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res del Arzobispo-almirante de Burdeos, se consideró generalmente ridícula y tuvo merecida respuesta, como es de suponero, vista la cual Cochrane puso en ejecución su proyecto atacando en la noche del 2 de Octubre o con buques, bombarderas y coheteras, para recibir desencanto; los formidables agentes destructores de su amenaza no produjeron otro efecto que el de acreditar más la conocida intrepidez con que sabía afrontar el peligro; ni lo hicieron en segundo experimento la noche del 5, en que lanzó un brulote que estalló á larga distancia de nuestra línea, sin causar daño, por consiguiente, incendiado por alguna de las balas rojas de los bajeles españoles, que, aun siendo noche obscura, sirvieron la artillería con rapidez y certeza que maravilló al lordo. Poco contento el almirante volvió al fondeadero de San Lorenzo, desde donde usó de algunos ardides para atraer á los españoles, entre ellos el simular que una fragata mercante intentaba tomar el puerto y la perseguían los suyos, siendo lo particular que el burlador saliera burlado, pues en la corta separación intencional que hizo de la boca de la bahía, entró sin accidente una fragata verdaderamente española con medio millón de pesos en plata. Otro incidente raro acaeció con la recalada sobre el Callao de la fragata Prueba, que, habiendo salido de Cádiz en

* Según Torrente y el general Camba; Bulnes lo anticipa á la noche del 1.° En la Gaceta de Madrid de 16 de Mayo de 182o se publicó parte oficial de D. Antonio Vacaro.

* Véase Apéndice núm. 4 de este capítulo.

* La fragata mercante Resolución, que al ocurrir los ataques se confió á D. Dionisio Capaz, aunque encausado, á petición suya, muy honrosa, estaba dispuesta con hornillo para caldear las balas. Bulnes publicó un despacho de Cochrane al ministro de Marina de Chile, en que es de notar este párrafo, copiado por el señor Conde de Torata (t. III, pág. 2o4): «He notado también un espíritu muy diferente al que parecia animar antes á los artilleros enemigos. Ellos ahora tiran de sus baterías y fuertes con la obvia intención de destruir. Yo no puedo conjeturar la causa de esto; pero temo que hayan sido excitados á ello por bajas y feas imputaciones fabricadas por el Gobierno español, especialmente sus escandalosas insinuaciones relativas á lo que ellos (y los que no eran ellos) llaman el asesinato en la punta de San Luis.»

Si por la frase se entendiera que estaba Cochrane en la persuasión de que los

artilleros no tirarían á dar, alguna cosa habría que disminuir al arrojo de la acometida

conserva de los navíos San Telmo y Alejandro, como queda explicado ", no sabía nada de lo ocurrido en el Pacífico, ni sospechar podía que existiera una escuadra chilena. La vista de los buques, su número y disposición bastaron, sin embargo, para hacer comprender al comandante D. Melitón Pérez del Camino que algo inesperado y grave habría ocurido en el tiempo de su navegación, é hizo rumbo á Guayaquil”, sin que Cochrane, que la creyó ballenera norteamericana, la diera caza. Cuán otro fuera el caso, y aun el giro de la guerra, si los dos navíos mencionados llegaran con ella! Debió convencerse el lord de que los cohetes y los brulotes no le harían dueño del Callao, toda vez que, levantando el bloqueo, hizo vela con parte de la escuadra hacia el Norte, y envió á Pisco á la fragata Laúfaro, bergantín Galvarino y brulote 7 erezana, con 4oo hombres de desembarco, á las órdenes de los jefes ingleses Charles y Miller, y una batería de coheteros del capitán Hind. En lo último desobedecía las órdenes del Gobierno chileno, que terminantemente le había prohibido hacer desembarcos en la costa o; pero no solía ser, de ordinario, mucho mayor su respeto á las que se le daban. Guise, comandante de esta división, verificó el desembarco el 7 de Noviembre, avanzando su tropa en cuatro grupos hacia la villa, donde el general D. Manuel González disponía de 4oo infantes y unos 8o caballos de milicias, con cuatro piezas de campaña, servidas por artilleros europeos, que hicieron buena defensa; los milicianos, por el contrario, se desbandaron, abandonando el lugar, aunque no sin causar pérdidas al enemigo. Los dos jefes del desembarco, Charles o y Miller, cayeron gravemente heridos, y el primero murió de resultas á bordo. Cuatro días estuvieron en tierra los invasores, ocupándose en embarcar aguardiente y ganado, después de lo que incendiaron los almacenes, causando daño de mucha entidad. Lord Cochrane fué en tanto al río de Guayaquil con intento de dar un golpe de mano á la fragata Prueba, sabiendo ya que allí se había refugiado. Cuanto cabe imaginar hizo para vencer el peligroso obstáculo de los bancos y bajos, remontando la corriente en la noche del 27. El siguiente día apresó dos grandes fragatas del comercio de Lima, cargadas de tablazón y armadas con 2o cañones cada una. La Prueba no estaba á su alcance, puesta al abrigo de las baterías. Se detuvo, sin embargo, en aquellas aguas hasta el 13 de Diciembre en que se retiró con las presas, camino del Sur.

1 Capítulo vI de este tomo. -o Parte publicado en la Gaceta de Madrid de I.o de Julio de 182o. o Bulnes, t. I, páginas 322 y 323. * Había sido en Europa ayudante del general sir Robert Wilson. Tenía las cruces de San Jorge de Rusia, del Mérito de Prusia y de María Teresa de Austria. El Conde de Torata, t. III, pág. 2o4.—Bulnes, no obstante lo conseguido, calificó de desastrosa á la jornada.

APÉNDICES AL CAPÍTULO VIII

NUMERO I

Combate de la fragata «Esmeralda» con la insurgente «Laútaro».

Hay datos suficientes para juzgar que ocurrió el encuentro tal como se refiere en el texto. Existen: el parte dado por D. Luis Coig al comandante de Marina del Callao, trasladado por éste al Ministerio de Marina con elogio; el que dirigió el segundo comandante de la Laútaro, José Argent Turner, á sus superiores, y las Memorias del general Miller, al servicio de los independientes del Sur, que iba á bordo en calidad de comandante de Artillería. De ellas se sirvió nuestro general Camba para tratar en las suyas del incidente. La diferencia esencial entre todas estas relaciones consiste en el final de la acción, pues mientras dicen unas que la Laútaro huyó, afirman las otras que huyó la Esmeralda, quedando en duda quién dió caza á quién.

Torrente, parco en pormenores, consigna que los chilenos tuvieron 2o muertos, á más del comandante O'Brien, y muchos heridos y ahogados. No indica las fuentes consultadas, siendo de presumir serían las españolas, que para toda la obra le sirvieron. El mariscal de campo D. Jerónimo Valdés, queriendo hacer nuevo cargo al virrey Pezuela en la enconada contienda de papeles cruzados", asentó ser público que la fragata Laútaro atravesó nuestro crucero de Valparaíso sin encontrar la menor resistencia, no llevando más que 12 cañones de á 12 y la cuarta parte de la tripulación que le correspondía; que la Esmeralda levantó después el bloqueo de Valparaíso sin suficiente causa, y, sin embargo, no se formó sobre este importante incidente la sumaria que correspondía. Coig recibía con este escrito, por carambola, golpes que no le iban dirigidos, ni en justicia cabía dirigirle. Nadie mejor que los chilenos podían saber cuál era el armamento de su fragata, y todos sus escritores lo hacen consistir en 44 á 52 cañones, y en 35o á 4oo hombres. Así Bulnes”, así García Reyes o, así Miller ", así Barros Arana, que condensa lo dicho por los más y no olvida contar que el capitán O'Brien había tenido la precaución de poner en sus buques la bandera inglesa (precaución que de entonces acá no han omitido los buques chilenos), y que el primer ensayo no fué muy feliz, pero que bastó para intimidar á los marinos españoles, que hasta entonces habían mirado con el más soberano desprecio todos los esfuerzos que hacía el Gobierno de Chile para organizar su escuadrilla ". Aunque se acepten las cifras más bajas, 44 cañones y 35o hombres, no teniendo la Esmeralda más que 36 de los primeros, de los calibres de á 12 y 8, y 16o tripulantes, resulta de fuerza muy inferior, y tanto más sufriendo á bordo la aflicción del escorbuto, que había obligado al comandante á enviar una parte de los enfermos al Callao, según los propios chilenos cuentan o. No había, pues, motivo ni razón para someter á proceso á D. Luis Coig, tanto que, estimando, por lo contrario, meritorio su proceder, se le otorgó ascenso á capitán de navío por Real orden de 13 de Enero de 1819 ".

NÚMERO 2

Apresamiento de la fragata «María Isabel» en Talcahuano.

No pocos detalles de la desdichada expedición llamada de Cantabria, por el título del regimiento de infantería embarcado, hay dispersos en varias publicaciones. Las de autores americanos los ofrecen de la sublevación de la tropa en el transporte 7rinidad, más amplios que la Historia de D. Mariano Torrente y que las Memorias del general Camba. Barros Arana (tomo IV, pág. 491) refiere haber sido los sargentos Remigio Martínez, Francisco Moreno, Francisco Quintana y el cabo José Velasco los que encabezaron la sedición y dieron el golpe el 25 de Julio, apoderándose de las armas y de las escotillas, y asesinando al capitán D. Francisco Bandarán, jefe de la fuerza, los de igual clase D. Manuel de la Fuente y D. Cosme Miranda, y los subtenientes D. José Apoitia, D. José de Burgos y don Nicolás Sánchez Tembleque. «Un sargento y dos cabos, fieles al deber, opusieron tenaz resistencia, y aun trataron de volar el depósito de las municiones; pero aprehendidos cuando se disponían á ejecutar este heroico proyecto, sufrieron la suerte de los mencionados oficiales ". Los amotinados obligaron entonces al capitán de la fragata á hacer rumbo hacia Buenos Aires, fondearon en la ensenada de Barragán y avisaron al Gobierno insurgente para que recibiese el fruto de la traición y de la villanía. Los republicanos, cuenta don Santiago del Arco (La Plata), los recibieron con los brazos abiertos. Cuatro oficiales que quedaron con vida, sometidos á la presión de las circunstancias, aceptaron el grado que les ofrecieron los disidentes para atraerlos á su causa; mas dos de ellos, D. Francisco Bringas y D. Francisco Alborna, se fugaron al Brasil y pasaron al Perú; el subteniente D. Manuel Abreu fué expulsado de las filas rebeldes, y teniendo la osadía de volverá España, sufrió la pena de diez años de presidio con retención. En los demás transportes causó el escorbuto la muerte de una cuarta parte de la tropa, llegando en uno de ellos el número de defunciones á 13o. Los cuatro entrados en Talcahuano desembarcaron cosa de 8oo hombres, comprendiendo á la mayor parte de la tripulación de la María Isabel, el Especulación, que arribó al Callao, puso en tierra á 16o; el resto cayó en poder de la escuadra chilena, y, según las Memorias de Miller, que estaba en ella, en párrafo reproducido por el general Camba y Barros Arana, ofrecieron cuadro conmovedor. «El 1o de Noviembre, dice, ancló la escuadra chilena con la fragata apresada entre la isla Santa María y la tierra, donde se le incorporó el bergantín Galvarino, de 18 cañones, y la corbeta Chacabuco salióá cruzar enfrente de Talcahuano. En el transcurso de una semana llegaron sucesivamente siete transportes, y como veían izada bandera española en todos los buques, obedecían la señal de anclará popa de la María Isabel. A pro

* Refutación que hace el mariscal de campo D. 5erónimo Valdés del manifiesto que el temiente general D. 5oaquín de la Pezuela imprimió en 1821 á su regreso del Perú. Lo publica su hijo el conde de 7 orata, coronel retirado de Artillería, t. II, pág. Io4. Madrid, 1895, 4.o mayor.

o Historia de la expedición libertadora del Perú, por Gonzalo Bulnes. Santiago de Chile, 1887-1888, t. I, páginas 68-7o.

o Memoria sobre la primera escuadra nacional, páginas 13 y 14.

* Memorias ya citadas.

o Historia general de la independencia de Chile, t. IV, páginas 426-429.

o Barros Arana, t. IV, pág. 425.

o El almirante Pavía, Galería biográfica.

1 Torrente nos ha conservado sus nombres. El sargento José Reyes y los cabos Antonio Fernández y Miguel Lorite.

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