Imagens das páginas
PDF
ePub

costumbres. La naturaleza misma ha puesto estorbos en el suelo peninsular á la extension del cultivo; pues en medio de comarcas y valles fertilisiinos y amenos, abundan, segun habia notado ya nuestro geopónico Herrera, los montes y las sierras peladas, los declives de capa vegetal muy somera, y las desnudas y pedregosas llanuras que al paso que desadornan y afean la tierra, conviértenla á veces en árida y de poco provecho. Aumentan el daño la escasez de caudal de aguas en muchas provincias, y las frecuentes sequías que agostan los campos prematuramente. Ademas hanse confundido en repetidas ocasiones terrenos incultos pertenecientes á particulares con los baldíos; exagerando la importancia de estos, cuando aquellos quedaban eriales por la incuria de sus dueños ó por la dificultad de romperlos y desbrozarlos.

En la discusion de las cortes luminosa bastante no todos se alucinaron imaginándose resultarian abultados beneficios de la enagenacion y venta de los baldíos y los propios. Notable fue el discurso del señor Aner, quien sin oponerse dió en contra razones sólidas que rebatieron en parte las de otros vocales no tan poderosas. Al fin aprobóse un decreto sobre la materia que se promulgó en enero de 1813. Disponia este en sustancia : 1° reducir los terrenos baldíos ó realengos y de propios y arbitrios asi en la Península como en ultramar á propiedad particular; 2° emplear la mitad de los baldíos ó realengos en el pago de la deuda nacional, prefiriendo los créditos que tuviesen los vecinos de los pueblos en cuyo término se hallasen los terrenos ; 3o distribuir en suertes con el nombre de premio patriólico las tierras restantes de los mismos baldíos, ó las labrantías de propios y arbitrios, entre los oficiales de capitan abajo, y entre los sargentos, cabos y soldados rasos que hubiesen servido en la guerra de la independencia, y se hubiesen retirado con documento legítimo que acreditase su buen desempeño; y 4o repartir gratuitamente y por sorteo las tierras entre los vecinos que las pidiesen , y no gozasen de propiedad. .

Juzgaban los entendidos que no se seguiria utilidad grande y real de este decreto , porque conforme á su contexto poníanse muchas porciones de los terrenos enagenados en manos casi infructíferas, no asistiendo a la mitad quizá de los nuevos adquiridores la industria y el capital que se requieren para introducir y adaptar una oportuna y variada labranza. Pues sabido es que el progreso y la perfeccion de esta no consiste precisamente en dividir y subdividir las propiedades, sino en que estas no queden abandonadas; ni tampoco en cultivar mucho, sino en cultivar bien y de modo que el producto neto de un terreno dado sea superior al de otro terreno de la misma extension y naturaleza; cuyo objeto no se logra por los escasos y débiles medios que acompañan al desvalido bracero, mas sí por los que concurren en el hombre industrioso y acaudalado.

Ofrecíanse asimismo para la ejecucion de la medida tales obstá

Abolicion por

culos que hubo de dejarse al arbitrio de las diputaciones provinciales señalar el tiempo y los términos de llevarla á cabo; pues únicamente asi y « acomodando las providencias (segun se expresa « el sabio autor de la ley agraria ) á la situacion de cada provincia, « y prefiriendo en cada una las mas convenientes, y pueden sacarse ventajas de la enagenacion de los baldíos y los propios.

me Por entonces tambien abolieron las cortes el voto las cortes del de Santiago. Dábase tal nombre á un antiguo tributo voto de Santiago de cierta medida del mejor pan y del mejor vino que pechaban los labradores de algunas provincias de España para acudir a la manutencion del arzobispo y cabildo de Santiago y hospital de la misma ciudad; percibiendo tambien una porcion, aunque muy corta, otras catedrales del reino. Fundábase particularmente la legitimidad de esta exaccion en un pretendido privilegio que resultaba de un diploma falsamente atribuido al rey Don Ramiro I de Leon con la data en Calahorra del año de 872 de la era de César. Apoyados en semejante documento, lleno de inverosimilitudes, anacronismos y aun de extravagancias propias de la ignorancia de los tiempos en que se fraguó, siguieron realizando los canónigos de Santiago durante siglos valores considerables sacados de las parvas y lagares de los agricultores de varias y distantes comarcas del reino : bien que no siempre sin resistencia. Pues hubo controversias y litigios sin fin, negando á veces los pueblos hasta la autenticidad misma del privilegio : de donde nacieron fallos jurídicos, concordias y transacciones aboliendo ó alterando aquella carga en determinados distritos. El diploma extendia la obligacion del pago à toda España, como si los dominios de Don Ramiro no se encerrasen en estrechos límites , y no fuese su autoridad desconocida mas allá del territorio que comprendia la corona entonces de Leon. Al conquistarse Granada tuvieron sus habitantes que soportar aquel tributo, habiéndolo dispuesto asi los Reyes católicos por la persuasion en que estaban de ser legitimo y auténtico el privilegio de Don Ramiro el I. Despues, aunque pareciese apócrifo, y aunque los pueblos fuesen obteniendo en su favor sentencias y decisiones de los tribunales, continuó el cabildo de Santiago exigiendo el pago del voto, y hasta alcanzó del débil y piadoso Felipe III jurisdiccion privativa para verificar la cobranza por medio de jueces que (*Ap. n. 1.) a los mismos canónigos nombraban. Célebre fué el me

morial* que contra el voto y en representacion de muchas ciudades, villas y lugares escribió en el siglo XVII Lázaro Gonzalez de Acebedo, y mas célebre aun, si cabe, el del duque de Arcos en 1770 á Cárlos III sobre igual materia. Producia el voto en sus buenos tiempos muchos millones de reales, rindiendo en los nuestros apenas tres líquidos por la baja en el valor de los frutos y por el mayor retraimiento de los pueblos en satisfacerle con exactitud.

Declárase pa

à santa Teresa de Jesus.

En el marzo de 1812 hicieron la propuesta de su abolicion en las córtes treinta y seis diputados, y discutióse el asunto en aquel octubre. Durante los debates distinguiéronse varios vocales por la profunda erudicion, copia de doctrina y acendrada crítica que emplearon en sus discursos; descollando sobre todos los señores eclesiásticos Villanueva y Ruiz Padron, y afirmando el segundo con fervorosa elocuencia, y despues de haber sostenido su dictámen con incontestables datos que* « el origen del voto era una ver

(* Ap. n. 2.)

i. « gonzosa fábula, tejida con artificio y astucia bajo la « máscara de la piedad y religion, abusando descaradamente de « la ignorancia y credulidad de los pueblos. » En consecuencia las córtes decretaron en términos compendiosos y sencillos « que abo« lian la carga conocida en varias provincias de la España europea « con el nombre de voto de Santiago. )

Tres meses antes y como en contraposicion habian adoptado las cortes una resolucion muy diversa , de trona de España índole extraña, agena al parecer de los tiempos actuales y de las tareas que incumben á los cuerpos representativos de nuestra edad, declarando solemnemente por un decreto patrona de España á santa Teresa de Jesus. Pidieronlo los carmelitas descalzos de Cádiz en conmemoracion de haberse celebrado en su templo las festividades eclesiásticas de la jura de la constitucion, y tambien otras con motivo de acontecimientos plausibles. Apoyaron su solicitud en dos acuerdos de las cortes de 1617 y 1636, aunque no llevados á efecto, por la oposicion que hizo el cabildo de Santiago en defensa del patronato de su apóstol, cuyo origen, segun asentaban aquellos capitulares, se perdia en la oscuridad de los tiempos. Abogaba no menos por şanta Teresa el señor Larrazábal, diputado por Goatemala, conforme á especial encargo de su provincia; pues es de notar y curioso, para la historia que las regiones españolas de ultramar, que tan ansiosa y desventuradamente se han lanzado por el despeñadero de las revueltas, mezclaron entre instrucciones prudentes dadas entonces a sus representantes, otras solo propias de la ignorancia y atraso del siglo onceno. La comision eclesiástica en un largo y erudito informe se inclinó á que se aprobase la propuesta, y asi lo decidieron las cortes el 27 de junio sin deliberacion alguna , declarando patrona de las Españas, despues del apóstol Santiago, á santa Teresa de Jesus. El silencio guardado probó en unos el respeto con que acataban el nombre de una religiosa esclarecida, á quien por sus virtudes habia canonizado la Iglesia, y en otros la persuasion en que estaban de cuanto convenia no empeñar discusion acerca de un decreto que, sin perjudicar al bien público, halagaba las aficiones de la nacion por una santa hija de su suelo, y en cuyos * suavísimos escritos (como dice el obispo Palafox) « primero nos hallamos cautivos que venci

(Ap. n, 3.) « dos, y aprisionados que presos. »

Españoles comprometidos con

truso.

Mayor gravedad y complicacion envolvia el expe

diente de las personas comprometidas con el gobierno el gobierno in- intruso. Interesábase en su decision la suerte de bas

tantes españoles y de no pocas familias; mas la diversidad de casos y de tiempos, y lo enojada y aun embravecida que la opinion se mostraba; entorpecian el pronto despacho de este negocio y casi siempre le dilataban, mayormente cuando no terminada la lucha de la independencia no cabia tomar providencias generales ni de olvido, sin exponerse á que las desairasen y no las admiliesen los mismos en cuyo favor se expedian. Dijimos en su lugar fuera Napoleon quien en Burgos dió en 1808 los primeros decretos de proscripcion, añadiendo que replicó á ellos la junta central con otros que hacian juego como para despicarse del agravio y desafueros del invasor. No tener culpa en la agresion primitiva, y conceptuarse tan nacional y fundada nuestra causa , antecedentes eran que favorecian mucho en sus decisiones al gobierno español, é inclinaban grandemente a su lado la balanza de la razon y de la justicia. No por eso disculpariamos cualquiera exceso ó desman en que se hubiese incurrido , pues siempre, y mas en semejantes guerras, toca á la autoridad suprema reprimir, no fomentar las venganzas y sanguinarias pasiones.

Fuera de contados casos, verdad es que ni el gobierno ni los tribunales aplicaron nunca las leyes 1a y 2a, iít. 2o, partida 7a, y otras antiguas, que deslindaban y definian las diversas infidencias ó traiciones, y señalaban las penas. Impedíalo la equidad , é imposibilitaba su ejecucion el gran número de los que hubieran resultado culpables tomadas á la letra las disposiciones de aquellas leyes, hechas en otros siglos y en circunstancias y con objetos muy diversos.

Para aclarar las muchas dudas que ocurrieron dió la junta central ciertas reglas que apareciendo muy imperfectas en la práctica, molivaron posteriores consultas y expedientes. Ni aquel gobierno ni la primera regencia que le sucedió tuvieron tiempo ni comodidad para satisfacer a todos los puntos, dejándolos a la decision de las cortes.

Congregadas estas, ya en el dia 12 de octubre de 1810 se entabló la cuestion y se mandó al consejo real presentase el reglamento que le pareciese mas adecuado para sentenciar y fallar las causas por delitos de infidencia. Evacuó la consulta aquel cuerpo en el próximo enero; y si bien en términos vagos, mostrábase en ella moderado, y circunscribia á pocos casos la aplicacion de la ley la citada de partida, recomendando ademas indulgencia en favor de los que hubiesen ejercido empleo, sin mezcla de jurisdiccion criminal, cuya conducta la sujetaba al mero exámen de un expediente instructivo. Reducia asi el consejo á estrechos límiles las pesquisas y averiguaciones judiciales que querian ensanchar otros, y caminaba con pulso y madura deliberacion.

Pasó la consulta del consejo á exámen de la comision de justicia de las córtes, y juntamente diferentes informes de cuerpos é individuos, y proposiciones de algunos diputados. En mayo presentó la comision su informe sin desvanecer las dudas, ni proponer á las cortes una resolucion fija y bien determinada ; pues era de parecer que para los casos urgentes bastaban las leyes antiguas, y que para los demas aventurábase mucho en descender a los pormenores que apetecian los poco reflexivos. Aun entonces esquivaron las cortes providenciar en el negocio, y no le tomaron en seria consideracion hasta el marzo de 1812, en que renovados los debates, procuraron todavía aplazarle para mas adelante, acordando el 6 de aquel mes á propuesta del señor Calatrava, que se suspendiese toda resolucion final hasta que se publicase la constitucion.

Tampoco el cumplimiento de este acto, celebrado pocos dias despues, bastó para hacer revivir la discusion de asunto tan enfadoso : necesitose para ello del agolpamiento de sucesos militares y felices, que libertando gran parte del territorio peninsular del yugo enemigo, dieron márgen en unos lugares á encarnizados atropellamientos contra los empleados del intruso y sus parciales, y en otros á protecciones y favores que no agradaron, y les dispensaban ciertas autoridades y algunos generales. Quejas y clamores en diversos sentidos se levantarca de resultas, y subieron al gobierno y á las cortes.

Viéronse pues obligadas estas á entrar de lleno nuevamente en la cuestion, en especial por lo que cortes sobre este respectaba á empleados; y de sus deliberaciones si-asunt guióse la aprobacion de un primer decreto promulgado en 11 de agosto de este año de 1812. Conforme á su contexto adoptábanse varias medidas acerca de las provincias que iban quedando libres, y se mandaba cesasen todos los empleados nombrados ó. consentidos por el gobierno intruso, sin excluir á los jueces ni á los eclesiásticos; reservándose tan solo á la regencia el permitir continuasen en el ejercicio de sus destinos aquellos que le copstase haber prestado servicios a la buena causa. Tambien se la facultaba para suspender, hasta que se purificasen, si se hubiesen hecho sospechosos, á los prelados eclesiásticos de cualquiera condicion que fuesen. Por vivo y áspero que pareciese este decreto, lenia color apagado y suave al lado de lo que muchos apelecian, y de lo que ordenaba un reglamento enviado por la regencia al exámen y aprobacion de las cortes, segun el cual debiendo suspenderse la constitucion durante dos meses, nombrábanse comisiones pesquisidoras y se proponian otras medidas tan desacordadas, que, como dijo un señor diputado, tiraban á que* run

(* Ap n. 4.) « decayese el ánimo de los pueblos, y a que se tras: * formase en aversion el ainor que entonces tenian al gobierno

« legítimo. ,

Decreto de las

« AnteriorContinuar »