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« den en la parte de hacienda militar; no una táctica uniforme y « fija: no, nada de esto; tal vez pareceria demasiado; pero ni « siquiera se ha pensado en la menor de estas cosas: por lo que « resulta de la memoria del secretario del despacho , providencias' « escasas y descosidas, abandono de sn misma ejecucion, y una « inconexion tan grande entre ellas que solo puede ser hija del « descuido mas culpable. La comision se ha hecho cargo de las « circunstancias en que la nacion se ha visto; ofrecían grandes « obstáculos para seguir una misma regla en todas las provincias;

■ pero no cree que impidiesen adoptar en unas un plan fijo, y en

• otras acomodarlo á las variaciones que dictase su posicion. Ade« mas, despues que la España se ha ido evacuando, ¿qué causas « estorbaban el haber meditado un plan general para estas pro

• vincias del mediodía? ¿Qué el tener un sistema arreglado en « Galicia, provincia extensa y de recursos, y que afortunadamente « se halla libre de enemigos hace tanto tiempo?.... La falta de « medios es la queja mas frecuente del secretario del despacho de « la guerra para cubrir el desorden que se nota , pero ¿ cómo nos « podrá persuadir de su verdad cuando el gobierno procura por « todos los medios aumentar el número de hombres de los ejér« citos, los que, segun la memoria de este secretario, han recibido « uu incremento considerable desde el mes de febrero del año « pasado acá? Pues, ¿cómo la regencia acrecentaría este número « si no fuera porque antes habia consultado los medios con que

• contaba? Y ¿cómo entonces se lamenta de su escasez el secre« tario del despacho? Una de dos, ó este señor se equivoca, ó la « regencia procedió ligeramente, cuidándose solo de amontonar « hombres que nominalmente y nada mas reforzasen nuestros ejér

■ citos. La comision en su informe ha desentrañado bien esta < cuestion....!

Omitimos otros pormenores del citado discurso y del rumbo que la discusion llevó, por no apartarnos demasiadamente de nuestro propósito. Pero en ella trazóse un cuadro fiel, si bien lóbrego y de tintas muy pardas, del estado administrativo de la nacion, deque fueron causa descuidos de la regencia, los estragos é índole de la guerra, yantes que todo el atraso y escasez entre nosotros de conocimientos prácticos de verdadera y bien entendida administracion: los cuales se alcanzan tarde aun en los paises mas cultos, engañados los hombres al estallar de los trastornos políticos con el falso halago de teorías nuevas, en apariencia perfectas, aunqueen realidad defectuosas; y llegándose solo á razon pocoá poco y despues de muchas caidas. Tenian estas que ser mayores y mas frecuentes en España, nacion rezagada, en donde los ministros por ilustrados que sean vagarán errantes, todavía durante años, faltos de buena ayuda ó circuidos tan pronto de hombres meramente especulativos, tan pronto de empleados antiguos llenos de preocupaciones y añejos estilos: siendo de advertir ademas que los experimentos en semejante materia son casi siempre costosos y muy contingentes en sus resultas por rozarse en la aplicacion con los intereses mas esenciales de toda sociedad humana, y hasta con su vida y andar habitual.

Pero la discusion suscitada perjudicó al gobierno en la opinion, y acreciéronse entre él y las córtes los disgustos y sinsabores, á punto que se creia próximo un rompimiento desagradable y ruidoso. Y no faltó quien sospechase irian las cosas muy allá, suponiendo en la regencia, ó en alguno de sus individuos, la mira siniestra de destruir las córtes, ó de tomar por lo menos providencias violentas con los principales caudillos del partido liberal. Daban para ello pie indiscreciones de amigos de la misma regencia, artículos amenazadores de periódicos que la defendian, conversaciones livianas de alguno de sus ministros, tanteando el modo de pensar de ciertos gefes de la guarnicion; tambien el acercarse al puerto de Santa María tropas bajo pretexto de que se fuera formando el ejército de reserva llamado de Andalucía, y en fin, la presencia allí del conde del Abisbal, á quien se le consideraba ofendido por su salida de la regencia, y capaz de meterse en cualquier empeño, por arrojado que fuese, contal que satisficiese rencorosos enojos: y eso que no se le tachaba aun de veleidoso y mudable, ni con justicia podia comparársele entonces, como quizá despues, á aquel Planeo, de quien los antiguos dijeron que era ( *AP. U. »g.) morbo porditor.

Traia muy alterados los ánimos la coincidencia de tales hechos, llegando á su colmo el desasosiego y la inquietud de los liberales al cundir la nueva en la noche del 7 de marzo de que Don Cayetano Valdés, gobernador de Cádiz, acababa de ser exonerado de su puesto por la regencia, acto que se miró como precursor de violencias, é indicante de que se quería seguir por el escabroso y ahora olvidado sendero de lo que antes se llamaba razon de estado.

Confirmaba mas y mas semejante recelo el haber recaido el mando militar y político en Don José María Alós, gobernador de Ceuta, sugeto á quien se tenia entonces por de opiniones del todo opuestas á las del partido reformador, y que habiendo venido á Cádiz pocos dias antes y conferenciado largamente con la regencia, parecía destinado á cumplir órdenes ilegales y de atropellamiento, ya respecto de las córtes, ya de sus individuos. A lo menos hubo de esto entre los diputados repetidos indicios y aun avisos, los cuales ahora mismo creemos uo carecian de fundamento.

El Don Cayetano, de quien ya hemos tenido tanta ocasion de hablar honrosamente, infundia en todos confianza ciega, y mientras él permaneciese mandando, nadie temía que la regencia saltase fuera del circulo de sus facultades, no siendo hombre Valdés de entrar en manejos ni ligas, ni de apartarse del órden legal, y sí solo marino rígido, cortado á traza y modelo que en nuestra mente formamos de un español antiguo, de un Don Alvaro de Bazan, ó de un Antonio de Leyva.

Para descubrir la causa primera de la separacion de Valdés, será bien volver al asunto de la abolicion del santo oficio. Dijimos entonces habian decidido las cortes se leyese en todas las parroquias de la monarquía por tres domingos consecutivos un manifiesto en que se exponían los fundamentos que se habian tenido presentes para decretar dicha abolicion; providencia que tomada solo con el buen deseo de ilustrar la opinion de los pueblos, interpretáronla torcidamente los partidarios de la inquisicion, y la miraron como inmoderado é insultante abuso del triunfo obtenido. Con eso en Cádiz y otros puntos crecieron cada dia mas los enredosy maquinaciones de los fanáticos y sostenedores de rancias y falsas doctrinas, ya porque victoriosas las armas aliadas, y libres muchas provincias, despertábase á la esperanza la ambicion de todos, ya porque dando la reforma agigantados pasos1, temiánse sus enemigos que si se descuidaban no podrian contener el rápido progreso de aquella , ni avasallar á los que la protegian y le daban impulso. Era centro de semejantes manejos el nuncio de su santidad Don Pedro Gravina, hermano del general Don Federico que mandaba la escuadra española en el combate de Trafalgar, y pereció gloriosamente de heridas recibidas allí- Apoyaban al nuncio varios obispos que tenian sus diócesis en provincías ocupadas, y se habian acogida á las libres, señaladamente á Mallorca y Cádiz, é igualmente, aunque por debajo de cuerda, estimulábale á la oposicion la misma regencia, gobernada ahora por Don Juan Perez Villamil.

Que se urdia trama entre individuos del clero contra el decreto de la inquisicion y la lectura del manifiesto, traslucíase por muchas partes; y al fin se tuvieron noticias ciertas de ello por medio de un aviso secreto que recibió el diputado eclesiástico Don Antonio Oliveros, de que se habia pasado al cabildo de la catedral de Cádiz cierta circular, haciéndole sabedor de un acuerdo tomado en la misma ciudad entre varios prelados y personas conspicuas para impedir sin embozo la publicacion en los templos del citado manifiesto. Directamente tambien el nuncio ofició sobre ello á la regencia* en 5 de marzo, «tendiendo sus reclamaciones A n hasta contra el decreto mismo de la supresion de la inquisicion, que ofendia (segun espresaba) «á los derechos y « primacía del romano pontífice, que la habia establecido como « necesaria y muy útil al bien de la Iglesia y de los fieles. » Yes de advertir que esta nota se escribió en derechura á la regencia, y se puso en manos de su presidente, sin remitirla por el conducto regular del ministerio de estado.

Requeríase para la ejecucion de lo que se proyectaba la separacion de Valdés, aunque no fuesen tan allá, como algunos se imagi■aban, los aviesos intentos de los maquinadores, y se limitasen solamente á estorbar la lectura del manifiesto y publicacion en las iglesias del decreto de abolicion del santo oficio. Porque Valdés no chanceaba cuando hablaban las leyes, y á él correspondía, como autoridad suprema de Cádiz, hacer que en esta ciudad se cumpliesen las dadas por las cortes respecto de la inquisicion. Que no era ademas partidario suyo habíalo probado ya felicitando á las córtes, por haberla suprimido, á la cabeza del ayuntamiento gaditano, cuya corporacion presidia.

Tocaba ser el domingo 7 de marzo, cuando en Cádiz debian leerse por primera vez el manifiesto y decretos insinuados. Con los rumores y hablillas que habian corrido ansiaban todos llegase aquel dia, y asombrados quedaron al cundir la noticia en la noche del sábado 6, de haber la regencia del reino quitado el mando al gobernador militar y gefe político Don Cayetano Valdés. No tuvo por tanto efecto en la mañana del domingo lo providenciado por las córtes, permaneciendo silenciosos los templos, sin que se leyese en sus pulpitos nada de lo mandado acerca de inquisicion. Tal desobedecimiento alteró sobremanera á los diputados liberales y al público sensato, recelándose muchos fuese cierto que se queria atropellar alevemente á varios individuos de las córtes; plan atribuido á la regencia, cuyos malos deseos, por mas que se comprimiesen y ocultasen ,i traslucíanse y reverberaban.

Preparados los diputados liberales creyeron ser coyuntura aquella de arrojarse á todo y y jugar á resto abierto. Aguardaron sin embargo á que la regencia se explicase. Llegó luego este caso en la sesion del lünes 8, en que dió parte el ministro de gracia y justicia , por medio de un oficio, de tres exposiciones que le habian dirigido el vicario capitular de la diócesi de Cádiz, los curas párrocos de la misma ciudad, y el cabildo de la iglesia catedral; alegando lasgrazones que les habian impedido llevar á debido cumplimiento el decreto de 22 de febrero que mandaba se leyese en todas las parroquias de la monarquía el manifiesto de la abolicion de la inquisicion. Paso descaminado de parte de la regencia, y por el que resulta contra ella, ó que obraba de connivencia con el clero, ó que carecía de suficiente firmeza para hacer se obedeciesen las determinaciones supremas.

Los diputados que estaban concertados de antemano pudieron, y asi se acordó, que se declarase permanente aquella sesion hasta que se terminase el negocio del dia. Habló primero el señor Teran, pronunciando un discurso que conmovió al auditorio, diciendo en f* A n 3i 1 conte,tacion * varias razones alegadas por el clero": * « :Ojalá se hubiese tenido siempre presente el de- « coro y respeto debido á tan santos lugares, y que no se hubiese « profanado la casa del Señor y la cátedra del Espíritu Santo, ■ alabando, ¿á quién?... al perverso Godoy; á ese infame fa« vorito, símbolo de la inmoralidad y corrupcion que ha precipi

« fado á la nacion en un abismo de males! ;Profanacion de

« templo por leer el decreto de V. M., cuando hemos visto eolo« cado el inmundo retrato de aquel privado á la derecha del altar « mayor!... ¿Cómo no lo rehusaron entonces? ¡Ah, señor!

« El celo y la piedad parece estaban reservadas para oponerse « únicamente á las resoluciones soberanas dictadas con toda ma« durez,y para frustrar las medidas que con la mas sana inten■ cion proponemos los que nos gloriamos de conocer y amar la « verdadera religion, y procuramos en todo el mayor bien de la « patria Sefior, yo no puedo mas....» Embargaron aqui abundantes lágrimas la voz del orador; lágrimas sentidas que brotaban del corazon, y que produjeron efecto maravilloso, como que no eran fingidas ni de aparato, á la manera de otras que en semejantes casos hemos solido ver.\

Tomó en seguida la palabra el señor Arguelles, y despues de un discurso notable concluyó por formalizar esta proposicion. « Que

• atendiendo á las circunstancias en que se hallaba la nacion, se « sirviese el congreso resolver que se encargasen provisional

« mente de la regencia del reino el número de individuos del « consejo de estado de que hablaba la constitucion en el artí« culo 189, agregándole, en lugar de los individuos de la diputa

• cion permanente, dos individuos del congreso; y que la elec« cion de estos fuese en público y nominal.»

El artículo de la constitucion que aqui se citaba deeia: « En « los casos en que vacare la corona siendo el príncipe de Asturias « menor de edad, hasta que se junten las córtes estraordinarias, « si no se hallaren reunidas las ordinarias, la regencia provisional « se compondrá de la reina madre, si la hubiere, de los diputados « de la diputacion permanente de las córtes, los mas antiguos por « órden de su eleccion en la diputacion, y de dos consejeros del

• consejo de estado los mas antiguos, á saber: el decano y el que « le siga: sino hubiere reina madre, entrará en la regencia el con« sejero de estado tercero en antigüedad.

Idéntico en nada este caso con el actual podia solo descubrirse la conformidad entre ambos, ó á lo menos la semejanza, atendiendo á la urgencia y sazon del tiempo, y á querer ciertos diputados precaver, madrugando, los malos designios que suponían en la regencia. Asi que aprobóse con gran mayoría la proposicion del señor Arguelles, si bien no se puso en ejecucion mas que la primera parte, esto es la de « que se encargasen de la regencia provisional « los tres consejeros de estado mas antiguos, » suspendiéndose la otra en que se hablaba de diputados por consideraciones personales y laudables, rehuyendo siempre estos de que se les achacasen miras interesadas en donde no llevaban sino las del bien del estado.

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