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Entra Lord

Portugal. .

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El desconcierto que nacia de tales incidentes junto con lo pantanoso é intransitable de los caminos, y lo hinchado de los arroyos que desunian las divisiones ó columnas, fue causa de que resultase entre dos de ellas un espacioso claro. Disgustado sir Eduardo Paget, y deseoso de averiguar en qué consistia, cabalgó de una á otra, en sazon justamente en que se interponia entre las columnas separadas un cuerpo de caballería enemiga que, cayendo de re

Cae prisionero pente sobre el general inglés, le bizo prisionero sin el general Paget. resistencia. Afortunadamente ignoraban los franceses la verdadera situacion de los aliados, sino otros perjuicios pudieran haberse seguido. Desde el Tórmes no hubo mas que cañoneo y escaramuza por ambas partes, con amago á veces de formalizarse campal batalla. Lord Wellington, cuya serenidad y presencia por do quiera alentaba y contribuia á que el soldado no diese suelta á su indisciplina, estableció en la noche del 18 sus cuarteles en Ciudad Rodrigo, y cruzando en los dias 19 y 20 el Agueda , piso

Lord en breve tierra de Portugal. Los españoles se dirigieWellington en ron por lo interior de este reino á Galicia; alojándose

otra vez en el Vierzo el sexto ejército para rehacerse y prepararse á nuevas campañas. Tornó Porlier á Asturias, y las

fuerzas de Extremadura que habian venido con Hill Pasan . Gali- se acuartelaron durante el invierno en Cáceres y puesexto ejército es. blos inmediatos; quedando cerca de Wellington po

cos cuerpos y guerrillas, de las que algunas regolfaron otra vez á Castilla.

Entre tanto el gobernador de Alba de Tórmes Don Defensa hon. José Miranda Cabezon, á quien encargó Wellington de Alba de Tór- sustentar el punto, condújose dignamente : reani

mando su espíritu , si menester fuera, la vista de aquellas paredes en donde se representaban todavía las principales batallas de que saliera vencedor en otro tiempo el inmortal duque de Alba Don Fernando Alvarez de Toledo. Solo Miranda, y ya lejos los ejércitos aliados, empezaron los enemigos á intimarle la rendicion. Respondió Miranda siempre con brio á los diversos requerimientos, no desperdiciando coyuntura de hacer salidas y coger prisioneros. Ocuparon luego los franceses los lugares altos para descubrir á los nuestros que se defendian bravamente detras de los muros, de las ruinas y parapetos del castillo. Asi continuaron hasta el 24 de noviembre, en cuya noche resolvió el gobernador evacuar aquel recinto, dejando solo dentro al teniente de voluntarios del Ribero, Don Nicolas Solar, con 20 hombres, 33 enfermos y 112 prisioneros hechos en las anteriores salidas. Ordenó á este su gefe sostener fuego vivo por algun tiempo para cubrir al sitiador la escapada de la guarnicion. Al ser de dia llegó Miranda con los suyos al Carpio, pero teniendo que andar por medio de los enemigos y de sus puestos avanzados, vióse obligado

pañol y Porlier.

rosa del castillo

mes.

Cuarteles de

Portugal.

para evitar su encuentro á marchar y contramarchar durante los dias 25, 26 y 27, hasta que el 28, favorecido por un movimiento de los contrarios, y ejecutando una marcha rápida , se desembarazo de ellos, y se acogió libre al puerto del Pico. Antes de salir Miranda del castillo se correspondió con el general francés que le sitiaba, y en el último oficio dijole* : « Emprendo la salida

(* Ap. n. 9.) « con mi guarnicion ; si las fuerzas de V. S. me en- ' e contrasen, siendo compatibles, pelearemos en campo raso. Dejo « á V. S. el castillo con los enseres que encierra, particularmente « los prisioneros , á quienes he mirado con toda mi consideracion, « y omito suplicar á V. S. tenga la suya con el oficial, enfermos « y demas individuos que quedan á su cuidado, supuesto que sus « escritos me han hecho ver la generosidad de su corazon. » Celebró debidamente Lord Wellington el porte de Miranda, y tributáronle todos justas alabanzas.

Penetrado que hubo en Portugal el general inglés o tomó cuarteles de invierno, acantonando su gente en Wellington en una linea que se extendia desde Lamego hasta las sierras de Baños y Béjar, asi para proporcionarse vituallas con mayor facilidad, como para atalayar todos los pasos, y de manera que pudieran sus diferentes cuerpos reconcentrarse con celeridad y presteza. Los franceses por su parte tomaron varios Dividense los rumbos y posiciones, esparciéndose por Castilla la franceses. Vieja á las órdenes de Souham y Caffarelly sus ejércitos de Portugal y el norte, y revolviendo sobre Castilla la Nueva , regidos siempre por el rey intruso y los mariscales Jourdan y Soult, los del centro y mediodia,

En la tarde del 3 de diciembre entró de nuevo José Vuelve José á en Madrid, enluteciéndose los corazones de los veci- Madrid. nos, comprometidos cada vez mas con idas y venidas de unos y otros, y abrumados de cargas y de no interrumpidas infelicidades y desventuras. Mandó no obstante el gobierno intruso que se iluminasen las casas por el espacio de tres dias en celebridad del retorno de su monarca, quien se mostró aun mas placentero y apacible que lo que lenia de costumbre. Las demostraciones de alegría apesadumbraban a los moradores en vez de divertirlos y entretenerlos, mirándolas como mofa de sus miserias : ocasion bastante, cuando no fuera ayudada de tantas otras, para que creciese la indignacion en los pechos.

Repartidas las tropas británicas, segun hemos di- Circular de Lord cho, y aseguradas en sus puestos , pasó Wellington Wellington, una circular á todos los comandantes de los cuerpos, notable por sus razones y oportunos reparos, y por inferirse tambien de su contexto el desarreglo y la insubordinacion á que habian llegado los soldados ingleses. «La disciplina del ejército de mi mando « (decia Wellington) en la última campaña ha decaido á tal punto, a que nunca he visto ni leido cosa semejante. Sin tener por dis« culpa desastres ni señaladas privaciones...... Hanse come« tido desmanes y excesos de toda especie, y se han experimen« lado pérdidas que no debieran haber ocurrido...... »

Achacaba en seguida el general inglés muchas de estas faltas al descuido y negligencia de los oficiales en los regimientos, y prescribia atinadas reglas para aminorar el mal y destruirle en lo sucesivo. Produjo esta circular maravilloso efecto.

Pasa a Cádiz Poco despues se trasladó Lord Wellington á Cádiz, LordWel.ington. á fin de concertarse con el gobierno español acerca de Ja campaña que debia abrirse en la primavera, y tambien para dar descanso y recreo al ánimo despues de tan continuadas fatigas. Recibo lisonjero Llegó Wellington á aquella ciudad el 24 de diciemque se le hace. bre : y la regencia y las cortes, y los grandes y los vecinos, todos se esmeraron en su obsequio. Diéronle los regentes el 26 un convite espléndido, al que asistió una comision de las córtes. En correspondencia hizo otro tanto el embajador británico sir Enrique Wellesley , hoy Lord Cowley, hermano del general, con la singularidad de haber invitado a todos los diputados. Festejóle la grandeza de España, casi toda ella reunida en Cádiz, como muy adicta á la causa de la patria , celebrando un suntuoso baile á que concurrió lo mas florido y bello de la poblacion. Quisieron turbar la fiesta mal intencionados, ó gente enojada de no haber sido parte en el convite , escribiendo una carta anónima á la condesa-duquesa de Benavente , duquesa tambien viuda de Osuna, que por sus particulares respetos y elevadas circunstancias presidia la funcion : tratábase en su contenido de alemorizár á esta señora con el anuncio de que la cena estaba envenenada. Vislumbróse luego el objeto de tan falso y oficioso aviso, y lejos de alterarse la alegría, aumentóse, dando lugar tal incidente á donaires y chistosas agudezas. Otra casual ocurrencia hizo aquella noche subir mas de punto el comun gozo, y fue la noticia que entonces llegó de los desastres y completa ruina que iba sufriendo el ejército francés al retirarse de su campaña de Rusia : suaves recuerdos de hechos que presenciamos, tanto mas indelebles para nosotros, cuanto acaecieron en nuestra primera mocedad.

A tales diversiones y fiestas, grandes atendiendo a la estrecheza de los tiempos, nacidas todas del entusiasmo mas puro y desinteresado , acompañaron ciertas y honoríficas muestras de aprecio, dispensadas a la persona de Lord Wellington. Debe considerarse como notable la de una comision que nombraron las cortes para irle á cumplimentar a su casa luego de su arribo á Cádiz; paso preparatorio de una nueva y mayor distincion con que se le honró. Se le da asiento Fue esta recibirle las cortes dentro de su mismo , en las cortes. seno, y concederle asiento en medio de los diputados. Merced que Wellington tuvo en grande estima , como hijo de un

Varias disposi

gencia.

Nueva distri

les.

pais en cuyo gobierno tienen tanta parte los cuerpos representativos. Verificose esta ceremonia el 30 de diciembre. Presidia las cortes Don Francisco Ciscar*. Leyó Lord Wellington un discurso sencillo en castellano, pero enérgico, realzando

("Ap. . 10.)

' el vigor de las palabras el acento mismo aspirado y fuerte con que le pronunció. Respondióle el presidente de las cortes atinadamente, si bien de un modo algo ostentoso, y propio solo de los tiempos en que Alejandro Farnesio* y el duque de Feria dominaron en Francia, y dentro mismo de los muros parisienses.

(* Ap. n. 11.) No se crea que solo a ceremonias y apacibles entretenimientos se limitaron las ocupaciones de Lord Wel- ciones de la relington en Cádiz. Otras disposiciones y acuerdos se tomaron enderezados á dar impulso á la guerra, é introducir mayor sencillez en la administracion. La regencia habia por este tiempo refundido en cuatro ejércitos de operaciones con dos de reserva los que antes se hallaban distribuidos en bucion de los siete. Formaba el primero el de Cataluña, y se puso á ejércitos españolas órdenes del general Copons y Navia. El segundo componíase del segundo y tercero de antes, y continuaba mandándole Don Francisco Javier Elio. El cuarto antiguo daba el ser al tercero nuevo, y á su frente el duque del Parque. Constaba el cuarto de ahora de los anteriores quinto, sexto y séptimo, y regiale el general Castaños. De los de reserva debia organizarse uno en Andalucía al cuidado del conde del Abisbal : otro en Galicia al de Don Luis Lacy. De esta fuerza 50,000 hombres tenian que maniobrará las inmediatas órdenes de Lord Wellington. Tambien á instancia de la regencia promulgaron las córles un* decreto ..

(* Ap. n. 12 ) con fecha 6 de enero del año entrante de 1813, en el que se deslindaban las facultades de los generales, de los gefes políticos y de los intendentes, con otras disposiciones dirigidas á destruir , ó por lo menos suavizar todo ludimiento ó roce de las autoridades entre sí; tratándose igualmente de mejorar la cuenta y razon , y toda la parte administrativa : asunto arduo de suyo, y mas en aquella sazon, fecunda en pretextos y disculpas que ofrecian los reveses y azares de la guerra misma.

En breve salió Lord Wellington de Cádiz y pasó á Pasa Wellington Lisboa, siendo acogido en los pueblos portugueses á Lisboa. por donde transitó desde Yelbes hasta el Tajo con regocijos públicos y arcos de triunfo muy engalanados. Acorde en estos viages con los gobiernos de la Península, pudo sosegadamente s prepararse á la ejecucion del plan de la campaña pró- nuevas campaxima, que pronosticaban dichosa los trofeos adqui-" ridos entonces contra Napoleon, no menos en los templados y calurosos climas que bañan el Tórmes y el Manzanares, que en las frias y heladas regiones del Setentrion. . III.

11

Se prepara á nuevas campañas.

Las cortes. — Enagenacion de baldíos y propios. — Abolicion por las córles

del voto de Santiago. – Declárase patrona de España á santa Teresa de Jesus. — Españoles comprometidos con el gobierno intruso. — Decretos de las córtes sobre este asunto. — Mediacion inglesa para arreglar las desavenencias de América. – Tratado con Rusia. – Con Suecia. - Felicitacion de la princesa del Brasil Doña Carlota. - Nueva proposicion para nombrarla regenta. - Se rechaza. — Abolicion de la inquisicion. – Decreto de la abolicion de la inquisicion y manifiesto de las cortes. — Reforma de conventos y monasterios. — Mudanza de la regencia y sus causas. — Eleccion de nueva regencia. — Su instalacion en 8 de marzo. — Administracion de la regencia cesante. — Nuevo reglamento dado a la regencia. - Oposicion de prelados y cabildos á la publicacion de decretos sobre inquisicion. - Conducta del nuncio del papa. -- Debates y resoluciones en las cortes sobre esta materia. — Causa formada á algunos canónigos de Cádiz. Quejas de estos contra el ministro Cano Manuel. Resolucion sobre ello y debates en las córtes. — Altercados con el nuncio, y su extrañamiento. - Disputa de precedencia con la Rusia.

Enagenacion de

pios.

Las cortes. Tiempo es ya que volvamos á las cortes. En el que

va corrido desde la primavera de 1812, tratáronse en ellas muchas y varias cuestiones. La de reducir á propiedad particular los terrenos de baldíos ó realengos, y los de propios y arbitrios de los pueblos, se empezó á ventilar en abril, y se prolongó hasta meses despues , interrumpida con otros debates. Al

examinarla llevaron las cortes el propósito de fomenbaldios y pro- tar la riqueza agrícola , aumentando el número de pro

pietarios , atender al pago de una parte de la deuda pública , y premiar debidamente a los defensores de la patria.

Hubo sobre la utilidad de esta medida pareceres diversos. Quien la ensalzaba esperando de su favorable resolucion cuantiosos bienes; quien la deprimia no viendo en ella sino engaño con apariencias falaces. Porque creian muchos y no infundadamente que el atraso de la agricultura en España y la despoblacion de sus campos, no tanto pendia de los baldíos y los propios, como de otras diferentes y complicadas causas.

Contaban entre estas y de mas allo origen las conquistas, señaladamente la sarracénica, cuyas incursiones y destrozos, durando siglos, obligaron á preferir como mas segura y movible la grangería meramente pecuaria á la rural ó de labor. Tambien las acumuladas y abusivas amortizaciones civil y eclesiástica y otros errores políticos, económicos y administrativos, que si bien comunes á otras naciones, sembráronse en la nuestra como á granel, y se reprodujeron y perpetuaron al amor de la desidia y de arraigadas

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