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aqui el nombre por carecer de pruebas materiales que afiancen nuestro aserto, ya que no de muchas morales.

Lo cierto es que en la primavera y entradas de verano se duplicaron los manejos, las idas y venidas, en disposicion de que el canónigo Peña, ya mencionado en otro libro, consiguió pasar á Galicia con el título de vicario de aquel ejército, resultando de aqui que él y los demas emisarios de José anunciasen á este, como si fuera á nombre del gobierno de Cádiz, el principio de una negociacion, y la propuesta de nombrar por ambas partes comisionados que se abocasen, y tratasen de la materia siempre que se guardara el mayor sigilo. Debian verificarse las vistas de dichos comisionados en las fronteras de Portugal y Castilla, obligándose José á establecer un gobierno representativo fundado sobre bases consentidas reciprocamente, ó bien á aceptar la constitucion promulgada en Cádiz con las modificaciones y mejoras que se creyesen

necesarias.

Ignoraban las córtes semejante negociacion, ó, por mejor decir, embrollo, y podemos aseverar que tambien lo ignoraba la regencia en cuerpo. Todo procedia de donde hemos indicado, de cierta dama amiga del duque del Infantado, y de alguno que otro sugeto muy revolvedor. Quizá habia tambien, entre las personas que tal trataban, hombres de buena fe que no creyendo ya posible resistir á los franceses, y obrando con buena intencion, querian proporcionar á España el mejor partido en tamaño aprieto. No faltaban asimismo quienes viviendo de las larguezas de Madrid, á fin de que estas durasen, abultaban y encarecian mas allá de la realidad las promesas que se les hicieran.

Tantas en efecto fueron las que á José le anunciaron sus emisarios, que hasta le ofrecieron grangear la voluntad de alguno de nuestros generales. A este propósito, y al de avistarse con los comisionados que se esperaban de Cádiz, nombró Desvanécense. José por su parte otros; entre ellos à un abogado de apellido Pardo, que si bien llegó, á salir de Madrid, tuvo á poco que pararse y desandar su camino, noticioso en Valladolid de la batalla de Salamanca. Suceso que deshizo desvarató como de un soplo tales enredos y maquinaciones.

y

Preséntanse siempre muy oscuros semejantes negocios, y dificultoso es ponerlos en claro. Por eso nos hemos abstenido de narrar otros hechos que se nos han comunicado, refiriendo solo y con tiento los que tenemos por seguros. Basta ya lo que hubo para que escritores franceses hayan asegurado que las córtes se metieron Asercion falsa en tratos con José; é igualmente para que en el Medel Memorial de morial de Santa Helena penga Mr. de las Casas en boca de Napoleon*: « que las córtes (por el tiempo (* Ap n. 4.) « en que vamos) negociaban en secreto con los franAsercion falsísima y calumniosa: : pues repetimos, y

Santa Helena.

⚫ ceses. »

nunca

nos cansaremos de repetir lo ya dicho en otro libro, que para todo tenian poder y facultades las córtes y el gobierno de Cádiz, menos para transigir y componerse con el rey intruso: por cuya imprudencia, que justamente se hubiera tachado luego de traicion, hubiérales impuesto la furia española un ejemplar y merecido castigo.

Proyecto de José de convocar có tes.

Ni José mismo tuvo nunca gran confianza, al parecer, en la buena salida de tales negociaciones, pues pensaba por si juntar córtes en Madrid siguiendo el consejo del ministro Azanza, que le decia ser ese el medio de levantar altar contra altar. Ya antes habia nombrado José una comision

que se

ocupase en el modo y forma de convocar las córtes, y ahora se provocaron por su gobierno súplicas para lo mismo. Asi fué que el ayuntamiento de Madrid en 7 de mayo, y una diputacion de Valencia en 19 de julio, pidieron solemnemente el llamamiento de aquel cuerpo. Contestó José á los individuos de la última, «

« que

Escasez y bambre, sobre todo en Madrid.

los deseos que espresaban de la reunion de córtes eran los de la mayoría inmensa de la nacion, y los de la parte instruida, y que «S. M. los tomaria en consideracion para ocuparse seriamente de « ellos en un momento oportuno. » Añadió: « que estas cortes serian «mas numerosas que cuantas se habian celebrado en España.......... Los acontecimientos militares, el temor á Napoleon, que hasta en sus mayores apuros repugnaba la congregacion de cuerpos popula- ` res, y tambien los obstáculos que ofrecian los pueblos para nome brar representantes llamados por el gobierno intruso, estorbaron la realizacion de semejantes córtes, y aun su convocatoria. De todas maneras inútiles é infructuosos pareciau cuantos planes y beneficios se ideasen por un gobierno que no podia sostenerse sin puntal estrangero.. Entre las plagas que ahora afligian á la nacion, y que eran consecuencia de la guerra y devastacion francesa, aparecian entre las mnas terribles la escasez y su compañera el hambre. Apuutamos como principió en el año pasado. En este llegó á su colmo, espccialmente en Madrid, donde costaba en primeros de marzo ei pan de dos libras á 8 y 9 reales, ascendiendo en seguida á 12 y 13. Hubo ocasion en que se pagaba ia fanega de trigo á 530 y 540 reales; encareciéndose los demas víveres en proporcion, y yendo la penuria á tan grande aumento, que aun los tronchos de berzas y otros desperdicios tomaron valor en los cambios y permutas, y se buscaban con ansia. La miseria se mostraba por calles y plazas, y se mostraba espantosa. Hormigueaban los pobres, en cnyos rostros representábase la muerte, acabando muchos por espirar desfallecidos y ahilados. Mugeres, religiosos, magistrados, personas. antes en altos empleos, mendigaban por todas partes el indispen sable sustento. La mortandad subió por manera, que desde el setiembre de 1811 que comenzó el hambre hasta el julio inme

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diato, sepultáronse en Madrid unos 20,000 cadáveres estrago tanto mas asombroso, cuanto la poblacion habia menguado con la emigracion y las desdichas. La policia atemorizábase de cualquier reunion que hubiese, y puso 200 ducados de multa á los dueños de tiendas si permitian que delante se detuviesen las gentes, segun es costumbre en Madrid, particularmente en la Puerta del Sol. Presentaba en consecuencia la capital cuadro asqueroso, triste y horrendo que partia el corazon. Deformábanla hasta los mismos derribos de casas y edificios, que si bien se ordenaban para hermosear ciertos barrios, como nunca se cumplian los planes, quedaban solo las ruinas y el desamparo.

Providencias No era factible al gobierno de José reparar ahora desastrosas. tan profandos males, ni tampoco aquietar el desasosiego que se asomaba con motivo de vuscar alimento. La escasez provenia de malas cosechas anteriores, de los destrozos de la guera y sus resultas, de muchas medidas administrativas, poco cuerdas y casi siempre arbitrarias. Hablamos de las providencias de monopolio y lograría que tomó el gobierno intruso en el año pasado: las mismas continuaron en este, acopiándose granos para los ejércitos franceses, y encajonando á este fio galleta en Madrid mismo, cuando faltaba á los naturales pau que llevar á la boca. Las contribuciones, en vez de aminorarse, crecian; pues, ademas de las anteriores ordinarias y estraordinarias, Ꭹ de una organizacion y aumento en la del sello, mandó José antes de finalizar junio á las seis prefecturas de Madrid, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Ciudad Real y Segovia (que era á donde llegaba su verdadero dominio ), que sin demora ni escusa aprontesen 570,000 fanegas de trigo, 275,000 de cebada, y 73,000,000 de reales en metálico; cuya carga en su totalidad, aun regalando el grano á menos de la mitad del precio corriente, pasaba de 250,000,000 de reales; exaccion hubiera convertido en vasto desierto pais tan devastado; pero que no se realizó por los sucesos que sobrevinieron, y porque, segun hermosamente dice el rey Don Alonso * (* Ap. n. 5.) « que es ademas no puede durar. » Escasez en las En las provincias sometidas á los franceses, sobret provincias. todo en las centrales, la carestía y miseria corria parejas con la de Madrid. Casi á lo mismo que en esta capital valia el grano en Castilla la Vieja. En Aragon andaba la fanega de trigo á 450 reales, y no quedó en zaga en las Andalucías, si á veces no escedió. Hubo que custodiar en la ciudad de Sevilla las casas de los panaderos; y en aquel reino ya antes habia mandado Soult que se hiciesen las siembras, como tambien aconteció en otras partes; porque al cultivador faltábale para ejecutar las labores semilla ó ánimo, privado á cada paso del fruto de su sudor. Mas adelante ha rémos meucion, segun se vayan desocupando las proviucios, y segun esté á nuestro alcance, de las contribuciones que los pueblos

que

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pagaron, de las derramas que padecieron. Cúmulo de males todos ellos que asolaban las provincias ocupadas, y las trasformaban en cadáveres descarnados.

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Cuán otro semblante ofrecia Cádiz, pesar del Abundancia y sitio y de los proyectiles que caian! Gozábase alli de alegria en Cadiz libertad, reinaba la alegria, arribaban á su puerto mercaderías de ambos mundos, abastándole víveress de todas clases, hasta de los mas regalados, de suerte que ni la nieve faltaba traida por mar de montañas distantes para hacer sorbetes y aguas heladas. Sucedíanse sin interrupcion las fiestas y diversiones, y no se suspendieron ni los toros ni las comedias; construyéndose al intento del lado del mar una nueva plaza de toros, y un teatro fuera del alcance de las bombas, para que se entregasen los habitantes con entero sosiego al entretenimiento y holganza.

córtes.

Alli las córtes prosiguieron atareadas con aplauso Tareas de las muy universal. Organizar conforme á la constitucion las corporaciones supremas del reino, no menos que la potestad judicial y el gobierno económico de los pueblos, con los ramos dependientes de troncos tan principales, fue lo que llamó en estos meses la atencion primera. Expidiéronse pues reglamentos individualizados y extensos para el consejo de estado y tribunal supremo de justicia. Los recibieron tambien los tribunales especiales de guerra y marina, de hacienda y de òrdenes, conocidos antes bajo el nombre de consejos; los cuales quedaron en pie, ó por ser necesarios á la buena administracion del estado, ό por no haberse aun admitido ciertas reformas que se requeria precediesen á su entera ó parcial abolicion. Las audiencias, los juzgados de primera instancia y sus dependencias se ordenaron y fueron planteando bajo una nueva forma. En el ramo económico y gobernacion de los pueblos se deslindaron por menor las facultades que le competian, y se dieron reglas á las diputaciones y ayuntamientos. Faena enredosa y larga en una monarquía tan vasta que abrazaba entonces ambos hemisferios, de situacion y climas tan lejanos, de prácticas y costumbres tan diferentes.

Libertad de la imprenta y sus abusos.

Abusos de la libertad de imprenta dieron ocasion á disgustos y altercados, y acabaron por excitar vivos debates sobre restablecer ó no la inquisicion. A tanto llegó por una parte el desliz de ciertos escritores, y á tanto por otra la ceguedad de hombres fanáticos ó apasionados. Se publicaban en Cádiz, sin contar los de las provincias, periodicos que salian á luz todos los dias, ó con intervalos mas o menos largos. Pocos habia que conservasen el justo medio, y no se sintiesen del partido á que pertenecían. Entre los que sustentaban las doctrinas liberales distinguianse el Semanario patriotico, que apareció de nuevo despues de juntas las córtes, el Conciso, el Redactor de Cádiz, el Tribuno y otros varios. Publicaba uno el estado mayor

general, moderado y circunscrito comunmente al ramo de su incumbencia. Se imprimia otro bajo el nombre del Robespierre, cuyo título basta por sí solo para denotar lo exagerado y violento de sus opiniones. En contraposicion daban á la prensa y circulaban los del bando adverso periódicos no menos furiosos y desaforados. Tales eran el Diario mercantil, el Censor y el Procurapor de la Nacion y del Rey, que se publicò mas tarde, y superó á todos en iracundos arranques y en personalidades. Otros papeles sueltos ó que formaban parte de un cuerpo de obra salian á luz de cuando en cuando, como las Cartas del Filósofo rancio, sustentáculo de las doctrinas que indicaba eu título; el Tomista en las córtes, produccion notable concebida en sentir opuesto; y la Inquisiciou sin máscara, cuyo autor enemigo de aquel establecimiento le impugnaba despojándole de todo su disfraz ó velo, con copia de argumentos y citas escogidas. Semejantes escritos ú opúsculos arrojaban de si mucha claridad y difundian bastantes conocimientos, mas no sin suscitar á veces reyertas que eucancerasen los ánimos. Males inseparables de la libertad, sobre todo en un principio, pero preferibles por el desarrollo é impulso que imprimen, al encogimiento y aniquilacion de la servidumbre.

burlesco.

Diccionario Pararon mucho en este tiempo la consideracion manual, y Dic pública dos producciones intituladas, la una « Dicciocionario critico- nario razonado, manual, » y la otra « Diccionario crítico-burlesco,» no tanto la primera por su mérito intrínseco, como por la contestacion que recibió en la segunda, y por el estruendo que ambas movieron. El Diccionario manual, parto de una alma aviesa, enderezábase á sostener doctrinas añejas, interpretadas segun la mejor conveniencia del autor. Censuraba amargamente á las córtes y sus providencias, no respetaba á los individuos, y bajo pretexto de defender la religion perjudicábala en realidad, y la insultaba quizá no menos que al entendi-.' miento. Guardar silencio hubiera sido la mejor respuesta a tales invectivas; pero Don Bartolomé Gallardo, bibliotecario de las còrtes, bombre de ingenio agudo, mas de natural acerbo, y que manejaba la lengua con pureza y chiste, muy acreditado poco antes con motivo de un folleto satírico y festivo nombrado « Apología de los palos, » quiso refutar ridicalizandole al autor de la mencionada obra. Hizolo por medio de la que intituló « Diccionario crítico-burlesco, » en la que desgraciadamente no se limitó á patentizar las falsas doctrinas y las calumnias de su adversario, y á quitarle el barniz de hipocresia con que se disfrazaba, sino que se propasò, rozándose con los docmas religiosos, é initando á ciertos escritores franceses del siglo XVIII. Conducta que reprobaba el filósofo por inoportuna, el hombre de estado por indiscreta, y por muy escandalosa el hombre religioso y pio. Los que buseaban ocasion para tachar de incredulos à algunos de los que

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