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rias.

tarías del gobierno, y dando un reglamento á la Cortes ordinamilicia nacional, en el que se requeria la edad de treinta años, siendo obligatorio el servicio, y obrando la espresada fuerza á la orden de los gobernadores ó coinandantes militares de nombramiento real. Los dos partidos de la asamblea, viendo venir los sucesos, y pendientes de su desenlace, observá. banse al soslayo sin atreverse á medir su poder por no anticipar los acontecimientos ó entorpecer su curso. Ocupó igualmente la atencion de las Cortes el presupuesto de la casa real, asignando á S. M. cuarenta millones de reales al año, con la posesion de todos los palacios de sus antepasados, y los bosques, dehesas y terrenos que para recreo del monarca determinase el congreso. Señaláronse ciento y cincuenta mil ducados á cada uno de los infantes don Carlos y don Antonio, sin hacer mencion de los reyes padres ni del infante don Francisco, que vivia con ellos.

Mas si los realistas obraban con cautela y mesura en el seno de las Cortes, no por eso dejaban de la mano la urdiembre de las conspiraciones, de dia en dia mas osados con el risueño porvenir que se les preparaba. Para ennegrecer aun mas las Causa del intenciones del bando reforınador y privarle hasta fingido Audio del últiino voto del pueblo, valiéronse de un impostor, llamado Juan Berteau, criado de la duquesa viuda de Osuna, quien fingiéndose general del imperio y tomando el nombre de Luis Audinot, supuso ocultos manejos entre los gefes liberales, principalmente entre don Agustin Argüelles y Napoleon, para establecer en la Península una república con el título de Iberiana. Trama grosera cuyos hilos, manejados por agentes oscuros de Granada y Baza , descubríanse facilmente, y mostraban el verdadero intento de sus forjadores. Hiciéronse varias proposiciones en el Congreso, y el

Prvallo basta not.

señor Argüelles representó pidiendo se le oyese judicialmente para desagraviar su honor vulnerado, y patentizar la mala fé de sus acusadores. Pero entretúvose con siniestro fin el proceso hasta despues de vuelto el rey al solio, para entonces cebarse en la venganza los que solo con la hartura de innobles pasiones alimentaban su espíritu grosero. Gracias al misino impostor, que tirando de la mascarilla , escribió de su puño una relacion confesando la inocencia de los acusados, y declarando su verdadero nombre, y que todo era invencion suya y de cierto prebendado de Granada, de quien habia recibido las instrucciones y ochenta reales diarios, como igualınente de otros realistas que se veían ya encumbrados á altos destinos en premio de sus intrigas, los cuales sepultaron los autos siete estados bajo tierra temerosos de nuevas pesquisas, y dejaron solo en la infamia de un calabozo al delator Berteau, que, reducido á la desesperacion y con visos de locura , se quitó la vida con sus propias manos. Habíase insertado en esta causa con suino misterio un documento en lengua árabe encontrado entre los papeles de Argüelles, cuyo documento mandó el juez traducir á tres moros marroquíes, y resultando una apunta

cion insignificante escitó la risa de todos. Wellington tras los france

Entre tanto lord Wellington liabia recibido algunos auxilios de tropas españolas, principalınente del cuarto ejército, por la negativa de pasar á Francia del conde de La Bisbal, que queria acercar sus huestes a la corte para auxiliar las maniobras de los realistas, y descargar el golpe de estado que no cesaban de meditar. Dada la batalla de Orthez, prosiguió picando la retaguardia de los franceses hasta. Tolosa , donde habiendo pasado el Garona , empeñóse la lid con tanto brio y decision por una y otra parte, que aunque los imperiales fueron lanzados por los españoles é ingleses de sus posiciones, cubriéronse de inmarcesible lauro, causando á sus contrarios pérdida superior á la suya,

ses.

Batalla de y disputando la palina de la victoria hasta tal Tolosa. punto que casi pudo decirse que la habian arrancado del campo de batalla á la par de los nuestros, y dividido con ellos sus gloriosas hojas. Alli perecieron generosa y denodadamente nuestros mas valerosos adalides, trocando una vida perecederà por la fama inmortal que su arrojo merecia: hasta el misino duque de Ciudad-Rodrigo corrió riesgos infinitos, entregándose á aquel denodado aliento que es el temple de los héroes. Cerca de cinco mil hombres perdieron los anglo-hispanos, pagando tambien las legiones de Napoleon con la sangre de sus mas acreditados guerreros el tributo al dios de las batallas. Los habitantes de Tolosa, encarainados en los tejados y campanarios de la ciudad, presenciaron aquel sangriento combate, á cuyo dado jugaban quizás las haciendas y vidas. Soult, de resultas de la refriega, abandonó á Tolosa, dejando en ella los heridos, artillería y deinas aprestos militares; y ocupáronla el mismo 12 de Abril - 1814. los aliados en medio de la pompa y prolongados víctores de los ciudadanos, que adictos unos á la casa de Borbon, y contentos otros con que se alejase de sus murallas el teatro de la guerra, compitiéronse en obsequiar á los soldados de la alianza.

En aquella tarde llegó la noticia de la entrada de los ejércitos del norte en París el 31 de Los aliados

en París. Marzo, donde el senado habia establecido un gobierno provisional, colocando á su frente al prin. cipe de Tayllerand, y desciñendo la corona imperial de las sienes de Napoleon Bonaparte. Vendido este ilustre capitan por sus inejores amigos, y teniendo de espaldas á la fortuna , deidad caprichosa que con tan propicio rostro le habia mira

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Ablicacion do, abdicó el solio primero en su hijo, y renunde Napoleon.

ciolo despues sin restricciones á nombre suyo y de su estirpe para: refugiarse en la isla de Elba del mediterráneo, que le señalaron sus eneinigos para perpetuo destierro. El 6 del inismo Abril, cediendo el senado á la iinperiosa necesidad impuesta por las potencias invasoras, llamó otra vez al trono de Francia á la familia de los Borbones, proclamó por rey á Luis XVIII, que aun permanecia en Inglaterra, y confió las riendas del gobierno hasta la llegada de aquel á su hermano el conde de

Artois en clase de lugar-teniente del reino. Retirada de .. El mariscal Suchet habia por fin evacuado Es

paña despues de haber volado las fortificaciones de Rosas, dejando guarnecidas á Barcelona, Tortosa , Figueras, Murviedro y otras plazas que bloqueaban los españoles, y dirigiendo sus huestes con rumbo á Narbona. Sabidas por este general y por

Soult las mudanzas ocurridas en París, convinieron Suspension despues de varios rodeos en una suspension de arde arinas,

mas seguida del convenio definitivo en virtud del Convenio.

cual debian los franceses entregar al gobierno es

pañol en un breve espacio de tiempo los fuertes Fin de la que todavía estaban en su poder. Tal término guerra.

tuvo la gloriosa guerra de la independencia, manantial fecundo de proezas y heroicidades, espejo de tribulaciones y constancia, que la España recordará siempre con orgullo; pero que fue el cimiento y piedra angular de sus futuros padeci: mientos y desgracias, cogiendo á manos llenas espinas y retama de aquella herinosa siembra de hazañas y patriotismo. Asi de una lucha de que debian salir fecunda la libertad del pueblo y con hondas raices , y el trono radiante de gratitud y beneficios colmando de ventura á los ciudadanos llenos de heridas y trabajados por la miseria , fruto de tan larga guerra, salieron la esclavitud y

esu

alto rango.es los honores de las plazaso

los quebrantos, las delaciones y la ignominia. Pero tiremos de la brida y volvamos nuestras iniradas á Gerona, donde han quedado Fernando y los infantes don Carlos y don Antonio.

Ausentáronse de aquella ciudad los reales viajeros el 28 de Marzo, y encamináronse á Tarra- 18o4.

Prin La familia gona, sin fijar las plantas en la capital del Principado, aunque recibian de las plazas ocupadas por camino. los franceses los honores y obsequios debidos á su alto rango. De alli trasladáronse á Reus, donde se detuvieron el 2 de Abril, encantados con el mágico alborozo y frenético ardimiento de la plebe y de las clases todas que enloquecian de amor al deseado Fernando, triunfante ahora en medio de los pueblos y adorado de ellos con la veneracion de un Dios. No hollaban sus pies una nacion libre y Ebriedad del orgullosa de sus derechos que pospone los hom- vulgo. bres y las coronas al augusto imperio de la ley: las señales mas humillantes de la esclavitud de oriente revelaban que el vulgo queria un señor que entre las libreas, los azotes y la horca, mezclase las dádivas de palacio y los empleos vendidos al favor. Necesario era un espíritu fuerte é ilustrado para no embriagarse con el humo de tanto incienso; para no adormecerse entre los perfumnes de las flores de los arcos levantados, entre la arinonia de las músicas militares, el atronador clamoreo de la multitud y los placemes de los mandarines hincados de rodillas. Habia pues llegado la hora de ensayar los grados del poder, de probar los quilates del entusiasmo, y de sacudir el yugo del impolítico decreto que marcaba hasta la ruta á un inonarca omnipotente. Segun el itinerario prescrito por las Cortes debia Fernando continuar su viaje por la costa del Mediterráneo hasta las inárgenes del Turia, y toinar alli el camino de Madrid; pero pretestando un escrito

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