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fortificaciones, fosos y otras obras para la mejor defensa de la ciudad; prohibió, bajo pena de la vida, que se hablase de su rendicion , y se valió de las mas activas diligencias para descubrir y castigar á los que permanecian fieles á Felipe; y desde luego hizo sufrir un penoso encierro á las personas mas notables del pueblo, á los eclesiásticos mas condecorados, sin esceptuar de sus medidas arbitrarias-á las mismas religiosas, arrancándolas violentamente de sus pacíficos retiros, y llegando al estremo de sacar de su cama á una anciana religiosa, sin consideracion á su edad y á hallarse con la extrema-uncion (').

Estos suplicios y multitud de prisiones de los sugetos mas respetables de todas las clases, indican que no era tan numeroso en Játiva el partido que apoyaba al archiduque. Así lo conocieron Asfeld y demás generales, y así tambien lo publicó de oficio el mismo gobierno (2): «Alcira y Játiva, decia el ministerio, quedan en defensa por tener ingleses de guarnicion, y no haberse concedido á la del castillo de Játiva la capitulacion que pedia despues que se tomó la villa: pero la falta de víveres y artillería los sujetará. Los jurados de estas dos villas vinieron á dar la obediencia; en que se reconoce que son los estrangeros no mas los que hacen la resistencia, con muy pocos de los paisanos que se dan por perdidos." Tal era el espíritu público de aquella ciudad, y tal la disposicion de su gobernador, cuando se presentó delante de sus murallas el general Asfeld con un egército respetable. Este gefe era uno de los hombres mas á propósito para sostener ciegamente un partido cstremo; pues todo lo sacrificaba á sus principios y á la desmedida ambicion que le devoraba. Francés al servicio de España vino á medrar, durante la guerra de sucesion, y al retirarse despues á Francia impuso una contribucion exorbitante para

(1) Los presos fueron los siguientes: los canónigos D. Felix Jordán, Don Leonardo y O. Felix Cebrian; los beneficiados D. Felix Menor, D. Ensebio Llinás, moseu José Boscá y otros; los religiosos Fr. Gimen Rniz, Fr. Matías Galot, Fr. José Molí A y el maestro Navarro; D. Pascual Fenollet, conde de Olocau, D. José y D. Gaspar Cebrian, D. Pedro Benlloch, D. Gregorio Fnster, D. Manuel Meuor, Bernardo Cami, Juan Bautista Sanchis, Luis Molla. Bartolomé Salcedo, Pedro Juan Albinia, Pedro Juan Aliaga, Juan Garrido, Francisco Camarena y José Oliver. Fueron condenados á garrote D. Francisco Soler, D. Onofre José Soler, Pedro Molla y Joaquín Peris.

(2) Gaceta de Madrid de 24 de Mayo de 1707, niím. 21, cap. de Madrid. los gastos de su viage, llegando su codicia hasta el esceso de encarcelar á los alcaldes que no habian satisfecho la cuota señalada. Tan cruel, como avaro, no hallaba nada de repugnante en el horroroso espectáculo de los suplicios, y por una víctima mas, aunque inocente, no cejaba en sus planes.

Los primeros ataques de Asfeld no obtuvieron ninguna ventaja, porque estaba bi«n defendido el vasto recinto que entonces cenia a' Játiva; pero la falta de artillería hizo conocer bien pronto á los sitiados que su resistencia no podia ser de larga duracion. Esto no obstante, rechazaron muchas veces al enemigo , que redoblando sus esfuerzos y dirigiendo bien su artillería, abrió brecha el veinticuatro de Mayo. El gobernador no cejó sin embargo á la vista de las ventajas tan fácilmente obtenidas por los fil i pistas, y así se defendió de calle en calle, resistiendo con bravura el asalto, que se dió el mismo dia , hasta que pudo retirarse en buen orden al castillo, salvando consigo los intereses y las personas de los comprometidos de su partido. No era posible empero conservarse en esta posicion,, y así, mientras resolvía los medios de conseguir una honrosa capitulacion, las tropas vencedoras cometieron en la desgraciada ciudad los mas escandalosos atentados. Robaron los templos, saquearon las casas mas notables, atropellaron á toda clase de ciudadanos, y no parecia , sino que un egército estrangero hollaba las calles de un pueblo criminal y digno de esta devastacion. Un bando publicado por Asfeld en los momentos de la mas horrorosa agonía aseguraba el perdon á los que habian abrazado la causa del archiduque, esceptuando únicamente á los que llamaba gefes principales del partido austriaco. La rendicion del castillo, que se verificó á los pocos dias, quedando la guarnicion prisionera de guerra, hizo creer á los habitantes de aquel antiguo pueblo, que acabarían por fin las tropelías, que el bando de amnistía no bastó para concluir; pero fueron vanas sus esperanzas: porque en medio de tan Hsongero porvenir, y cuando volvian á abrirse los templos y los ciudadanos principiaban á regresar á sus desiertos hogares, apareció inopinadamente un bando , en que se hacia saber á los vecinos abandonasen sin dilacion su patria; pues por orden superior se iba á arrasar la ciudad. Figúrese cuál seria el terror de los consternados habitantes; el llanto era general; los ancianos debian abandonar en sus últimos dias el suelo que les vió nacer: iba á perecer su patria; lo mandaba su mismo rey; ¡era su crimen digno de tan

horroroso castigo! En vano hombres, mugeres, niños y ancianos se prosternaron delante del general estrangero; en vano los sacerdotes invocaban su proteccion; todo era inútil: nada tenia que ver el general con un pueblo que no hablaba su lengua; y así acto continuo mandó sacar de las iglesias las reliquias, las imágenes, los vasos sagrados y las alhajas, y trasladar á Carcagente á las monjas de Sto. Domingo y Sta. Clara en número de ciento; y tomando otras precauciones para llevar á cabo con mayor seguridad su espantosa disposicion. Apenas cundió hasta Valencia la orden terrible de destruir aquella noble ciudad , honor del reino por su ilustre antigüedad y por haber sido patria de altos personages, se apresuraron la diputacion, la ciudad y el cabildo eclesiástico á despachar algunos comisionados respetables, para que intercediesen con el general francés suplicándole suspendiese la orden hasta la nueva resolucion del rey. Hallándole inflexible, dirigió el cabildo una reverente esposicion á S. M. por conducto del duque de Medinaceli, á quien escribieron lo siguiente:

«La confianza en que nos tiene constituidos el conocido favor que todo este reino confiesa deber á V. E. , como á su primera y principal representacion , y tan amante de él y de esta santa iglesia, nos precisa á valemos de la poderosa interposicion de V. E. para templar la justa indignacion de S. M. en el castigo, que de orden suya pretende egecutar el general Asfeld en la ciudad de Játiva, arrasándola toda y demoliendo sus edificios; cuya egecucion, á mas de ser en conocido daño á muchos inocentes y fieles vasallos de S. M. que en ella ha tenido, y daño irreparable á su real corona, por el que se sigue de despoblarse sus reinos, es mucho mas perjudicial á la iglesia y á lo sagrado: pues aunque aquel caballero insinuó á las representaciones que se le hicieron por parte de la ciudad , diputacion y cabildo eclesiástico , se reservarían las iglesias y monasterios de esta general devastacion: es muy difícil el conseguirlo, por el gran peligro que se reconoce, por mas prevenciones que se hagan , de que una vez prendido el fuego en las casas, no pase á maltratar y quemar los templos, y lo acredita lo que él mismo hizo, disponiendo se saquen de las iglesias los vasos sagrados, la plata y las demás alhajas dedicadas al culto divino; pues si no hubiera este peligro, mas seguras estarían en los templos. El desconsuelo que han de tener aun los mas finos y leales vasallos de S. M. en la egecucion de tan rigorosa orden, y la obligacion en que nos tiene constituidos el cuidado de toda esta diócesis y jurisdiccion espiritual, que por la ausencia de nuestro prelado el señor arzobispo tiene á su cargo el cabildo, nos precisan á recurrir á S. M., repesentándole todos estos inconvenientes en memorial aparte, esperando, si llega á tiempo, nuestra humilde súplica , que S. 11. en vista de los motivos que en él se alegan, templará su justa indignacion, que tan merecida se tiene aquella ciudad y sus moradores. Y no dudando, que en el soberano patrocinio de V. E. tiene librado este reino é iglesia su mas segura confianza , para merecer al rey este favor, no escusamos valemos de él, suplicando á V. E. continúe en aplicar sus mas poderosos y eficaces oficios, que no dudamos cederán en gran servicio de nuestro Señor, del rey y de no menos beneficio para este reino. Quedando nosotros con la obligacion de solicitar repetidos empleos del mayor obsequio y servicio de V. E. y dedicarnos á él, como deseamos." Casi en iguales términos y con el mismo interés se invocó la mediacion del conde de Aguilar y del arzobispo de Valencia , que se hallaba á la sazon en la corte; pero la contestacion del duque de Medinaceli manifiesta esplícitamente la resolucion del gobierno. «En vista de la carta de V. S., decia este magnate, con fecha veintisiete de Junio, escrita con motivo de la orden para arrasar la ciudad de Játiva, demoliendo todos sus edificios, he aplicado cuantos oficios y diligencias me han sido posibles, á fin de obtener de la clemencia del rey (Dios le guarde) la revocacion de este mandato, particularmente en consideracion de la inevitable ruina de aquellas iglesias, una vez prendido el fuego en los demás edificios; pero aunque estos y los demás motivos, que mi celo del real servicio ha tenido presentes, me han hecho esforzar con la mayor viveza mis representaciones, apoyando las de V. S. deben de haber sido mas poderosas las razones que hayan habido para no variar lo resuelto; pues han prevalecido, y por consecuencia han quedado inútiles nuestra solicitud é instancias: sintiendo yo al igual de V. S. la destruccion tan lastimosa de aquella ciudad , por las mismas consideraciones que V. S. espresa; pero fio de Dios que en todo hayamos de esperimentar lo conveniente, mediante su divino favor; y V. S. me tiene siempre con igual afecto, etc." Aunque estas gestiones hubieran podido suspender la tempestad, que iba á hundir para siempre á la famosa Setabis, fueran sin embargo inútiles; porque en el mismo dia ó la víspera de elevar al gobierno Tom. II. 12

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las anteriores esposiciones, habian ya los angustiados habitantes de Játiva abandonado sus casas al tiempo que el fuego las devoraba , y la soldadesca soez penetraba en los humeantes hogares, para estraer de entre las ruinas las riquezas de un pueblo antiguo, floreciente y laborioso. ¡Egemplo terrible, que la historia nos ha trasmitido, y que no puede menos de empañar alguna hoja de la corona de triunfos con que ciñó su frente Felipe el Animoso, nieto del grande Luis XIV, y educado en una corte donde se oia la voz del ilustrado y elocuente Bossuet!

Despues de la destruccion de Játiva, á quien desde entonces mandó el rey dar el nombre de S. Felipe, haciéndole olvidar un nombre de gloria y de insignes recuerdos, se rindieron á las tropas de Asfeld Alcira y Alcoy, y últimamente Denia. En premio de estos servicios fue agraciado Asfeld con título de Castilla; y Valencia se apresuró á felicitar á S. M. por el triunfo de sus armas.

Iguales sentimientos manifestó en otra esposicion á la reina, interesando á esta augusta señora para que inclinase á su favor el ánimo del rey, temiendo la abolicion de los fueros y privilegios del reino, como se creia fundadamente, y segun la misma ciudad indicaba en una carta dirigida con la misma fecha al duque de Medinaceli. Fundábanse estos recelos, no solo en las noticias ciertas que se recibian con frecuencia de la corte trasmitidas por personas de las mas altas relaciones, sino tambien en algunas indicaciones que se hacían relativas al real decreto que se publicó poco despues, espedido en el Buen-Retiro á veintinueve de Junio del mismo año. A cinco de este mes, y acompañado de una carta satisfactoria del duque de Medinaceli, se recibió un decreto en que se concedía la mas ámplia amnistía á los que hubieran tomado parte por el archiduque, admitiéndoles bajo su real proteccion. El duque aseguraba además en su carta que no se haria ninguna inovacion; y todo prometía que los fueros serian respetados; pero no pasaron muchos dias sin que apareciera, con sorpesa de todos, el célebre decreto de veintinueve de Junio, en que decia el rey «que considerando haber perdido los reinos de Aragon y Valencia y todos sus habitadores, por la rebelion que cometieron faltando enteramente al juramento de fidelidad que le hicieron como á legítimo rey y señor, todos los fueros, privilegios, exenciones y libertades que gozaban, y que con tan liberal mano se les habian

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