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los 25 dias se deba publicar al dicho acusado dentro de
cinco dias si pareciere que se debe publicar; y si el deli-
to se pretendiere cometido fuera de Cataluña y fuere con-
metido en Aragon ó Valencia, Mallorca, Menorca ó Iviza,
la dicha sumaria se deba instruir dentro de treinta dias y
si fuere en Sicilia ó Cerdeña y otras partes lejanas por mar
ó por tierra, se debe instruir dentro de cuatro meses reci-
bida informacion á lo menos semiplena de que el delito es
cometido por el acusado en las dichas partes; y sidentro el
dicho término no quedare fortificada y publicada la su-
maria, ó pareciere que no se debe publicar, sea el acusado
soltado ó dado á fianza. -
VI. Ordenamos que en las deposiciones de los acusados
si estos lo pidieren, deban asistir los dos jueces de corte,
salvo justo impedimento.
VII. Ordenamos que de aqui en adelante las deposicio-
nes de los acusados, y las de los testigos en causas crimina-
les, asi de ofensa como de defensa, sean tomadas por no-
tarios Reales que á lo menos tengan la edad de 2 años.
VIII. Esta constitucion no sirve en el dia pues en ella
se prohibió al teniente gobernador general que no enviase
ni permitiese que ni escribanos, ni porteros hicieren in-
quisiciones de crímenes sin presencia del dicho teniente
gobernador general ó de otro oficial Real á quien fuese
permitido hacerlas.
IX. Ordenamos que de aqui en adelante cuando se hi-
cieren las relaciones de los procesos criminales, asi de re-

galías como de ordinarios por los jueces de cortes, si pare

ciere al Lugartenientente general deben estar presentes tan solamente el escribano que hubiere intervenido en el pro

lo contrario pasará un comisionado de la Sala á costa de los mismos
para recojer y conducir las armas, ropas y demas efectos indica-
dos, sin perjuicio de las otras penas que la Sala tuviese á bien
acordar contra los morosos ó culpados. = Vicente.
Manuel Sanchez, escribano de Caimara.

ceso y los dos procuradores fiscales, ó á lo menos uno de
ellos, aquel que hubiere intervenido en la instruccion del
proceso, y el abogado del reo ú otra persona que el nom-
brare, para que si dicho relator omitiese alguna cosa que
á ellos les recordase lo deban decir, y que por ello dicho
relator oiga sentencia de excomunion. -
X. Ordenamos que en causas criminales asi en ofensa
como en defensa debiéndose recibir testigos en el lugar en
que residiere la Real audiencia, se deban interrogar por el
juez de corte ú otro Dr. del Real consejo á quien fuere co-
metido, y estando el presente; á no ser que estuviese ocu-
pado por otro ejercicio de su empleo, cargando sobre esto
su conciencia, y se deba escribir lo que declarare el testi-
go; y en la audiencia del teniente general gobernador en
dicho Principado y condados por los asesores; y si se re-
cibiere por alguaciles ó comisarios fuera del lugar en que
residiere la Real audiencia, ó en su caso por los del tenien-
te general gobernador, deban dichos comisarios interrogar
los testigos y asistir á toda la declaracion; y en los tribu-
nales de los ordinarios Reales por el juez ó asesor; y que
se deba continuar en escritos integra la deposicion del tes-
tigo á quien se hubiere tomado juramento de decir la
verdad, y cualquier notario que tomare en otra manera

deposiciones á los testigos en criminal, ya se diga ad fu

turam rei memoriam ú otramente, sea castigado de
falso á arbitrio del juez y tales deposiciones no hagan
fe (40). - -
XI. Ordenamos que siempre que por la misma sumaria
ó en otra manera apareciere la culpa del acusador, se pue-
da y deba proceder á instancia del fisco ó de otra persona
legítima contra el primer acusador, como si por él ó por
su acusacion no hubiese sido prevenida dicha causa.
XII. Ordenamos que las causas de cualesquiera perso-

( o ). Véase la ley 14 de este tit
III. - 32

El mismo en dichas cortes cap. 5o.

El mismo en las segum. cortes de Monzon año 1553 c. 7.

El mismo en dichas cortes. Cap. 9.

Felipe en las

cortes de Barc.

año 1564 cap. de cortes 4.

El mismo en

dichas cortes cap. 1 1.

nas que sean detenidas en razon de hurtos, latrocinios, ó por
ser rufianes, jugadores, receptadores de hurtos y vagamun-
dos, ó de otros semejantes delitos, por cuyos méritos no me-
rezcan pena de muerte natural ó mutilacion de miembro,
aunque merezcan cortar las orejas, sean despachadas, con-
clusas y determinadas por el juez ó jueces de corte á quie-
nes se hubiere cometido la causa, hecha relacion y segui-
da conclusion en el Real consejo de lo criminal.
XIII. Por cuanto pueden ocurrir muchos casos en los cua-
les se deba proceder prontamente á tomar informacion del
delito y baya tambien algunas causas criminales verbales
que se pueden despachar sin proceso, Ordenamos que di-
chas informaciones y sumarias se deban recibir por uno de
los dos Doctores del consejo criminal que ultimamente hu-
bieren entrado y sido admitidos en el consejo; y despues
en el primer consejo que se tendrá deba el dicho señor
hacer relacion del caso y del sumario, y alli debe ser co-
metida á uno de los ocho doctorees por el vice-chanciller,
ó en su caso por el regente la chancilleria ó presidente de
dicho consejo criminal y del mismo modo los dichos dos
doctores mas modernos deban conocer de las causas verba-
les criminales que no necesitan de proceso y si son de po-
co momento como hoy hacen los jueces de corte.
XIV. Por cuanto se ha abusado mucho por lo pasado
de la constitucion 40 de este titulo, y atendido que con
loacion y aprobacion de las presentes cortes Nos hemos ser-
vido crear y erigir en este nuestro Principado un nuevo
Consejo Real para los negocios y causas criminales (44),
mediante lo cual podrán con mayor comodidad dedicarse al
exámen de los testigos é interrogacion del reo, de cuales
dos cosas depende toda la justicia del proceso, y que de
encargar esto á los escribanos podia redundar gravísimo
(1 ) Efectivamente en este año se creó el consejo criminal, pero

despuestuvo la variacion que es de ver en la pag85 del tomo de esta obra.

daño y perjuicio á la justicia y ofuscarse la verdad; por
esto Ordenamos en declaracion de dicha constitucion y
añadiendo á ella, que en ningun modo pueda el notario in-
terrogar al reo, ni á los testigos asi de ofensa como de de-
fensa, ni exigirles deposicion alguna, aunque sea con
asistencia ó presencia del juez relator de la causa, pues que
dicho relator deba en todos los casos interrogar asi al reo
como á los testigos, y el escribano no pueda escribir sino
lo que declaren la parte y testigos, previa interrogacion
del relator; si lo contrario se hiciere, no se dé fe alguna á
tales deposiciones, asi de la parte como de los testigos,
ni á la deposicion del reo, y que el escribano por el mero
hecho incurra en privacion é inhabilitacion de su oficio, y
que el relator que permitiere que el escribano interrogue
sea castigado como contraventor á la constitucion, y que
los ordinarios Reales ó sus sucesores deban observar lo
mismo.
XV. Por cuanto muchas personas que llamadas por la
corte Regia comparecerian para defenderse sino fuese que
les hacen estar en la carcel muchos meses sin publicarles
la sumaria, ni pedirles cosa alguna, y por este temor aun-
que no tengan culpa dejan de presentarse, Ordenamos que
la persona que fuere llamada, si voluntariamenté se pre-
sentare en la cárcel, se le deba publicar la sumaria den-
tro de veinte dias, y hechas las defensas se falle la cau-
sa, y pues que el se ha puesto voluntariamente en ella, y
tomada que se le haya la declaracion le dejen por toda la
cárcel con idóneas fianzas hasta que hayan conocido de
sus culpas.

XVI. En esta constitucion se pedia á S. M. que la ley 5o de este titulo se extendiese á todos los presos, aunque por los casos ó delitos de los cuales fuesen acusados se hubiese hecho regalía ó a vocado causa. S. M. mandó que se guardase dicha constitucion y lo acostumbrado hasta en

tonces, quitados todos abusos.

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Alfonso II en

las cortes de Monzon año 1289 cap. 3o.

Pedro IIIen las

cortes de Mon.

año 1363 cap. 3o.

Fernd. I en las

cortes de Barc.

año 1413 cap. de cortes 1.

TITULO II.

De los maldicientes y blasfemos de Dios, de la Pirgen
Maria y de los Santos. .

I. Ordenamos que ningun hombre diga mal de Dios, ni de nuestra señora santa Maria, ni de otro santo ó santa, que quien lo hiciere, si fuese caballero ó hijo de caballero, ó ciudadano, ó buen hombre de yilla, pague 20 sueldos, y si fuere otro hombre pague 40 sueldos, y sino los puede pagar se le den diez azotes en la plaza; y la pena susodicha sea para el señor del lugar en que esto se dijere, y aun para aquellos que han usado y acostumbrado tener ó recibir parte en tales ó semejantes penas.

II. Ordenamos que el que dijere palabras nefandisimas tocante á Dios omnipotente y á la bienaventurada Virgen Maria y su virginidad y á los santos y santas de Dios, si lo dijere á propósito, que muera sin esperanza de venia ó perdon; si empero lo dijere en juego, ó riña, ó en otra manera sea azotado trayendo por medio de la lengua una verga de hierro.

III. Procurando humilde y devotamente el honor y reverencia de nuestro señor Dios y nuestra señora santa Maria gloriosa Virgen madre suya y de todos los santos y santas del paraiso; y evitando de nuestra soberana voluntad y deseo, y quitando absolutamente los ilícitos y detestables

juramentos condenados y reprobados ya por el Rey Al

fonso y por el Rey D. Pedro nuestro abuelo en las dos le-
yes de este titulo, aprobamos de nuestra cierta ciencia,
confirmamos y de nuevo hacemos y otorgamos las susodi-
chas ordinaciones, estableciendo y mandando que aquellas
sean en todo tiempo inviolablemente observadas; prove-
yendo y aun ordenando en mayor observacion de las di-
chas cosas que los oficiales ordinarios de las ciudades, vi-

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