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En vista de una conducta tan poco militar acudió la oficialidad con varias quejas contra el duque; y Mr. Amelot repitió el desacierto de volver el mando al conde de las Torres. «Se le envió con anticipacion un copioso destacamento de las reales guardias, y tambien parte de la artillería y tren destinado para el recobro de Valencia;" decia el gobierno en su periódico oficial, manifestando poco despues «que los vecinos de esta ciudad esperaban con ansia el egército del rey para rendirse." Pero el conde de las Torres estuvo tan lejos de intentarlo, que poseido, al parecer, de un terror pánico, creyó hallarse aun muy cerca del general inglés, y se dirigió á principios de Marzo (1) con su egército á la Alcudia de Carlet, permaneciendo allí con tanto sosiego, segun dice el padre Miña na, que puso á las tropas como en cuarteles de invierno, y como si empezase éste en el mismo mes de Marzo , y necesitasen de descanso por un viage de tres ó cuatro leguas. Permanecía aun allí en la misma inaccion, cuando pasó por Alcira á una legua de la Alcudia el coronel Nebot con su regimiento y otras tropas , dirigiéndose á Fuente la Higuera, á quien atacó sobre la marcha, destrozó el acueducto que conduce el agua á la villa y acosados de la sed la guarnicion y los vecinos, de suerte que llegaron al estremo de usar del vino para limpiar la carne y amasar la harina, se hubieron de entregar, quedando prisioneros los quinientos soldados castellanos que la presidiaban; mientras el conde de las Torres ó ignoraba las operaciones de los enemigos, ó desdeñaba socorrer á aquella villa, cuyo sitio duró algunos dias. Este suceso no fue bastante para ponerle en accion , á pesar de haber recibido la noticia de que Felipe V tenia sitiado al archiduque en Barcelona; y solo emprendió su movimiento, no hacia Valencia, sino sobre Alcira , de cuya villa se apoderó, cuando supo positivamente que se habia embarcado Peterboroug, para socorrer al pretendiente. Satisfecho no obstante por haber entrado en Alcira, cometió la bajeza de añadir al parte, que habia remitido dando cuenta al gobierno, un segundo correo estraordinario, fingiendo haberse tambien rendido Játiva y haber huido Baset, quedando á su disposicion todo aquel distrito. Parece increible; pero el gobierno, despues de publicar de oficio la entrega de Alcira (2), añade á

(1) Anos de J. C. 1706.

(2) Gaceta de Madrid de 27 de Abril de 1706, núm. 17, cap. de Madrid. Tom. II. 11

continuacion: «con segundo correo del Sr. conde de las Torres se acaba de saber, que la ciudad de Játiva se redujo á la obediencia de S. M.; habiéndola abandonado Baset, y desamparado con ella toda aquella estendida gobernacion." A pesar de la conducta del conde y de la falsedad del parte que habia tenido la, desfachatez de remitir al ministerio; consiguió Amelot que le premiase el rey y le hiciera donacion de la villa de Cullera, erigiéndola en marquesado. Pero ni estas gracias pudieron alentar al conde de las Torres: ni la falta de tropas y desaliento de los partidarios del archiduque lograron moverle para proseguir sus operaciones; antes por el contrario permaneció sin hacer nada por espacio de un mes, ocupándose únicamente en celebrar su nuevo título con espléndidos convites; y solo se dirigió sobre Játiva , cuando á fines de Mayo circuló la noticia de las desgracias ocurridas al egército del soberano y de su retirada de Barcelona. Un mes antes habia anunciado la rendicion de Játiva; y ahora, lejos de hallar la ciudad desapercibida, la encontró bien fortificada y defendida por el mismo general Baset. Esta era la única empresa de importancia que emprendía despues de algunos meses; y aun el resultado le fue contrario, pues á los pocos dias hubo de abandonar ignominiosamente el sitio; y enviando, en virtud de las órdenes del gobierno, al coronel Mahoni á mandar la plaza de Alicante, se retiró con todo el egército á Castilla, destruyendo las fortificaciones de Alcira y clavando y echando en el Júcar los cañones que no pudo llevarse, y dejando en fin al reino sin un soldado, ni oficial de las tropas reales, abandonado enteramente á las vencedoras huestes del archiduque.

Con la presurosa retirada de las tropas de Felipe V quedó Valencia aterrada y en la mas espantosa confusion, y para colmo de su desgracia , al tiempo de emprender su marcha el conde de las Torres, volvian triunfantes de Barcelona los generales enemigos y su numerosa caballería. La escuadra inglesa que fondeó tambien delante del Grao desembarcó muchas fuerzas, y unidas á las que operaban en Valencia , se estendieron á fuer de un torrente por diferentes partes del reino, estrechando unas el sitio de Peñíscola, y recobrando Baset con otras la villa de Alcira. Guinden se apoderó de Requena y otros pueblos de la entrada de Castilla; otro egército marchó sobre Elche , y tomándola de paso, sorprendió á Orihuela, por la repentina defeccion del marqués del Ráfol, su gobernador. Ocupado ya militarmente todo el reino; abandonado por los generales y tropas del rey; inutilizada la artillería; ausentes ó presos la mayor parte de los nobles y de los plebeyos mas decididos; sin gefe para mandar; sin medios para defenderse, y rendida la plaza de Alicante, por la traicion de Mahoni, era ya imposible la resistencia. Los pueblos sucumbieron.

En este estado llegó á Valencia el archiduque Carlos, y se alojó en el palacio arzobispal haciendo antes su entrada pública, sin que su recibimiento ofreciera cosa alguna notable. Diez dias despues determinó prestar el juramento segun nuestros fueros, dando para este acto solemne las órdenes oportunas, que se comunicaron al cabildo por conducto de D. Ramon de Vilana Perlas, su secretario del despacho universal. «Habiendo, dice, el rey nuestro señor resuelto, que la funcion del juramento, que espera prestar el domingo próximo (diez de Octubre), se egecute con toda la solemnidad y pompa correspondiente á este acto; y en atencion á que el arzobispo de esta ciudad, á quien pertenece asistir á este ceremonial, se halla ausente; me manda S. M. decir á V. S. I. que será de su real agrado, que el obispo de Segorbe concurra con V. S. I. haciendo los actos que el arzobispo hiciera, si se hallara presente. Y si respectoá la formalidad se ofreciere algun reparo, ya sea por ordenaciones ó prerogativas del cabildo, espera le superará el celo de V. S. I. en esta ocasion, por no ser del real ánimo perjudicarle; antes bien es la voluntad del rey que este egemplar, en tal caso, no sirva de consecuencia." Recibido este oficio se reunió el cabildo el dia ocho, y con escritura que estendió Juan Simian, deliberó y dio facultad, para que en el altar mayor de la iglesia metropolitana celebrase de pontifical el obispo de Segorbe en las funciones que gustase el príncipe, asistiéndole los canónigos. Verificóse en su consecuencia el juramento, y se ordenó una procesion de gracias, que el archiduque vió desde el balcon (plateado para esta solemnidad), de la diputacion, ahora audiencia, y al pasar la imágen de la Virgen de los Desamparados, siguió á pie la procesion, cediendo el palio con que habia hecho su entrada. Durante los cinco meses que permaneció el príncipe en Valencia asistió á todas las grandes funciones eclesiásticas, destinando para mayor pompa de estos actos religiosos su capilla de música. Esta conducta religiosa estaba

(1) Años de J. C. 1706.

en armonía con su vida privada; tenia siempre abierta la puerta á cuantos deseaban verle comer; daba audiencia pública todas las semanas; remediando los desórdenes cometidos por sus generales: y su diversion favorita era la caza en el lago de la Albufera, repitiendo frecuentemente y con entusiasmo, que en todos sus viages no habia pasado otros momentos tan gratos, como los que contaba sobre las tranquilas aguas de aquel lago delicioso y poético. Esta popularidad y su trato dulce y franco y su rígida administracion de justicia escitaron las simpatías de los valencianos , que á pesar del disgusto con que sufrian su dominacion, no pudieron menos de admirarle y respetar su poder, que respetaba tambien por su parte los fueros venerables del pais.

Permaneció el archiduque en Valencia hasta el siete de Marzo en que verificó su salida para Barcelona en medio de un furioso aguacero, dejando la ciudad tranquila, organizado el egército, y exactamente pagados los empleados públicos, de modo que, como dice el autor de los Reparos críticos, no se ha visto jamás este pueblo ni tan rico, ni tan abundante; inundáronle de reales de á ocho los ingleses, y de cruzados de oro y plata los portugueses (que mandó despues recoger el rey, reduciéndolos á menos valor) en suma muy considerable, sin los muchos que fundieron los plateros por su buen peso y quilates. Este estado no fue, sin embargo, de larga duracion; porque ganada la batalla que hará célebre el dia veinticinco del siguiente Abril (1), se encargó del mando del egército el duque de Orleans, quien destacó en seguida al caballero Asfeld para reducir á Játiva, mientras avanzaba con el resto del egército y en compañía del duque de Berwick hacia Requena, con el objeto de recobrará Valencia. Al llegar á Chiva despachó el duque un trompeta á la capital, que se hallaba ya puesta sobre las armas, inquietos los ánimos, y alentados los numerosos partidarios de Felipe; pero silenciosa la mayoría leal por la resolucion imponente dela guarnicion compuesta en su totalidad de micaletes, que al frente de una canalla grosera, se amotinaron en la plaza de la Catedral, pidiendo unos que se tocase á somaten , otros buscando armas y dictando todos los medios de una defensa tan inútil como imposible. Afortunadamente se presentó entonces á los grupos Don Melchor Mascaros, y fingiendo tomar parte en el motin, se dejó

(l) Años de J. C. 1707.

oir, y pudo conducirlos á la casa de las armas ó ciudadela , donde armó á algunos: y aparentando un entusiasmo decidido, les diseminó por la muralla , mientras que los clavarios de los gremios, á la cabeza de los artesanos y en combinacion con Mascaros, establecieron numerosos retenes en las plazas públicas, hicieron salir de la ciudad á los micaletes y escoltaron al trompeta hasta dejarlo fuera del término de la poblacion. Estas precauciones bastaron para restablecer la tranquilidad pública, y tranquila por fin la capital , solo se dejaba oir en las calles la armonía grave de las letanías que las comunidades religiosas cantaban en medio de un imponente silencio. Entonces salieron comisionados por la ciudad Don Isidoro Gilart, obispo ausiliar, D. Melchor Gamir y D. José Monsoriu , caballeros, y Francisco Franch, ciudadano, y se presentaron al duque de Orleans que les recibió de la manera mas atenta y delicada. La comision espuso desde luego el objeto de su mision, ofreciendo un donativo de cincuenta mil doblones , que se entregaron despues religiosamente; y prometiendo el duque por su parte respetar las vidas y los intereses y lo demás que el rey tuviera á bien disponer. Arreglada de este modo la entrega de Valencia, dejó el duque el mando del egército al de Berwick, quien dueño poco despues de la capital, nombró por gobernador á D. Antonio del Valle, y por capitan general al mencionado Asfeld.

Entregábase Valencia al entusiasmo que habían producido los triunfos de las armas de Felipe , mientras sus generales recorrían el reino desalojando á los enemigos de las plazas que poseian. Uno de ios puntos, que por su aproximacion á la capital, llamó desde luego la atencion fue la ciudad de Játiva, que impudentemente asegurara el conde de las Torres haber reducido á la obediencia. Defendían á la sazon este pueblo ochocientos ingleses y diferentes partidas de micaletes, gente atrevida , valiente y avezada á los rigores de la vida militar, aumentándose poco despues su número con cuatrocientos mas, capitaneados por el famoso José Marco que, atendido el castigo que merecian sus crímenes, era conocido por el Penjadet (diminutivo de ahorcado). Mandaba la plaza, con el carácter de gobernador, D. Miguel Purroi, natural de Zaragoza, nombrado por el marqués de la Corzana , virey de Valencia durante la dominacion austríaca, por constarle su adhesion al partido del archiduque y su tenacidad en las empresas mas difíciles. Así que el gobernador tomó posesion de su deslino, dispuso varias

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