigidos por el general Compére. El diez llegó Suchet, y derribado un lienzo de la muralla , se vió el gobernador en la necesidad de capitular honrosamente, cuando ya los enemigos se disponian para el asalto. Esto no impidió que la torre del Rey continuase en la defensa, desechando Campillo las propuestas hechas por los franceses. Afortunadamente llegaron á aquellas aguas el navio inglés Magnífico, al mando de Eyre, y una division de faluchos á las órdenes de D. José Colmenares. No siendo, sin embargo, posible por mas tiempo la resistencia, resolvió Campillo evacuar la torre y trasladarse á bordo, verificando esta operacion arriesgada con admirable serenidad é inteligencia , embarcándose el último el mismo Campillo, protegido por la presteza de los marinos ingleses y españoles , entre los que se distinguió el piloto D. Bruno de Egea.

Apremiando siempre Suchet el sitio de Sagunto, trató Blake de ir en persona á socorrer el fuerte, como hemos indicado en otra parte. Su egército ascendía á mas de veinticinco mil hombres, de los que dos mil quinientos de caballería. Tal vez hubiera Blake anticipado este movimiento , sino lo retardára la circunstancia de haber tenido que alejar antes al general Darmagnac, que amagaba por la parte de Cuenca el reino de Valencia. Pronto á salir el general en gefe, confió la custodia de la ciudad á la milicia honrada , y dió á su egército una proclama concebida en términos acomodados al caso. Abrió la marcha en la tarde del veinticuatro entre las bendiciones y las esperanzas de un pueblo que se agolpó á despedirle, y que veia en esta espedicion un obstáculo insuperable al avance de los franceses, y aquella misma noche acampó no lejos del enemigo: la derecha , compuesta de tres mil infantes y algunos caballos á las órdenes de D. José Zayas, y de una reserva de dos mil á las del brigadier Velasco en las alturas del Puig. Allí se apostó tambien el general en gefe con todo su estado mayor. El centro , situado en la Cartuja de Ara-Christi., constaba de tres mil infantes, regidos por D. José Lardizabal, y mil infantes espedicionarios del cargo de Loy y algunos de Valencia, todos bajo D. Juan Caro: había además una reserva de dos mil hombres que mandaba el coronel Liori. La izquierda se estendia hacia el camino llamado de la Calderona, y cubría este punto D. Carlos O'Donell, que mandaba la division de D. Pedro Villacampa , compuesta de dos mil quinientos hombres, y la de D. José Miranda de cuatro mil con seiscientos caballos, que guiaba D. José Sanjuan. El general Obispo, bajo el mismo O'Donell, estaba con otra division en el punto mas estremo hacia Naquera, y debía servirle de reserva D. Nicolás Mahy, al frente de cuatro mil infantes y ochocientos ginetes. Aquella noche concurrieron al cuartel general oficiales enviados por los respectivos gefes, y con presencia de un diseño del terreno trazado antes por D. Bamon Perez, gefe de estado mayor, recibió cada cual sus instrucciones con la hora en que se debia romper el ataque. Hasta las once de la misma noche ignoró Suchet el movimiento de los españoles , y no pudiendo retirarse de Sagunto sin perder la artillería , tomó el partido, arriesgado sin duda} de admitir la batalla.

En su consecuencia se situó entre el mar y las alturas de Vall de Jesus y Sancti Spiritus, por donde se angosta el terreno, colocando á su izquierda del lado de la costa la division de Habert y á la derecha al general Harispe. Palombini formaba la segunda línea, y una reserva de dos regimientos de caballería á las órdenes de Boussard. En Petrés y Gilet quedó Compere con los napolitanos, mientras algunos batallones permanecian delante de Sagunto. Suchet contaba en línea cerca de veinte mil hombres.

A las ocho de la mañana del veinticinco rompieron los nuestros el ataque y rechazaron las tropas ligeras del enemigo. Trabóse la pelea, sin que las cortaduras del terreno cubierto además de acequias, garrofales y moreras, de vallados y cercas permitieran al egército español maniobrar en línea contigua, y sin que pudiera Blake, situado en el Puig, descubrir los diversos movimientos. Sin embargo nuestras columnas, segun afirma el mismo Suchet, avanzaban con admirable ordenanza; la division de Lardizabal hacia el convento de Vall de Jesus y Zayas hacia Puzol, para ceñir al enemigo por el lado de la costa; al paso que nuestra izquierda comenzó un amago general bien concertado.

Lardizabal apoderóse con intrepidez del altozano inmediato donde plantó su artillería, cuya maniobra llenó de júbilo á los defensores de Sagunto. Suchet conoció en seguida la importancia de recobrar esta posicion, y para tomarla trató de hacer los mayores esfuerzos. Sus generales á la cabeza de las columnas arremetieron con su acostumbrado denuedo, pero encontraron una vivísima resistencia. Páris fue herido, lo mismo que otros oCciales superiores; muerto el caballo de Harispe, y arrollados una vez y otra vez los acometedores, que solo cerrando de cerca á los nuestros se enseñorearon al cabo de la altura. Bajados al llano no empero cejaron los españoles, y lograron conservar unido el centro, haciendo crítica la situacion del enemigo, pues Zayas comenzaba á abrazar el costado siniestro de los franceses acercándose á Murviedro, al tiempo que Villacampa adquiria por su parte otras ventajas. Lardizabal no solo se sostenia entre tanto formado en la llanura, sino que apoyado por la caballería de D. Juan Caro empezaba á recuperar la posicion perdida, despues de haber acuchillado y dispersado á los húsares enemigos y apoderádose el coronel Ric de algunas piezas. En tal conflicto avanzó el mismo Suchet con la segunda línea, y fue á exhortar á los coraceros que iban á contener el ímpetu de nuestra caballería. Empeñóse entonces lucha porfiada y sangrienta; Suchet fue herido de un balazo en el hombro; siéndolo igualmente los generales españoles Caro y D. Casimiro Loy que cayeron prisioneros. Este incidente desalentó á los nuestros, y sin pérdida de momento les arrolló el enemigo y recobró los cañones que antes habia perdido. Acudió en su ausilio D. Antonio Burriel, gefe del estado mayor espedicionario, y Zarco del Valle, oficial entonces del mismo cuerpo; pero nada lograron y los dragones de Numancia los arrastraron en la fuga. Entre tanto la izquierda mandada por O'Donell, comenzaba á ciar. O'Donell, con el objeto de reforzar á Obispo que tenia delante á Robert, dispuso que avanzara Villacampa, que ganaba terreno sobre los enemigos; pero haciendo Klopicki un amago por el costado, quiso O'Donell que Miranda le saliese al encuentro. Mas este general cometió el desacuerdo de marchar en una direccion casi paralela á la del enemigo y con distancias cerradas, espouiéndose á que resultase una confusion en sus líneas, cuando acometido por el flanco, dió lugar al desorden y á la dispersion. Villacampa y O'Donell no fueron bastantes á reparar este daño; y unas y otras tropas viniendo sobre las de Mahy, atacado á un tiempo por Klopicki y Harispe, hubieran contribuido á completar la derrota sin los esfuerzos de los regimientos de Cuenca, Molina y Avila que conservaron su arrojo y serenidad. Victoriosos los franceses obligaron á Mahy á retirarse por Bétera á Ribarroja. D. José Zayas tuvo en la derecha mayor fortuna, y solo se retiró cuando vió ya roto el centro y en completa confusion la izquierda, pero haciéndolo con orden hasta las alturas del Puig, y antes en Puzol se batió con brillantez un batallon suyo de guardias walonas, que se habia metido en el pueblo por equivocacion. Sucesivamente, pues , se replegaron al Turia las divisiones españolas; perdiendo doce piezas y nuevecientos hombres entre muertos y heridos, y sobre cuatro mil prisioneros. Los franceses dejaron en el campo ochocientos hombres. Adquirieron buena fama á pesar de esta derrota las divisiones espedicionarias y la de D. Pedro Villacampa, algunos otros cuerpos la ganaron tambien entonces. Blake, habil general la víspera del combate, embarazóse, dice Toreno, al tiempo de la egecucion y faltóle presteza para acudir donde convenia. A consecuencia de esta batalla , y como ya hemos visto por estenso,

dueño Suchet de Murviedro, y aumentado luego su egército con catorce mil hombres, que le llevaron los generales Severoli y Reille, se presentó á la vista de Valencia con treinta y cuatro mil combatientes. La esquivez de Blake para con el pueblo, y el poco entusiasmo que demostraba, habian hecho amortiguar el espíritu público, que aquel gefe no habia procurado alentar con el egemplo de Zaragoza, cuyo paisanage dió gloria inmortal á su caudillo.

Los enemigos en la orilla izquierda del Turia, y casi en dos leguas de estension , fortificaron su línea con obras defensivas. Los españoles se habian acampado en la derecha, aumentando sus fuerzas, cortando los puentes de la Trinidad y de Serranos, y conservando por algunos dias en la izquierda varias casas, el colegio de S. Pio V y el convento de la Trinidad. Atendiendo al mismo tiempo á la fortificacion interior del recinto de la plaza, se construyó un terraplen de diez y seis pies de altura y otro tanto de espesor con flancos y foso, que empezando al Oeste junto al rio, enfrente del baluarte de Sta. Catalina, continuaba esteriormente por Cuarte, abrazando el arrabal de este nombre y los de S. Vicente y Ruzafa hasta Monte-Olivete, en donde se levantó un reducto. Desde este punto hasta el mar se practicaron cortaduras y se fabricaron escolleras, fortaleciendo tambien el Lazareto (hoy casi devorado por el mar) al embocadero del rio. Por el estremo opuesto hacia Manises se establecieron parapetos y otras fortificaciones de campaña no cerradas. A pesar de tantas obras, no podía, sin embargo, presentar Valencia una plaza respetable; porque mas bien figuraban aquellas un campo atrincherado, y ese fue sin duda el objeto que se tuvo presente al egecutarlas. Faltó, empero, la circunstancia que en otras ocasiones se habia aprovechado, inundando los campos con las aguas de riego y robusteciendo además varios conventos y edificios diseminados por allí, cuya solidéz acomodaba al establecimiento de una cadena de puntos fortificados.

La clave, pues, de esta defensa se hallaba en Manises, y en este punto tenia D. Nicolás Mahy su cuartel general, y en él y en S. Onofre estaban las divisiones Villacampa y Obispo, permaneciendo apostada la caballería á la izquierda en Torrente y Aldaya. A su derecha, que se apoyaba en Cuarte, acampaba otra division al mando de D. Juan Creagh; Zayas ocupaba á Mislata , y Lardizabal cerca de Valencia. Miranda ocupaba á Monte-Olivete,

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