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generales y extraordinarias el 24 de Septiembre de 18 Io, saludada á la vez por las campanas de la isla de León y por el estruendo de las baterías de los sitiadores. Sobre una roca combatida por las olas, según la expresión de Bayo o; por la mañana en la tribuna y por la noche en la muralla, defendiendo con una mano la independencia y con la otra trazando sus bases, los representantes de la nación española llenaban de admiración á Europa. - Prontamente, aunque la inexperiencia los descaminara, inauguraron la era de transformación política, aspirando á implantar las formas de gobierno más avanzadas entre los pueblos libres. Por obstáculo aparente admitieron la renuncia del Consejo de Regencia que los había convocado, y nombraron otro compuesto solamente de tres personas, las dos oficiales de Marina, á saber: D. Gabriel Ciscar, jefe de escuadra, valenciano, hombre de ciencia y literatura, y don Pedro Agar, director de la Academia de guardias marinas, dedicado también á estudios abstractos, para cuya elección influyó la circunstancia de ser nacido en Santa Fe de Bogotá, por deseo político de los diputados de dar participación en el Gobierno ejecutivo á los hijos de las provincias indianas, consideración que se sobrepuso á la del corto empleo de capitán de fragata que tenía Agar en la Armada.

APÉNDICES AL CAPÍTULO II

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NÚMERO 1.

Exposición sobre las providencias generales dadas en el despacho de Marina durante el tiempo que gobernó la Junta central, siendo ministro D. Antonio Escaño.-15 de Octubre de 18o8 á 29 de Enero de 181o.—Extracto.

Cuando la Junta central se hizo cargo del Gobierno de la Monarquía,

ya la fuerza sutil de Cádiz había obligado á la escuadra francesa á arriar su pabellón en la misma bahía. Debían salir por caudales el navío San Fulgencio, para Lima; el San 7usto y Paula, para Veracruz; las fragatas

* Historia de Fernando VII. a - - -- - ------ e - -

Prueba y Flora, para Buenos Aires. La Magdalena y Venganza tenían orden de cruzar en las costas de Cantabria, y otras embarcaciones menores en varios puntos, con distintas comisiones. Mandé acelerar estos armamentos y su salida, dando orden para que todos los navíos y fragatas que se hallaban en los tres departamentos se estivasen y arbolasen, estando prontos para armarse. En el momento de tomar las armas la nación para defender sus derechos y los del Rey, salieron para el ejército muchos oficiales de Marina, con uno ó más ascensos, según convino á la organización de los nuevos cuerpos formados; otros fueron promovidos por las Juntas superiores en el mismo cuerpo de Marina, sin atención ni conocimiento de sus antigüedades y méritos anteriores. Hubo recursos de agravios, y para dejar á cada uno en el lugar que le correspondía, según su mérito, se hizo una promoción del Cuerpo general de la Armada, comprendiendo á los que estaban en el ejército, sin darles de baja, por si volvían á él, á los promovidos por las juntas y á los agraviados sin nota que estaban en servicio activo; á todos los despachos se les puso la misma fecha, para que cada uno tomase la antigüedad que respectivamente le correspondía; pero se exceptuó del ascenso á los que estaban prisioneros de los franceses en Galicia y á los que, sin grande antigüedad, servían en América, dejando á salvo su derecho á unos y á otros para cuando vinieran, ofreciéndoles el ascenso con la antigüedad de la promoción, si lo merecían. La falta de oficiales para as atenéiones del servicio me obligaron á dictar la providencia de que todos los que estaban en América viniesen á España á defender su patria, no quedando sino los muy precisos en los apostaderos; además se redujo á apostadero el departamento de la Habana, con lo cual se obtuvo también una diminución de gastos, necesaria en aquellas circunstancias. También se mandó venir á los oficiales empleados en las matrículas que pudieran servir activamente, reemplazándolos con los inválidos, y aun con particulares, en las ayudantías de los distritos, declarando que el servicio de las armas era el preferido para los ascensos. Suprimí, con acuerdo de la Junta, los informes reservados que sobre la conducta de los oficiales se enviaban anualmente al Gobierno, pues era y debía ser un manantial fecundo de personalidades é injusticias, un refinamiento del despotismo y de la tiranía que debía desaparecer para siempre; y para conocer el mérito de los oficiales sin ofender los derechos del hombre, propuse á la Junta central lo que expresa una exposición que pasó á informe del Consejo de Marina. Se dispuso el armamento de los navíos Leandro, Ramón y julián para llevar azogues á Veracruz, y faltando el último, por hallarse en el Ferrol, le reemplazó el Asia, que estaba en Cartagena; el navío San Pedro fué destinado á Lima. Se armó la fragata Atocha y se la envió á las costas de Cataluña; la Proserpina á llevar al Ministro en Rusia á Trieste, y después fué á Montevideo, conduciendo al Virrey y por caudales; la Lucía fué de crucero sobre Mallorca; la Soledad á Constantinopla; la Paz áTrieste por armamento para nuestras tropas, y la Efigenia á Vigo con auxilios para los ejércitos que se organizaban en Galicia y para los patriotas. Se dispusieron cinco navíos en Cádiz, uno en Coruña y otro en Cartagena, para depósito de prisioneros, custodiados por lanchas cañoneras. Se armaron también en Cádiz el Santa Ana, Montañés, Neptuno y Plufón y la fragata Cornelia. Ésta llevó un convoy de prisioneros á Mallorca, y después al Ministro de S. M. en los Estados Unidos. El navío Montañés condujo prisioneros á Canarias; el San Lorenzo, llegado de la Habana, desempeñó igual comisión, y luego, en unión con el Montañés, fueron al Ferrol con caudales y con víveres. El navío Algeciras, que estaba armado, fué á Inglaterra por auxilios y varios efectos para los ejércitos; luego pasó á Veracruz. Se armó igualmente el Héroe, para llevar auxilios á Galicia, guardar la rada de Vigo y auxiliar las obras de las islas Bayonas. Retirados los enemigos del Ferrol, se armaron y pasaron á reemplazar á la fragata Atocha, que estaba en las costas de Cataluña, la Venganza, Esmeralda y Diana. Se armaron también, y pasaron á Cádiz, los navíos Concepción, Príncipe, San Telmo, San 7ulián y América, quedando en aquel departamento para sus atenciones y las de Asturias la fragata Magdalena, que, habiendo venido á Cádiz, volvió con auxilios y convoyando otras embarcaciones menores propias para aquellas costas. Parte de estos armamentos se hicieron á solicitud de Inglaterra, con el fin de tener nuestros buques en puertos más seguros y libres de caer en poder de los franceses; y como carecíamos de fondos para tanto gasto, nos ayudaron eficazmente los ingleses. En Cartagena se armaron los navíos Fernando VII, San Carlos y San Pablo, los que no pudieron salir para Cádiz por falta de gente, y en este departamento el Glorioso y el Miño se hallaban en igual caso; y quedaron armados los navíos San Fulgencio, San 7usto y Paula, con la fragata Prueba, que vinieron de América, y la Sabina y urca Brújula, procedéntes del Ferrol. Los buques de toda especie que podían navegar se les ocupó en llevar caudales, armas, municiones y otros efectos á las costas de Levante y del Norte, y en dar convoyes á los buques de particulares. Los que no tenían gente ó estaban de recorrida, se mantuvieron fondeados en la bahía de Cádiz, prontos para lo que se les mandara. No debemos ocultar que todo este armamento era incompleto, faltándole mucho de lo que corresponde para mantenerse largo tiempo en la mar y hacer un servicio de guerra; para esto eran precisos unos gastos que no podía soportar la Tesorería, á no dejar sin lo necesario á nuestros ejércitos. Los navíos destinados para América y los que pasaron de unos á otros departamentos, iban con media tripulación, y entre ellos pocos marineros. La falta de oficiales subalternos dictó la providencia de embarcar dos ó tres capitanes de fragata, en lugar de cuatro ó cinc9 tenientes.ó alféreces, destinando más guardianes para suplir á los gavieros y cabos de guardia, y también más maestranza para disminuir la de los arsenales, que no podía mantenerse, y poder así conservarla, y con este fin se previno se les diese licencia para trabajar en buques particulares. Así como no estaban según reglamento las tripulaciones y guarniciones de los buques, tampoco lo estaba la parte de armamento marinero y militar; se mandó no se hicieran obras más que las indispensables, ni divisiones de cámaras, etc., pudiendo suplirse con lonas lo necesario; había gran escasez de cables, velas, cabullería, cartuchería, pólvora y armas blancas y de chispa: éste era el estado de los buques. Á pesar de todo, se consiguió mejorar el armamento de los destinados á crucero, tanto de gente como de pertrechos; y para economizar, se mandó también que la oficialidad de los buques que se hallaban en puerto, sin destino á navegar, sólo gozasen la mitad de la gratificación de embarque, y dió el ejemplo voluntariamente el Comandante general de la escuadra. El armamento de faluchos, lanchas y barcos se redujo á algunos en el Ferrol, ocho en Vigo, Io en la costa de Cataluña, tres en Mallorca, un místico en Málaga, dos jabeques en Valencia, ocho lanchas en Cartagena y Alicante y 6o en la bahía de Cádiz; mas 4o de éstas, siendo barcos de tráfico, después de disponerlos de obra y armamento, guardándose éste en almacenes, continuaron en su comercio sin gravamen de la Real Hacienda. Este armamento tenía poca gente, porque, ni había, ni era necesaria en puertos donde no se veían enemigos. " Además se armaron para cruceros, llevar la correspondencia de Levante y otros servicios varias embarciones de la clase de corbetas, jabeques, místicos y faluchos, y en el departamento de Ferrol correos marítimos para salir de Coruña; pero, tomada ésta por los enemigos y ya estando el Gobierno en Sevilla, se dispuso el armamento de 18 embarcaciones, corbetas, bergantines y goletas, para que saliesen del puerto de Cádiz, como se verificó, conduciendo la correspondencia para las islas, Costafirme y Seno Mejicano todos los meses, y que la de Buenos Aires y Lima saliese cada dos meses. Se encargó al Ministro de S.M. en los Estados Unidos la -compra de 12 goletas, para arreglar mejor y con más economía la comucnicación con nuestras Américas. o «

Al departamento de Cádiz se habían dado órdenes para la formación de un cuerpo de seis batallones con el nombre de Legión Real de Marina, al mando del brigadier de este cuerpo D. José Serrano Valdenebro. También se mandaron salir dos brigadas de artillería de Marina, y se previno á los tres departamentos que se organizasen tres compañías de marineros, con oficiales de mar que sirviesen de cabos y sargentos, y que se reuniesen algunos pilotos para servir en el ejército en el uso de señales. Se formaron de las tropas de Marina dos regimientos de á dos batallones cada uno. El primero marchó á Extremadura y el segundo á la Mancha, y con las guarniciones de los buques se organizó un tercer regimiento, del que debían salir los reemplazos para los otros dos. De la tropa de Cartagena se trató de formar el cuarto y quinto regimiento, lo que se verificó, enviando el primero al Ejército y el otro á diferentes guarniciones de plazas. A los batallones que servían en el ejército de Galicia, á las órdenes del general Blake, desde el principio de la campaña, se les dió el nombre de sexto regimiento de Marina. Éste, el primero y segundo y el primer batallón del cuarto hicieron toda la campaña del año 18o9, con la gloria que consta en el Ministerio por los informes de los generales que los mandaron. El cuerpo de artillería dió un batallón al ejército de Galicia desde el principio de la campaña: una brigada fué al cantón de Santa Olalla, en Extremadura, á las órdenes del general Serrano Valdenebro; otra pasó de guarnición á Sevilla, y la tercera, destinada á Zaragoza, quedó en el ejército de Valencia después de perdida aquella plaza. El resto de esta tropa sirvió de guarnición en Cartagena y en todos los buques armados. La matrícula de mar, aniquilada por la mucha gente que había perdido en los catorce años últimos de guerra marítima, no era suficiente para tripular los buques mandados armar. Para ocurrir á esta falta y reemplazar las bajas de infantería y artillería de Marina se mandó que los cupos de la población de la costa, que debían ir al Ejército, fuesen para la Marina, con prevención de hacer entender á los que repugnase el servicio de mar, que estarían siempre en los cuerpos de campaña de tierra. Estas órdenes se repitieron muchas veces por todos los Ministerios, en razón de la repugnancia que se notaba, tanto en la gente como en las justicias de los pueblos. Se nombró director y capitán general de la Armada, inspector general de arsenales y comandante principal de ingenieros, dependientes de la Dirección general, como los demás cuerpos auxiliares de la Armada. «Se mandó que en las academias de guardias marinas hubiese constantemente curso de estudios superiores, debiendo admitirse á ellos hasta el número de 12 oficiales subalternos, á fin de que, aprovechando por este me-.

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