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Carraca y pronunciada la artillería y batallon de Canarias en Osuna, formaban los sublevados un cuerpo de egército considerable, que era preciso saliese á probar fortuna, procurando estender el movimiento , protegiendo la insurreccion y facilitándose al mismo tiempo los recursos necesarios. Riego fue nombrado gefe del cuerpo espedicionario, que recorrió una gran estension del pais, siendo varios los sucesos de su escursion; pero acosados por todas partes ya por las tropas del rey, ya por los recursos ballados por el gobierno en el mismo pais, se vió Riego en la aspereza de Sierra-Morena destruido y sin soldados; y acaso hubiera fracasado su empresa , si los sucesos de Madrid no hubiesen acelerado el desenlace, segun manifiestan los documentos publicados posteriormente por S. Miguel, gefe de estado mayor de Riego.

La sublevacion del egército de la Isla hubiera sido completamente infructuosa , si el descontento público , que cada dia tomaba mas incremento, no hubiese hecho desenvolver nuevos elementos, que la debilidad del gobierno, ó mas bien la nulidad de su administracion no les hubiera dejado desarrollar. Estas circunstancias hicieron , pues , realizables los planes de las sociedades secretas, que en contacto general en todas las provincias, no despreciaron la ventaja que les ofrecía un egército, el único que habia en España, y conocieron que era llegado el caso de secundar el impulso revolucionario dado en las Cabezas y principiado en la Isla de Leon. El veintiuno de Febrero se pronunció la Coruña á favor de un movimiento popular, y se instaló una junta para que gobernase con arreglo á la constitucion de mil ochocientos doce: fueron destituidas las autoridades y para formar la junta quedó elegido presidente D. Pedro Agar, regente que fue de España, y vocales Acebedo, Busto, marqués de Villadares, D. Manuel Latre , D. Juan Antonio de Vega , D. Carlos Espinosa y D. Joaquín Freire. El teniente general conde de S. Roman, que mandaba en nombre del rey, reunió algunas tropas para contener la revolucion , y Acebedo al frente de otras se aprestó á resistirle. Débiles, empero, é insignificantes fueron las operaciones militares, mas por una de las combinaciones desgraciadas de la guerra, y sin que hubiese habido mas que alguna ligera escaramuza , fue muerto Acebedo, gefe de los sublevados.

Mas compacto fue en Zaragoza el pronunciamiento; pues habiéndose reunido en la plaza, á presencia de un numeroso pueblo, el capitan general, marqués de Lazan, el ayuntamiento y otras muchas personas de carácter, empleados públicos, y la guarnicion militar, proclamaron todos y juraron la constitucion de mil ochocientos doce el dia cinco de Marzo, formando un acta solemne., firmada por los que concurrieron , quedando el capitan general y demás autoridades egerciendo las mismas funciones, de que á la verdad habian abusado, colocándose al frente de una verdadera sublevacion , lo que jamás está bien á una autoridad que manda á nombre de un gobierno , sea el que fuere.

Algunos han tratado de investigar si la intencion de los egecutores y primeros agentes de la revolucion se limitó al principio al simple restablecimiento de la constitucion de mil ochocientos doce, ó si existió el plan de establecer un gobierno federativo. No nos atrevemos, dice el citado marqués de Miraflores, á quien seguimos en esta narracion, á decidir esta gran cuestion, que se resolverla fácilmente consultando los archivos de la masonería de aquella época; acaso no faltarían opiniones de un gobierno federativo , impracticable en su esencia y aplicacion; pero algunos conocieron sin duda la facilidad que ofrece en una variacion política un punto dado, y este fue visiblemente la constitucion de mil ochocientos doce, uniformemente proclamada en las Cabezas de S. Juan, en la Isla de Leon, y en Zaragoza antes de que el rey la jurase. Lo cierto es que aturdido y atemorizado el gobierno desde los primeros sucesos de la Isla mostraba no solo debilidad, sino tambien todos los síntomas de muerte: pobre, desacreditado y sin apoyo, sin una administracion vigorosa, era preciso ó que practicase un esfuerzo estraordinario para contener la revolucion, ó que se pusiese al frente de ella en el sentido de sus intereses. No verificó lo primero, porque no tenia medios; y no se resolvió á hacer lo segundo, porque era nulo: el gobierno, pues, debia sucumbir y quedar el trono á merced de la impetuosa borrasca que empezó á correr la nave del estado el siete de Marzo. Una junta creada, cuya presidencia cometió el rey al infante D. Carlos, habia ya publicado en tres del mismo mes un decreto, en que se confesaban los males sin dictar ningun remedio; y creyó el gobierno que con mandar á Cádiz un consejero de Castilla para que atajase los progresos de la revolucion y proyectar la formacion de un egército en Castilla , para cuyo mando se llamó al general Ballesteros, era suficiente á lo menos por entonces para oponerse al torrente que se precipitaba sobre él.

Fatigada la nacion toda de los desaciertos que desde mucbo antes hacían esperar una catástrofe, si no tomaba una parte activa en las variaciones políticas, las vió desarrollar con serenidad é indiferencia , esperando que un nuevo orden de cosas mejorana su situacion. La misma Guardia Real participaba de las ideas novadoras, ó encantada por lo menos con la esperanza de ver mas atendida la suerte fatal de su desgraciado pais, participaba tambien de la fria indiferencia con que en todas partes era defendida su causa por los egércitos del rey., y en vez de atacar respetaba la revolucion, en cuyos progresos se manifestaban casi todos mas ó menos interesados. Vacilante el gobierno en tal estado, no podía dejar de sucumbir al menor impulso, y este lo recibió con la publicacion de la constitucion en Ocaña, pueblo distante nueve leguas de la capital, hecha por el conde del Abisbal al frente del regimiento de infantería Imperial Alejandro, que mandaba su hermano. La conducta de aquel general, dice el escritor citado, pertenece á la historia; pero ciertamente no debió el autor de los sucesos del ocho de Julio de mil ochocientos diez y nueve ser el que en Ocaña diese el grito de viva la constitucion. Desgraciadamente este hecho será una prueba mas de que tan triste época de la historia de los sucesos políticos está identificada con la de los intereses privados; pero sea como quiera este suceso acabó de convencer al rey y á su gobierno, que ya no era posible contener el movimiento, y que sin medios, á su parecer, para resistirle, era preciso sucumbir á la imperiosa ley de las circunstancias.

Los consejeros del rey, á quienes no habia ocurrido la idea de escogitar otras medidas enérgicas que las insuficientes declamaciones del decreto de tres de Marzo, creyeron que aun podían contener la revolucion con otra disposicion, suficiente acaso dos meses antes, pero inútil tambien sino iba acompañada de otras mas egecutivas; hablamos, pues, del decreto de seis de Marzo, dirigido á mandarse reuniesen las antiguas cortes; hallándose entonces la legislacion española llena de dudas y aun de hechos contradictorios.

El primer código legal que conoció España fue el código civil de los visigodos; y este, que por espacio de muchos siglos fue seguido en Castilla, no otorgó ciertamente á los reyes un poder absoluto. La facultad de hacer las leyes se concedió entonces de hecho, y se egerció al principio con ventajas por los concilios, si bien asistieron á ellos los proceres, duques, señores y condes palatinos; pero la principal influencia era la del clero, como linica corporacion ilustrada Esta representacion , que duró los siete primeros siglos de la monarquía , y que aquellos tiempos hicieron necesaria y útil, si hoy resucitase seria ciertamente perjudicial, por no hallarse á la altura de la civilizacion y de las costumbres. Si la ilustracion de entonces, casi esclusiva al clero, le ponia en el caso de contribuir principalmente á la formacion de las leyes, y de aconsejar al príncipe en los graves negocios del estado, su influencia y la consideracion de que gozaba generalmente tenia en aquella época respetables fundamentos. Conservadas en su pureza las máximas del Evangelio , sujetos todos los eclesiásticos seculares y regulares al fisco y á la jurisdiccion secular; desconocida la inmunidad eclesiástica; sin poseer los prelados ni iglesias grandes riquezas, ni derecho á diezmos, tributo muy posterior á la monarquía; sin poder temporal y ceñidos á una subsistencia decorosa , dependiente del estado, sus intereses estaban identificados con éste, y la prosperidad general era debida en gran manera á sus virtudes y altos conocimientos. Así lo prueban los primeros concilios , y entre ellos pudiéramos citar el quinto concilio de Toledo , en el que se restringió la autoridad real, añadiendo otras leyes, cuyo objeto era promover el bien público: pero enriquecido el clero por la absoluta influencia que llegó á adquirir en el gobierno, se confundieron ya durante el imperio gótico la ambicion y los intereses privados en las deliberaciones que emanaron de su representacion. A mediados del siglo XII empezaron á concurrir representantes del pueblo á estas juntas nacionales (2), y en los tres siglos siguientes presenta la historia tanta variedad en la forma de convocacion de cortes, que puede acaso asegurarse que la sola guia fue la voluntad de los reyes, en combinacion con el mayor ó menor poder con que contaban al momento de la convocacion , segun el objeto para que se reunian, y segun las

(1) Miradores: loe. cit.

(2) En estas observaciones nos referimos á la historia de la corona de Castilla: paes ya vimos en otra parte la legislacion qne regia en la de Aragon y sobre todo en Valencia, qae pocas veces han tenido presentes nuestros legisladores.

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circunstancias, que eran la verdadera norma. Los reyes católicos no convocaron para las cortes de Madrigal al clero ni á la nobleza , sino únicamente á los procuradores de las ciudades; pues creyó la prudente Isabel no debia llamarles, tratándose de cortar abusos esclusivamente suyos: mas poco tiempo despues, convocados solamente los grandes y los prelados, sacrificaron á las dulces reflexiones de la reina sus intereses privados, acumulados con escándalo por la debilidad de Enrique, y el estado recobró su opulencia; pero si no asistieron el clero y los señores á las cortes de Madrigal, no por eso debe decirse que á mitad del siglo XV no asistieron ya. La nobleza concurrió á las cortes que se celebraron á mitad del siglo XVI; y Fr. Prudencio de Sandoval, en su historia de Carlos V, dice , que «las cortes del año mil quinientos treinta y ocho fueron tan célebres por el llamamiento general, que el emperador hizo de todos los grandes , señores de título de Castilla , etc.:" resultando de estos hechos que no puede fijarse una regla general, apoyada en textos históricos, de la representacion de las cortes de Castilla; mas puede asegurarse que aunque no concurrieron siempre, la nobleza y el clero tuvieron sin embargo gran influencia y consideracion en el gobierno de la monarquía. En las cortes de Madrid de mil trescientos noventa y uno se formó un consejo para gobierno del reino, y se compuso de trece procuradores y once señores; y las de Valladolid de mil trescientos trece los procuradores del reino, un consejo compuesto de cuatro prelados y diez y seis caballeros y hombres buenos, cuatro de Castilla, cuatro de Leon y Galicia, cuatro de Toledo y Andalucía y cuatro de la Estremadura. En otras cortes de Valladolid de mil trescientos ochenta y cinco, D. Juan II creó el consejo de los doce, cuatro prelados, cuatro caballeros y cuatro ciudadanos. Sin duda tambien tenia mucha parte el clero y nobleza en el muy alto consejo del rey, que con importantes atribuciones en el manejo de los negocios públicos se sostuvo muchos años, habiendo prestado á la monarquía servicios importantísimos , sin inmiscuirse nunca esta corporacion respetable en materias legislativas ni legales, cometidas las primeras á las cortes, y las segundas á las justicias ordinarias , alcaldes de corte y audiencia del rey, á pesar de que D. Enrique III ingirió algunos letrados en este consejo real. Estas cortes, pues, dejaron casi de existir al principio de la dominacion austríaca, porque desde Felipe II hasta nuestra

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