Imagens das páginas
PDF
ePub

Porlier, alzándose en Cataluña; pero su tentativa no tuvo mejor suerte. Abandonado por la mayor parte de los suyos, y preso por algunos destacamentos despachados por el general Castaños, se le formó consejo de guerra , cuya sentencia publicó en estos términos el vencedor de Bailen : «No resulta del proceso que el teniente general D. Luis Lacy sea el que formó la conspiracion que ha producido esta causa, ni que pueda considerarse como cabeza de ella; pero hallándosele con indicios vehementes de haber tenido parte en la conspiracion, y sido sabedor de ella , sin haber practicado diligencia alguna para dar aviso á la autoridad mas inmediata que pudiera contribuir á su remedio, considero comprendido al teniente general D. Luis Lacy en los artículos 26 y 42, titulo 10, tratado 8.° de las reales ordenanzas: pero considerando sus distinguidos y bien notorios servicios, particularmente en este principado, y con este mismo egército que formó, y siguiendo los paternales impulsos de nuestro benigno soberano , es mi voto que el teniente general D. Luis Lacy sufra la pena de ser pasado por las armas , dejando al arbitrio el que la egecucion sea pública ó privadamente, segun las ocurrencias que pudieren sobrevenir, y hacer recelar el que se alterase la pública tranquilidad." Trasladado al castillo de Bellver, en Mallorca, fue fusilado el ilustre Lacy, sufriendo una suerte que no podia prever en los campos de Ocaña , donde recogió tantos laureles para su tumba.

El grito dado por Lacy en favor de la constitucion, halló eco en los liberales de Valencia, cuyas logias, de acuerdo con los hermanos de Madrid, trabajaron por derribar el gobierno de Fernando VII. Elío, que no ignoraba estos trabajos, procuró coger el hilo de la conspiracion, desplegando una persecucion activa, cuyas circunstancias describe de este modo el historiador del rey Fernando, en contradiccion con lo que el mismo Elío publicó en su manifiesto: «Sin causa ni defensa , ni fallo alguno judicial, disponia de la vida de los ciudadanos, dando la orden de muerte en un simple y mezquino retazo de papel. A otros mas caliBcados acostumbraba llamarlos á su palacio y reconvenirles, golpeándoles con sus propias manos, afrentándoles con bofetadas y dicterios á uso de verdugo, como hizo en mil ochocientos catorce con el inmortal D. Leandro Fernandez de Moratin, á quien osó el monstruo sacudir con su sacrilega diestra. En los calabozos del castillo de Murviedro renovó los tormentos prohibidos por las leyes, arrancando con la fuerza del dolor delnciones falsas, que servian para condenar á ciudadanos tranquilos que descansaban en la inocencia. La audiencia de Valencia se opuso á los llamados apremios ó tormentos de Sagunto, y representó al monarca sobre aquel quebrantamiento de las leyes; pero como Elío conservaba tanto prestigio en el ánimo del rey desde los sucesos de mil ochocientos catorce, recibió la audiencia una real orden, para que en vez de entorpecer, ausiliase los procedimientos de Elío, que tenia del monarca las facultades mas amplias é ilimitadas. Henchía tambien el general las cárceles del santo oficio de presos políticos, creando para juzgarlos una comision mixta , compuesta del regente de la audiencia D. Miguel Modet, y de varios inquisidores." Cualquiera que sea la verdad de estos coloridos, no cabe duda en que el general Elío, arrebatado por la exaltacion de sus opiniones políticas, aumentó con su persecucion atropellada el número de los descontentos, haciéndose instrumento de un partido, cuyos principios sanguinarios é intolerantes influían entonces sobremanera en el ánimo del rey. Elío quiso luchar con el torrente de la revolucion, y pereció en ella. Su tenacidad irritaba mas y mas al partido constitucional, que atropellado injustamente y cansado de una opresion despótica , meditaba los medios de deshacerse de un hombre que era el único obstáculo en Valencia para proclamar sus principios.

Los reformadores recordaban, no solamente sus propios sacrificios en favor de la independencia de la nacion, sino los beneficios tambien que habia esperimentado el pais bajo el régimen constitucional, y adheridos á un sistema siquiera ilustrado superior cuando menos al estado en que se hallaba por aquella época el pueblo español, habian tomado su defensa con un entusiasmo tal, que creian justificados todos los medios de que pudieran disponer para hacer triunfar sus principios. Querian que la inteligencia fuera el producto de la revolucion; y la revolucion no suele sentarse mas que sobre ruinas. Querian resucitar las brillantes teorías de la revolucion francesa, y el pueblo español no podia olvidar aun que la Francia habia reclinado su cabeza sobre destrozos, despues de haber tributado el mas fanático culto al ídolo de la revolucion. Querian avanzar en un dia, lo que los pueblos solo pueden recorrer en un siglo, aplicando la vida mezquina del hombre á la vida inmensa de las naciones. Sus máximas, poco conocidas ya en un pais, que por desgracia había olvidado su antigua libertad , debian , pues , necesariamente inspirar, sino aversion , mucho recelo por lo menos á esa multitud que bulle en, nuestra sociedad aferrada á sus costumbres, á sus recuerdos, y i sus tradiciones. Esta multitud, que acababa de verter su sangre por el rey y por la religion, se hallaba poco dispuesta á adoptar unos principios, que cuando se vieron triunfantes, atacaron mas de una vez á la religion y al rey. Alzóse, pues, un muro de hierro entre los reformadores y los que vulgarmente se llamaron serviles , contando cada fraccion con sus doctrinas, sus apóstoles, sus defensores y sus mártires. Los primeros trataban de empujar la España para que adelantase un siglo, sin contar con que la educacion de los pueblos es lenta, muy lenta; y sosteniendo los segundos con todo el fanatismo de creencias, respetables en verdad, las instituciones que habian regido á sus padres, sin descubrir nada anterior, y sin querer adelantar un paso hacia adelante. La lucha era entonces nueva, y por consiguiente robusta; pues entraban unos y otros en combate con animosidad y con brios, aunque el número no fuese igual. Todos habian sostenido una misma causa; pero'de parte del trono quedaron muchos batalladores, si bien no eran pocos los que defendían la nueva fe política. Esta lucha, que por fatalidad no ha terminado todavía , se presentó, pues, en la época á que nos referimos con todos los síntomas de larga duracion; apresurándose á inscribirse en ambas filas los que en algo creian influir, ó por su nombre ó por su ciega adhesion. Los reformadores creyeron , con razon , que el rey hubiera podido haber hecho la felicidad nacional, sise hubiese ceñido al simple cumplimiento del famoso decreto de cuatro de Mayo. En él dijo que aborrecía el despotismo; dijo que juntaría cortes (1); abolió únicamente los decretos depresivos de la autoridad real; y dejó, en fin, mil puertas abiertas al arreglo legal y administrativo; pero no cumplió el decreto. Los errores, pues, no interrumpidos del gobierno, presentaban cada dia mayores y nuevos

(1) En Agosto de 1814 pasó el rey una órden al consejo de Castilla, en la que despues de manifestarle que parecia haber llegado el caso de tratar de la egecucion del decreto de 4 de Majo, mandaba le consultase el consejo sobre la convocacion de córtes; pero el consejo, sea por indicaciones superiores, 6 por otras causas, eludió la cuestion, y entretuvo el tiempo á punto que eu 1820 aun no habia evacuado esta consulta. (Miradores: loe. cit.)

elementos de destruccion; las logias de la masonería , que ya durante la dominacion de los franceses se habian establecido en Valencia , aunque el arzobispo Company habia logrado de Suchet que se cerrase la que públicamente se abriera en esta capital, ocupadas esclusivamente de la política minaban el gobierno al abrigo de su debilidad, aprovechando cualquiera ocasion para alzarse contra él. Los trabajos de la revolucion no eran , sin embargo, tan rápidos, como deseaban sus autores, porque Elío, activo é infatigable, parecía penetrar todos sus secretos, impidiendo que aquellos planes tuvieran el éxito que se proponian los novadores. No por eso cejaban estos en la marcha que se habian propuesto, persuadidos de que la misma persecucion que pesaba sobre ellos, y el descontento general del pais, aumentaría sus filas si se lanzaban al combate. Así fue que la muerte del malogrado Lacy no impidió á los valencianos liberales proseguir su empresa con ardimiento admirable; pero demasiado precipitados hicieron abortar una conspiracion, dando por resultado el fin desgraciado de algunas personas, entre las cuales es bien conocida la de Ramon Arrneogol, llamado el Vidrier, cuya cabeza fue colocada sobre la puerta de la Trinidad. Esta desgracia, que puso mas de manifiesto el carácter enérgico de Elío, produjo tambien en la capital una dolorosa sensacion, infundiendo un estraordinario terror en sus asombrados habitantes. Imponente es , sin embargo, el silencio de un pueblo cuando se halla oprimido, y el gobierno creia que la revolucion solo muere en los cadalsos: pero Elío previo con mas acierto una tormenta no muy lejana , y quiso conjurarla él solo, oponiéndose á su viento impetuoso , que le arrastraba indudablemente al término que la Providencia en sus altos juicios le habia señalado.

La muerte del f^idrier, y el mal éxito de aquellas vagas tentativas, no impidieron, sin embargo, que las logias (1) continuasen sus trabajos, preparando con incansable tenacidad un nuevo movimiento, que debia estallar el día primero de Enero (-). Con el objeto sin duda de prepararlo, se presentó en esta capital

(1) En otra parte daremos algunas noticias sobre las sociedades patrióticas, que empezaron públicamente sus trabajos en el año 1820.

(2) Años de J. C. 1819.

D. Joaquin Vidal, uno de los gefes conjurados, de regreso de Castilla, donde habia dejado combinada la revolucion; mientras D. Diego Calatrava la hacia estensiva en el reino de Valencia. Antes de salir de la corte se habia puesto Vidal de acuerdo con O'Donell, segundo cabo de aquella capitanía general. En esta conspiracion entraban tambien algunos oficiales de la guarnicion, y todo hacia creer que esta combinacion aseguraba completamente el mas próspero resultado. El primer proyecto fue dar el grito en una noche en que, segun costumbre, concurría al teatro el general Elío, tomando al efecto los billetes correspondientes á los palcos contiguos al de este gefe , por no inspirar confianza el oficial que mandaba el piquete. Pero este proyecto se desvaneció por de pronto con la noticia de la muerte de la reina Isabel, suspendiéndose las funciones teatrales, y quedando por consiguiente frustrada la idea de los conspiradores. Concertaron, empero, nuevos medios para apoderarse de la persona de Elío, y con este objeto se reunieron otra noche en la casa llamada del Porche, situada junto á la plaza del conde de Carlet; pero un cabo del regimiento de la Reina , llamado Padilla, ó arrepentido, ó tímido, ó por conhibencia anterior, descubrió al general el punto y objeto de la reunion. Rondaban, es cierto, al rededor de la casa misteriosa varios grupos de gente dispuesta á las órdenes de los conspiradores; pero esto no impidió que activo, como siempre, Elío , se pusiese al frente de alguna fuerza , y en compañía del mismo delator se echó de sorpresa sobre la casa. Avisado Vidal de la llegada de la autoridad le salió al encuentro con una intrepidez admirable, y desenvainando el sable, descargó un terrible fendiente, que acaso hubiera hecho peligrar la vida de Elío, sino hubiera tropezado con el marco de la puerta, en cuyo lindar se hallaba el general, recibiendo éste, sin embargo, un corte en una mano, segun lo asegura el mismo Elío en su manifiesto. Atacado de este modo el general, dió una estocada á su agresor, y le hizo caer mal herido á sus pies. El elocuente y entendido historiador de Fernando VII, dice, que Elío hirió á Vidal por la espalda, y el general en su manifiesto asegura que fue batiéndose cuerpo á cuerpo. Esto parece mas natural; pues Vidal fue el agresor, y no consta que tratara de huir, siendo un militar de bien sentada reputacion; y por consiguiente dudamos de que fuese cierto el acon* tecimiento por la espalda.

« AnteriorContinuar »