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préstamo, hay quien dice que los ingleses, y algunos afirman que los grandes, eutre los cuales fue notable el marqués de Dos-aguas-, que acompañó su regalo con ricas piezas de holanda.

El dos de Mayo por la tarde, reunidos varios oficiales y precedidos de una banda militar, se dirigieron á la capilla de la Virgen, de los Desamparados, llevando en triunfo una lápida , provisionalmente de madera, con esta inscripcion: Real Plaza De FernanDo Vh , y la colocaron en lugar de la que anteriormente habia con la inscripcion de Plaza De La Constitucion. Asegurada con algunos clavos, besó el oficial que lo habia egeculado el nombre del soberano que ella contenia, y en seguida se retiró la comitiva, apareciendo poco despues impresa bajo la lápida una octava de estraña poesía y de insultante provocacion.

Mientras el monarca recibia del pueblo de Valencia toda clase de obsequios, se redactaba en Madrid un manifiesto demasiado célebre firmado por sesenta y nueve diputados, conocidos luego bajo el nombre de los persas. Dióseleseste nombre por la comparacion chocante con que daban comienzo á la esposicion: «Era costumbre, dicen, en los antiguos persas pasar cinco dias en anarquía despues del fallecimiento de su rey, á fin de que la esperiencia de los asesinatos, robos y otras desgracias Ies obligase á ser mas fieles á su sucesor." Portador de este manifiesto fue el que luego se llamó marqués de Mataílorida, acompañado de otros diputados, que lo presentaron á S. M. despues de haber protestado contra todo lo que resolvieran las cortes. El rey quedó tan complacido con esta representacion, que creó una cruz particular para recompensar á los diputados disidentes.

Entre tanto las cortes celebraban la borrascosa sesion del seis de Mayo, en la que alarmados los representantes con las noticias que recibian de Valencia, se despeñaron en estremos dignos de vituperio, despojándose de la augusta magestad que habían

(l) Piedra inmortal, que en gloria de Fernando
Hoy el brazo del justo aquí coloca,
En ti ae estrelle el enemigo bando
Cual se estrella la nave en dura roca,
Y si algun vil ideas abrigando
Contra el rey, te profana ó te provoca,
¡Que muera! y que á cenizas reducido
Sirva de egemplo al Iibehal partido.

ostentado hasta entonces, sin tener en cuenta el estado de la opinion pública de quien el partido liberal se ha desentendido muchas veces, sufriendo por esto graves desengaños. En aquella sesion tumultuosa se vió al mismo D. Francisco Martínez de la Rosa, arrastrado por un ardor indiscreto, hacer la indicacion admitida en primera lectura, de que fuese condenado á muerte el diputado que propusiese alguna adicion ó reforma en la constitucion de mil ochocientos doce , hasta pasados los años prescritos de puesto en práctica en todas sus partes aquel código. El monarca, que desde las orillas del Turia sabia los acontecimientos que en esta y otras sesiones secretas tenian lugar en el seno de la asamblea, celebraba tambien frecuentes consejos, empujado por sus adictos, y escluyendo de ellos al duque de Frias y al general Palafox, que habian manifestado opiniones constitucionales. Hubo largos debates, y la representacion de los persas acabó de decidir la cuestion, disponiendo el rey publicar un decreto, cuya redaccion se encargó á D. Juan Perez Yillamil y á D. Pedro Gomez Labrador, sirviéndoles de escribiente D. Antonio Moreno. Escrito el decreto y rubricado por S. M. se hizo imprimir secretamente en la oficina de Francisco Brusola , á quien se le hizo jurar el secreto; hasta que la caida de Napoleon, verificada entonces, aseguró el éxito de este proyecto. Al llegar á este punto no podemos prescindir de insertar las siguientes reflexiones del tantas veces citado historiador de Fernando VII.

«Seis años de revueltas y de anarquía en que la democracia habia asaltado el poder, la prensa, aunque mal dirigida , atacado los abusos antiguos, y en que habia reinado la igualdad de hecho, puesto que los individuos mas oscuros de la sociedad se adornaron con bordados y fajas , habian consumado una revolucion en la práctica, aunque en la teoría distasen los españoles de su aplicacion , gracias á la ignorancia de tantos siglos. Los cortesanos debieron haber dado mas importancia á los sucesos pasados, y haber previsto hasta qué punto podían influir en lo futuro. Pero proclamado Fernando, como dice Mr. Carné, por una insurrección popular, libertado de su cautiverio por una guerra nacional, era el símbolo del odio contra Godoy y Bonaparte, y el emblema de los gloriosos recuerdos de la lucha, cuya bandera habia sido; y por esta razon se creyó fuerte con toda la energía de la nacion que le rodeaba. Escapóse á la perspicacia del príncipe, que los pueblos solo reinan un día, y que cu la paz que iba á seguirse era necesario recurrir á los intereses permanentes."

Atropéllanse, dice el conde de Toreno, reflexiones muchas al contemplar semejantes acontecimientos y sus resultas. Poruna parte muy de lamentar es, ver convertido al rey en instrumento ciego de un bando implacable é interesado: haciendo suyas las ofensas y agravios agenos; y forzado por tanto á entrar en una carrera enmarañada de reacciones y persecucion en daño propio y grave perjuicio del estado, y por otra admira la imprevision y abandono de las cortes que , dejándose coger como en una red, no tomaron medida alguna ni intentaron parar el golpe que las amenazaba , anticipándose á sus enemigos. Nacia en el rey semejante conducta de su total ignorancia de las cosas actuales de España y de aquella inclinacion á escuchar errados consejos que se habia advertido ya desde el principio de su reinado; y en las cortes de iuesperiencia y de la buena fe que reinaba entonces entre los reformadores, no imaginándose caería nunca á su causa , ni caería tampoco sobre ellos la suerte y trato que esperimentaron. Difícil hubiera sido tambien resistir el raudal que de Valencia salió sobre ellas. El nombre de Fernando obraba por aquel tiempo en la nacion mágicamente; y al sonido suyo y á la voluntad espresa del rey hubiera cedido todo y hubiéranse abatido y humillado hasta los mayores obstáculos. No era menos aventurado contar con nuestros egércitos. Mantúvose el llamado primero Bel á las cortes, pero tibio; y declaróse en contra el segundo. Empleó en el de reserva de Andalucía juego doble, conforme á costumbre antigua, su gefe el del Abisbal, enviando para cumplimentar al rey á un oficial de graduacion con dos felicitaciones muy distintas y en sentido opuesto, llevando encargo de hacer uso de una ú otra, segun los tiempos y el viento que corriese. Formaron algunos oficiales en el tercer egército bando ó liga contra el príncipe de Anglona , por creerle afecto á las cortes y fiel sobre todo á su juramento; hecho muy vituperable, pero que descubría desavenencia allí en cuanto á opiniones políticas. Hubo sí señales mas favorables á la causa de las cortes en el cuarto egército, pero solo entre oficiales subalternos. Estas circunstancias y lo que de súbito se fue agolpando desvió á todos, concluye Toreno, de proseguir por entonces en el intento de sostener abiertamente á las cortes y la constitucion.

El cardenal de Borbon y su ministro de estado, abandonados en sus alojamientos por la indiferencia de la corte, se limitaban á informarse de la salud de S. M., que se estaba restableciendo de un ataque de gota, y sin tomar parte en los acontecimientos que se multiplicaban á su alrededor, cuyo torrente iba á sepultar en sus ondas la constitucion de Cádiz. El dia cuatro de Mayo., víspera de abandonar S. M. á Valencia , espidió el famoso decreto, declarando, que no solamente no juraba ni accedia á la constitucion, pero ni á decreto alguno de las cortes generales y cstraordinarias, teniendo sus decretos por nulos y de ningun valor y efecto

Con la misma fecha espidió otro decreto, mandando prender á un número considerable de diputados y otras personas, segun una nota que acompañaba á la misma real orden; pero estos dos decretos no se publicaron por entonces, y el rey salió de Valencia el dia cinco en compañía de los infantes D. Carlos y D. Antonio , custodiado por una division del segundo egército al mando del general Elío. Durante su tránsito hasta Madrid, recibió S. M. las mayores pruebas de adhesion.

Llegado el rey á Madrid, mandadas cerrar las cortes, presas muchas de las personas mas distinguidas del congreso, destrozada por un motin popular la lápida de la constitucion, y emigrados á Francia muchos personages que pudieron salvarse de esta proscripcion, apareció, por fin , el dia once fijado en las esquinas el manifiesto en forma de decreto, fechado el cuatro en Valencia, y que nosotros insertamos en el apéndice, como el documento mas importante de aquella época.

Publicado este decreto, concluyó aquel gobierno, de cuyas manos, sea como quiera, recihia el rey la monarquía independiente y libre de las huestes de Bonaparte, dando con esta caida el triunfo á una nueva faccion, que no miraba en nada el respeto á las prerogativas del trono, sino su ambicion y el interés de que volviesen á aparecer antiguos abusos, á cuya sombra vivían: la conciencia de algunos de ellos no podrá desmentir el resultado de estas observaciones.

Encarcelados los corifeos del partido liberal y disuelto el gobierno constitucional, empieza una nueva época, mucho mas fecunda en errores que la anterior. Si el mencionado decreto de

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cuatro de Mayo daba esperanzas de ver reformar abusos antiguos, los primeros síntomas hicieron pronto perderlas. Volver todo al estado en que se hallaba el gobierno en mil ochocientos ocho fue la base del proceder legal y administrativo. Apareció de nuevo el consejo de Castilla: los capitanes generales, cnancillerías, audiencias, alcaldes mayores, corregidores y otras autoridades recobraron sus funciones; pero la naturaleza de esta organizacion poco perfecta, no podia dejar de influir en la dificultad de su reorganizacion , faltándola la fuerza de la costumbre, que una vez perdida no puede recobrarse.

¿Cuáles, pues, fueron los resultados? Sin instituciones, sin leyes fijas , antes bien vagas y esparcidas en voluminosos códigos, acostumbrado el pueblo al desorden y á la inobediencia , elemento el mas fuerte de la guerra de la independencia , era preciso esperimentar ó las consecuencias de una verdadera disolucion social, ó establecer al menos una administracion pública vigorosa , que restableciendo el orden, acostumbrase de nuevo al pueblo á la subordinacion y á la obediencia al gobierno; adoptóse el primee término, como medio indispensable para que la faccion dominante asegurase su triunfo, y los efectos fueron los que precisamente deben tocarse cuando se quebrantan los principios en que estriba la organizacion social. Prueba de este desquiciamiento fue el suceso acaecido en Valencia, cuando sentado ya Fernando en el trono, dejó el gobierno del estado en manos de Eguía. Acababa de ser Elío nombrado por el rey capitan general de este reino, cuando recibió el teniente de rey de esta plaza una orden con la estampilla y firma del entonces ministro de la guerra Eguía , prescribiéndole que inmediatamente arrestara en la ciudadela al nuevo capitan general; cuya orden se transmitió tambien con igual objeto á Sevilla y Cádiz, para que procedieran al arresto de los generales Villavicencio y conde del Abisbal. Atónito el teniente de rey de Valencia por una orden tan imprevista, suspendió su egecucion hasta consultar al gobierno sobre una medida, que indudablemente produciría los mas fatales resultados. La contestacion no podia dejar de ser satisfactoria, pues declaraba el gobierno haber sido aquella orden suplantada , volviendo en su consecuencia Elío á entrar en el goce de su autoridad, en los momentos precisos en que el partido constitucional comenzaba á ser violentamente perseguido en España , con un encarnizamiento ilimitado y terrible;

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