Imagens das páginas
PDF
ePub

« que nunca he visto ni leido cosa semejante. Sin tener por dis« culpa desastres ni señaladas privaciones....... Hanse come« tido desmanes y excesos de toda especie, y se bau esperimena tado pérdidas que no debieran haber ocurrido....... »

Achacaba en seguida el general ingles muchas de estas faltas al descuido y negligencia de los oficiales de los regimientos, y prescribía atinadas reglas para aminorar el mal y destruirle en lo sucecivo. Prodajo esta circular maravilloso efecto.

Pasa á Cadiz Poco despues se trasladó Lord Wellington á Cádiz, Lord Wellington, á fin de concertarse con el gobierno español acerca de la campaña que debia abrirse en la primavera y tambien para dar descanso y recreo al ánimo despues de tan continudas fatigas. keciho lisonjero Llegó Welliogton á aquella ciudad el 24 de dicien)

que se le hace. bre : y la regencia y las córtes, y los grandes y los vecinos, todos se esmeraron en su obsequio. Dierunle los regentes el 20 an convite espléndido, al que asistió una comision de las cortes. En correspondencia hizo otro tanto el embajador británico sir Enrique Wellesley , hoy Lord Cowley, hermano del general, con la singalaridad de haber invitado a todos los diputados. Festejóle la grandeza de España, casi toda ella reuvida en Cádiz, como may adicta á la causa de la patria , celebrando ou suntuoso baile a que concurrió lo mas florido y bello de la poblacion. Quisieron turbar la fiesta mal intencionados, ó gente enojada de no haber sido parte en el convite , escribiendo una carta apónima á la condesa-daquesa de Benavente, duquesa tambien viuda de Osava, que por sus particulares respetos y elevadas circunstancias presidia la funcion: tratábase en su contenido de atemorizar á esta señora con el anuncio de que la cena estaba envenenada. Vislumbrose luego el objeto de tan falso y oficioso aviso, y lejos de alterarse la alegría, aumentóse dando lugar tal incidente á dopaires y chistosas agudezas. Otra casual ocurrencia hizo aquella noche subir mas de punto el comup gozo, y fue la noticia que entonces llegó de los desastres y completa ruina que iba sufriendo el ejército frances al retirarse de su campaña de Rasia : suaves recuerdos de hechos que presenciamos, tanto mas indelebles para nosotros, cuanto acaecieron en nuestra primera mocedad.

A tales diversiones y fiestas, grandes atendiendo a la estrrcheza de los tiempos, nacidas todas del entasiasmo mas puro y desinteresado, acompañaron ciertas y boporíficas muestras de aprecio, dispensadas a la persona de Lord Wellington. Debe considerarse como notable la de una comision que nombraron las cortes para irle á complimentar a su casa luego de su arribo á Cádiz ; paso preparatorio de una nueva y mayor distincion con que se le honró. Se le da asiento Fue esta recibirle las cortes dentro de su mismo

en las cortes. seno, y concederle asiento en medio de los diputados. Merced que Wellington tuvo en grande estima, como hijo de un

siciones

no es,

pais en cuyo‘gobierno tienen tapta parte los cuerpos representativos. Verificose esta ceremonia el 30 de diciembre. Presidia las córtes Don Francisco Ciscar*. Leyó Lord Wellington un dis-, cursọ sencillo en castellano, pero ecérgico, realzavdo (Ap. . 10.) el vigor de las palabras el acento mismo aspirado y fuerte com que le pronunció. Respondióle el presidente de las cortes ativadamente, si bien de un modo algo ostentoso, y propio solo de los tiempos en que Alejandro Farnesio* y el duque de Feria domiparon en Francia, y dentro mismo de los muros pa

da (*Ap. n. 11.) risienses.

No se crea que solo a ceremonias y apacibles entre Varias dispotenimientos se limitaron las ocupaciones de Lord Wel- sic

regencia. lington en Cádiz. Otras disposiciones y acuerdos se tomaron enderezados á dar iinpalso a la guerra, é introducir mayor sencillez en la administracion. La regencia habia por este tiempo refundido en cuatro ejércitos de operaciones con dos Nueva distride reserva los que antes se hallaban distribuidos eu bucion de los siete. Furmaba el primero el de Cataluña, y se puso á ejércitos espalas órdenes del general Copous y Navia. Él segundo Does. componíase del segundo y tercero de antes, y continuaba mandándole Don Francisco Javier Elio. El cuarto antiguo daba el ser al tercero nuevo, y á sa frente el duque del Parque. Constaba el cuarto de ahora de los anteriores quinto, sesto y séptimo, y regiale el general Castaños. De los de reserva debia organizarse uno en Andalucía al cuidado del conde del Abisbal : otro en Galicia al de Don Luis Lacy. De esta fuerza 50,000 hombres tenian que maniobrar á las inmediatas órdenes de Lord Wellington. Tambien á iostan: cia de la regencia promulgaron las cortes un* decreto con fecha 6 de enero del año entrante de 1813, en el (Ap. 1. 12., que se deslindabao las facultades de los generales, de los gefes políticos y de los intendentes, con otras disposiciones dirigidas a destruir, ó por lo menos suavizar todo ludimiento ó roce de las autoridades entre sí; tratáodose igualmente de mejorar la cueota y razov, y toda la parte administrativa : asunto árduo de sayo, y mas en aquella sazon, fecuvda en pretestos y disculpas que ofrecian los reveses y azares de la guerra misma.

En breve saliò Lord Wellington de Cádiz y pasó á Pasa Wellington Lisboa , siendo acogido en los pueblos portugueses á Lisboa. por donde transito desde Yelbes hasta el Tajo con regocijos públi. cos y arcos de triunfo muy engalanados. Acorde en estos viages con los gobiernos de la Peníosula, pado sosegadaineote Se prepara á prepararse á la ejecucion del plan de la campaña prò. nuevas campaxima, que pronosticaban dichosa los trofeos adqui- ñas. ridos entonces contra Napoleon , po menos en los templados y calurosos climas qne bañan el Tormes y el Manzanares, que en las frias y heladas regiones del Setentrion.

TOMO III.

Las cürtes. — Enagenacion de baldíos y propios. — Abolicion por las cortes del voto de

Santiago. - Declárase patrona de España á santa Teresa de Jesus. — Españoles compromelidos con el gobierno intruso. — Decretos de las cortes sobre este asuutu. - Mediacion inglesa para arreglar las desavenencias de América. - Tratado con Rusia. — Con Suecia. — Felicitacion de la princesa del Brasil Doña Carlota. – Nueva proposicion para nombrarla regenta. – Se rechaza. — Abolicion de la inquisicion. – Decreto de la aboli. cion de la inquisicion y manifiesto de las cortes. – Reforına de conventos y monasterios. - Mudanza de la regencia y sus causas. — Eleccion de nueva regencia. — Su instalacion en 8 de marzo. — Administracion de la regencia cesante. — Nuevo regiamento dado á la regencia. — Oposicion de prelados y cabildos á la publicacion de decreios sobre inquisicion. — Conducta del nuncio del papa. - Debates y resoluciones en las córtes sobre esta materia. — Causa formada á algunos canónigos de Cádiz. — Quejas de estos contra el ininistro Caro Manuel. — Resolucion sobre ello y debates en las cortes. - Altercados con el nuncio, y su estrañamiento. - Disputa de precedencia con la Rusia.

pios.

Las córtes.

Tiempo es ya de que volvamos a las cortes. En el que * va corrido desde la primavera de 1812, tratáronse en ellos muchos y varias cuestiones. La de reducir á propiedad particular los terrenos de baldíos ó realengos, y los de propios y. arbitrios de los pueblos, se empezó á ventilar en abril, y se prolongó hasta meses despues, interrumpida con otros debates. Al Enagenacion de exarnivarla llevarou las cortes el propósito de fomenbaldios y pro- tar la riqueza agrícola , aumentando el número de pro

pietarios, atender al pago de una parte de la deuda pública, y premiar debidamente a los defensores de la patria.

Hubo sobre la utilidad de esta medida pareceres diversos. Quien la ensalzaba esperaudo de su favorable resolacion cuantiosos bienes, quien la deprimia no viendo en ella sino engaño con apariencias falaces. Porque creiau muchos y no infundadamente que el atraso de la agricultura en España y la despoblacion de sas campos, no tanto pendia de los baldíos y los propios , como de otras diferentes y complicadas causas.

Contaban entre estas y de mas alto origen las conquistas, señaladamente la sarracénica, cuyas incursiones y destrozos, durando siglos, obligaron á preferir coino inas segura y movible la grangería meramente pecaaria á la rural ó de labor. Tambien las acumaladas y abusivas amortizaciones civil y eclesiástica y otros errores políticos, económicos y administrativos, que si bien comunes á otras paciones, sembráronse en la nuestra como á granel, y se reprodajeron y perpetuaron al amor de la desidia y de arraigadas

costumbres. La naturaleza misma ha paesto estorbos en el suelo peninsular a la estension del cultivo; poes en medio de comarcas y valles fertilísimos y amenos, abundau, seguo habia notado ya nuestro geopónico Herrera, los montes y las sierras peladas, los declives de capa vegetal muy somera, y las desnudas y pedregosas llanuras que al paso que desadornan: y afean la tierra, conviértenla á veces en árida y de poco provecho. Aumentan el daño la escasez de caudal de aguas de muchas proviocias, y las frecuentes sequias que agostan los campos prematuramento. Ademas hapse confundido en repetidas ocasiones terrenos incaltos pertenecientes á particulares con los baldíos, exagerando la importancia de estos, cuando aquellos quedaban eriales por la incuria de sus dueños ó. por la dificultad de romperlos y desbrozarlos.

En la discusion de las córtes luminosa bastante no todos se alucinaron imagipándose resaltarian abultados beneficios de la enagenacion y venta de los baldios y los propios. Notable fue el discurso del señor Aner , quien sin oponerse dió en contra razones sólidas que rebatieron en parte las de otros vocales no tan poderosas. Al fin aprobóse un decreto sobre la inateria que se promulgó en enero de 1813. Disponia este en sustancia: 1° reducir los terrenos baldíos ó realengos y de propios arbitrios asi en la Península como en ultramar a propiedad partícular; 20 emplear la mitad de los baldíos ó realengos en el pago de la deuda nacional, prefiriendo los créditos que tuviesen los vecinos de los pueblos en cuyo término se hallasen los terrenos ; 3o distribuir en suertes con el nombre de premio patriótico las tierras restantes de los mismos baldíos, ó las labrantías de propios y arbitrios, entre los oficiales de capitan abajo, y entre los sargentos, cabos y soldados casos que babiesen servido en la guerra de la independencia, y se hubiesen retirado con documento legítimo que acreditase su buen desenpeño; y 4o repetir gratuitamente y por sorteo las tierras entre los vecinos que las pidiesen, y no gozasen de propiedad.

Juzgaban los entendidos que no se seguiria utilidad grande y real de este decreto, porque conforme á su contesto poníanse muchas porciones de los terrenos erragenados en manos casi infructíferas, no asistiendo a la mitad quizá de los nuevos adquiridores la joilustria y el capital que se requieren para introducir y adaptar una oportuna y variada labranza. Pues sabido es que el progreso y la perfeccion de esta no consiste precisamente en dividir y subdividir las propiedades., sino en que estas no quedan abandovadas ; ni tampoco en cultivar macho, sino en caltivar bien y de modo que el prodacto peto de un terreno dado sea superior al de otro terreno de la misma estension y naturaleza; cuyo objeto no se logra por los escasos y debiles medios que acompañian al desvalido bracero, mas si por los que concurren en el hombre industrioso y acaudalado.

Ofrecíanse asimismo para la ejecacion de la medida tales obstá.

Abolicion

culos que hubo de dejarse al arbitro de las diputaciones provinciales señalar el tiempo y los términos de llevarla á cabo ; paes únicamente asi y «acomodando las providencias (seguo se espresa « el sabio autor de la ley agraria ) á la situacion de cada provincia, a y prefiriendo en cada una las mas convenientes, » puedeo sacarse ventajas de la enagepacion de los baldíos y los propios.

on Por entonces tambien abolieron las cortes el voto las cortes de de Santiago. Dábase tal nombre à uo antiguo tributo voto de Santiago. de cierta medida del mejor pan y del mejor vino que pechaban los labradores de algunas provincias de España para acudir a la manutencion del arzobispo y cabildo de Santiago y hospital de la misma ciudad; percibiendo tambien ava porcion, aunque muy corta, otras catedrales del reino. Fundábase particularmente la legitirnidad de esta exaccion en un pretendido privilegio que resultaha de un diploma falsernente atribaido al rey Don Ramiro I de Leon con la data en Calahorra del año de 872 de la era de César. A poyados en semejante docamento, lleno de inverosimilitosles, apacronismos y aun de estravagancias propias de la ignorancia de los tiempos en que se fraguó, siguieron realizando los canónigos de Santiago duraute siglos valores considerables sacados de las parvas y lugares de los agricultores de varias y distantes comarcas del reino : bien que no siempre sio resistencia. Pues hubo controversias y litigios en fin, degando a veces los pueblos hasta la autenticidad misma del privilegio : de donde pacierou fallos jurídicos, concordias y transacciones aboliendo ó alterando aquella carga en determinados distritos. El diploma estendia la obligacion del pago á toda España, como si los dominios de Don Ramiro po se encerrasen en estrechos límites, y no fuese su autoridad desconocida mas allá del territorio que comprendia la corona eutonces de Leon. Al conquistarse Granada tuvieron sus habitantes que soportar aquel tributo, habiéndolo dispuesto asi los Reyes católicos por la persuasion en que estaban de ser legítimo y auténtico el privilegio de Don Ramiro el I. Despues, aunque pareciese apócrifo , y aunque los pueblos tnesen obteniendo en su favor sentencias y decisiones de los tribunales, continuó el cabildo de Santiago y exigiendo el pago del voto, y hasta alcanzó del déb:l y piadoso Felipe III jurisdiccion privativa para verificar la cobranza por medio de jueces que

los mismos canónigos nombraban. Célebre fué el me(Ap. 1. 1.) morial* que contra el voto y en representacion de machas ciudades, villas y lugares escribió en el siglo XVII Lázaro Gonzalez de Acebedo, y mas célebre aun, si cabe, el del duque de Arcos en 1770 á Cárlos III sobre igual materia. Producia el voto en sus buenos tiempos muchos millones de reales, riodiendo en los nuestros apenas tres líquidos por la baja en el valor de los frutos y por el mayor retraimiento de los pueblos en satisfacerle con exactitud.

« AnteriorContinuar »