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simpatías en las gentes que obstruian los patios de lo inquisición, y que le aplaudieron y felicitaron con sinceridad. Eran ya las tres de la tarde, cuando comenzaron á formarse algunos grupos en la plaza de la Seo, ó de la Constitucion , circulando ya voces alarmantes, que se repetían, sin embargo, en voz baja, y sin que trascendiera su rumor á los demás puntos de la capital. Sin aspecto hostil y desarmados estos grupos, que iban aumentándose con los transeuntes y curiosos que afluían lentamente á la referida plaza, esperaban con impaciencia la instalacion del ayuntamiento constitucionalúnica corporacion que en aquellos momentos podia representar el nuevo sistema y dar impulso á los principios constitucionales, cuando cumpliendo Elío lo que ofreciera en aquella mañana , montó á caballo precedido de una pequeña escolta de caballería y seguido de algunos miñones. De este modo atravesó desde la capitanía general, situada entonces frente el palacio arzobispal, hasta desembocar en la plaza de la Seo, pasando por bajo del arco que llaman de la Virgen. Su presencia escitó un sordo murmullo en las gentes que ocupaban la plaza, y puesta en movimiento aquella masa que habia empezado á agitarse, le cedia el paso con dificultad, al tiempo que, lanzándose dos hombres á su encuentro, cogieron las riendas del caballo, y le obligaron á detenerse. Uno de ellos, persona caracterizada por su carrera, le dirigió entonces la palabra, manifestándole que su autoridad habia cesado ya, y por consiguiente que nada tenia que hacer en aquellas circunstancias. Su .lenguage, poco comedido, hablando con una autoridad, que no habia aun dejado el mando, provocó algunas contestaciones del general, que abrumado por la multitud que le rodeaba, aunque pacíficamente, creyó oportuno retroceder á palacio, siguiéndole los grupos mas alentados ya por su retirada. Al cruzar el arco de la Virgen se oyeron algunos insultos y arrojaron al general una pedrada, que afortunadamente no le maltrató. Los miñones, cumpliendo con su deber, hicieron alarde de defender á Elío, pero sin hostilizar á los grupos

comportamiento en la batalla de Trafalgar. Distinguióse en el famoso sitio de Olivenza, y la regencia le confió comisiones importantes y honoríficas á la vez. En adelante tendremos ocasion de hablar con frecuencia de este personage notable en nuestros dias, y cuya muerte acaba de verificarse en esta capital el 26 de Enero del presente año I846.

que les seguían, y de este modo volvió el general á palacio, coyas puertas mandó cerrar inmediatamente. La guardia se puso sobre las armas, y poco despues ocupaba la compañía de miñones los entresuelos y escalera del palacio. Alentados ya entonces los constitucionales recorrieron la ciudad, poniéndola en alarma, y haciendo propagar su entusiasmo y efervescencia. Un gran número acompañó desde la inquisicion al conde de Almodóvar , y victoreándole y proclamándole capitan general, ya no dudó este en ponerse al frente del movimiento, montando á caballo y dirigiéndose entre el numeroso concurso que le rodeaba hacia la capitanía general. Elío, que no ignoraba estos sucesos, se hallaba entre tanto encerrado en el palacio, paseando por uno de sus salones, silencioso y tranquilo al parecer. Su esposa le instaba con toda la efusion de su cariño para que procurase salvarse, valiéndose para convencerle de cuantas razones le podia sugerir su crítica situacion; pero Elío, ó no creyendo en la suerte que le estaba preparada , ó confiado en otras circunstancias, que no podemos penetrar, permaneció impasible á las reflexiones de su esposa, á pesar de que no le hubiera sido difícil salir de Valencia á la cabeza de la compañía de miñones cuya lealtad y valor le era bien conocido. Durante éstos momentos empezaron ya á oirse los vivas y el tumulto que acompañaba al conde de Almodóvar, que seguido de un ayudante y con su uniforme de brigadier llegaba á las puertas del palacio. A una orden de Elío le facilitó la entrada el sargento de guardia , y atravesando las dos filas de miñones que cubrían la escalera arribó Almodóvar al despacho del general. Elío le dió un abrazo, y mientras mediaba entre estos dos gefes una conferencia bastante animada sobre la situacion particular de cada uno, se aumentaba el tumulto en la plaza, donde se proclamaba al conde de Almodóvar. Precisado éste por Elío á salir al balcon arengó á la multitud, procurando sosegar aquel desorden, y asegurando que el general Elío renunciaba con gusto el mando. Estas indicaciones no bastaron, sin embargo, para poner término á la gritería , y por todas partes se pedia que saliera Elío al balcon, pues cundia la voz de que este general habia desaparecido. Elío se dejó ver efectivamente al lado del conde, y á su vista se exaltó de nuevo la muchedumbre, obligando á Almodóvar á ofrecer al pueblo que salia responsable de la persona de Elío. Esta promesa , que ocasionó en lo sucesivo graves disturbios, Tom. II. 43

que fueron fatales para el mismo conde de Almodóvar, acabó de serenar aquella tempestad, que parecía estallar de una manera horrorosa , y pocas horas despues se restableció la tranquilidad; mientras Elío, siguiendo el consejo de Almodóvar, se retiró á la ciudadela despues de anochecido.

Repuesto el ayuntamiento constitucional se encargó á un tiempo el conde de Almodóvar del mando militar y político de estos reinos, manifestándolo así el mismo dia diez á los cuerpos de la guarnicion y á los habitantes de esta capital. «En vano, dice á los primeros, esperaríamos los benéficos efectos á que anhelamos, apoyados en la constitucion política sancionada por los representantes de la nacion, si la confusion y el desorden impiden, que las autoridades nuevamente nombradas y que merecen la confianza pública , no puedan egercer sus funciones en la plenitud que la misma constitucion les prescribe.

«El rey nos ha dado el egemplo de lo que debemos en esta ocasion hacer los individuos de esta gran nacion en obsequio de su felicidad: ¿y quién sin faltar á los mismos principios que desea establecer podia contribuir á alterar la tranquilidad pública, apoyo de toda felicidad?

«Yo espero, en honor de los señores gefes y oficiales y de la disciplina de la tropa , á cuya cabeza me encuentro interinamente, que unidos á mí contribuiremos á realizar lo que queda dicho, con lo que mereceremos el reconocimiento de los buenos."

En la alocucion al pueblo de Valencia , decia entre otras cosas lo siguiente: «Descansad en el apoyo santo de las leyes que con tanto júbilo habeis aceptado, y cuya egecucion me habeis entregado: sofocad para siempre todo resentimiento, inmortalizando vuestro nombre, y dejad obrar á esta misma ley sagrada que acabais de jurar. Yo me congratulo una y mil veces de la feliz suerte que me cabe en corresponder á vuestra confianza, y en ella descanso seguro me dejareis airoso oyendo unas voces que solo me dicta el amor paternal que os profeso."

El pueblo de Valencia , tan alegre como pacífico, cuando las autoridades tienen bastante prudencia para saberlo dirigir, y tan entusiasta como generoso en los momentos de su espansion, recibió con aplauso el nuevo cambio político, porque esperaba que con él volvería la nacion á levantarse de la terrible postracion en que le dejára el gobierno anterior; y no teniendo en general ni venganzas que satisfacer, ni intereses de partido que conservar, vió con alegría un suceso, cuyos primeros momentos de vida anunciaban paz, seguridad, buena administracion, y alivio en las cargas públicas. El conde de Almodóvar impidió, por de pronto, tomando el mando en unas circunstancias tan críticas, que arrastrada la multitud por su propia inspiracion ó por agena influencia penetrase en la morada del general Elío que, puesto en el caso de defenderse, hubiera sin duda comprometido la existencia de muchos de sus leales servidores y de los ciudadanos que se hallaban en alarma , produciendo este choque consecuencias funestas para la capital. Elío pudo haber abandonado á Valencia pocas horas despues de la publicacion del decreto constitucional; y sin embargo permaneció en ella, para sufrir la suerte que la Providencia en sus altos juicios le tenia preparado....

Desde el dia diez de Marzo del memorable año mil ochocientos veinte empieza para Valencia una nueva época diferente en su carácter, en sus tendencias, en sus principios y en sus resultados á cuantas habia atravesado desde la abolicion de sus fueros. Era un pueblo lanzado en la carrera de la libertad, sin un rumbo cierto, sin fijar unas bases sólidas que le sirvieran de apoyo para llegar hasta el término que en aquellos dias no podia señalar; sin analogía entre los antiguos fueros, de que pocos se acordaban, y que ahora no podían poner en armonía con los intereses generales de la monarquía , y la constitucion nuevamente levantada del olvido y de la proscripcion. Hubo entusiasmo sin límites; hubo despues errores, cuyas consecuencias han afectado á su posteridad; hubo acciones nobles que honran á sus autores, y se dió, en fin, principio á una serie de acontecimientos en que la ambicion y el orgullo, y los intereses privados y los mezquinos resentimientos, abrieron un valladar profundo entre dos grandes fracciones que se han disputado el poder para salvarlo una contra otra, y que la sangre de sus hijos, abundantemente derramada , no ha conseguido todavía llenar.

En el libro siguiente daremos comienzo á la narracion de esta época, fecunda en acontecimientos, procurando conservar la imparcialidad y buena fe con que hemos procedido hasta aquí, no solo por el respeto debido á personas recomendables, sino tambien por respeto á la posteridad, á quien trasmitimos la relacion de los hechos contemporáneos para su instruccion y su fallo.

NOTA.

Hemos creído oportuno concluir aquí el segundo tomo; porque la abundancia de materiales que tenemos á la vista le hubieran hecho demasiado voluminoso, reservándolos para otro tercero , que principiaremos á su tiempo. Los señores suscritores no estrañara'n, pues , se haya faltado en esta parte al anuncio, si se ha de redactar con la claridad y estension precisa la narracion de los sucesos contemporáneos , cuya multiplicacion no es desconocida.

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