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leyes á las autoridades de la provincia, ó se nega.

ba á obedecer las que dictaba el gobierno. Habien1822. do renunciado en Febrero su destino el teniente co

ronel de la milicia Llinás, hombre inquieto y se

dicioso, el ayuntainiento en virtud de sus facultaInsubordina- des nombró otro individuo; mas Costa, que era el cion de la mili: coronel del cuerpo, se negó á admitirlo, y opuso la lona.

fuerza al decreto de la autoridad inunicipal. Entonces el gobierno, apoyado por la tropa y por los cañones, dispersó á los que asi desconocian sus deberes, y la ley recobró su prestigio. En los primeros dias de Abril “la sociedad patriótica que se reunia por las noches coinetió repetidos escesos, llegando al estremo de herir en su recinto y derramar la sangre de un miliciano bajo pretesto de que era servil: el gefe político suspendió el 9 la sociedad', y el vulgo quiso impedirlo; pero acobardóse, y cedió el campo á la firmeza del magistrado. Por

aquel tiempo publicábase en Madrid un folleto tiEl Zurriago tulado el Zurriago, y en Cádiz otro con el nombre y el Gorro.

del Gorro, que no solo tendian á disfamar las opiniones de los liberales verdaderos, sino que desquiciaban el edificio social predicando la sangre y el esterminio como medios de triunfo en una nacion donde cada mitad pertenecia á un partido. Justos sin embargo con todos, debeinos desmentir la calumnia tantas veces repetida de que los edin tores del Zurriago, Mejía y Morales, estaban vendidos al oro estrangero; ambos pelearon por la libertad hasta el último aliento de. esta , y murieron lejos de su patria. Para condenar sus doctrinas no es necesario calumniar sus personas.

" Las Cortes discutieron las bases de la sieinpre empobrecida hacienda, la distribucion del medio diezmo, los presupuestos, y declararon por unani

midad en 3 de Abril marcha nacional y de ordenan1822. Siguen las za el himno de Riego. El 27 aprobaron, como hemos insinuado, el proyecto de señoríos devuelto Corles sus tra

bajos. por el principe, quien en 7 de Junio lo envió segunda vez al congreso por conducto del ininistro de Gracia y Justicia, tambien sin sancionar: prohibieron conferir órdenes eclesiásticas, y decretaron la revista de todas las causas fenecidas despues del restablecimiento de la Constitucion, lo cual probaba su gran desconfianza del poder judicial. Y al propio tiempo entorpeciendo su accion en los autos abiertos contra los anarquistas pedian testimonios de lo actuado como en los seguidos á causa de la for: inacion ilegal del segundo batallon de la milicia voluntaria de Valencia. En 3 de Mayo, guiados siempre los mas fogosos de sus individuos por un celo que los estraviaba, declararon por el órgano de Alcalá Galiano que el ministerio no podia gobernar la nacion, sin alegar las pruebas justificativas de su desconfianza. Ordenaron á los secretarios del despacho que estrañasen del reino al famoso padre Velez, autor de la Apología del altar y del trono y obispo de Ceuta, no obstante que desterrado por el gefe político, consiguió del gobierno el premio de regresar a su diócesis por no hallar fundamento para el destierro, y no obstante ser del inismo sentir el Consejo de Estado. En 25 de Mayo la asamblea legislativa votó un mensage al rey Mensae acriminando al ministerio y al gabinete de las Tu, rey contra el

ministerio. llerías, cuya segunda parte, justa si se quiere en su esencia por la mala fé de aquel gobierno, era sin embargo impolítica, porque lejos de poner remedio á los males, dificultaba mas y mas las comunicaciones de uno y otro pais. Nunca agradan á la larga los inedios violentos y las proscripciones; pero si en un tirano irritan, causan mayor exasperacion cuando salen los rayos de las manos de las asambleas populares. La manía de rebajar los suel. dos mezquinos de los empleados sin disminuir su .

número, que es la verdadera plaga del erario, originaba nuevos descontentos; y la llegada de América de tantos militares fugitivos comprendidos en las capitulaciones duplicaba la penuria del te

soro, reducido á cero. Progreso . Las hordas facciosas devastaban el territorio, número de las facciones. y lo inundaban á inanera de torrente que crece

corriendo: el bandido Jaime Alfonso, llamado el Barbudo, proclamaba el realismo en la Sierra de Murcia, cuya provincia era tan afecta al despotismo que en ocho pueblos diferentes arrancaron é hicieron pedazos la lápida de la Constitucion. En Ca.

taluña á mas de los gefes ya mencionados se preMosen An- sentaban en la arena Mosen Anton Coll y fray ton. -El Trapouse.

Antonio Marañon, el Trapense, que en 1814 so-
bresalió en Madrid destruyendo con sus manos en
el salon del congreso la estátua de la libertad. Es-
te lego, que todo lo dominaba ahora con su pres-
tigio, era un aventurero que se refugió en la Tra-
pa para ocultar su nombre y su vida llena de vi-
cios y de crímenes: el nombre del baron de Ero-
les, que preparaba entonces en Poblet la gran cons-
piracion de que fue cabeza, andaba en todos los
labios; y próximo á saltar al palenque y dirigir el
carro de la contra-revolucion, daba mayores alas
á los realistas. Mataflorida duplicaba sus agentes y
enviaba fondos á los puntos donde escaseaba el die
nero; y asi tomaba cuerpo la insurreccion catalana,
alimentada con el oro de la Corte. Al ver las bandas
de la fé, toleradas y protegidas por las autoridades
francesas de la frontera, saquear é incendiar los
pueblos durante el dia, y á la caida de la tarde
formando círculo las compañías rezar el rasario;
al ver al Trapense con el hábito arremangado y el
crucifijo sobre el pecho rozándose con el sable y
las pistolas pendientes de la cintura, galopando
en su caballo con el látigo en la mano, bendicien-

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la mia recibir en su

do y esterminando, recurriendo unas veces á las Mañas del supuestas revelaciones del cielo para entusiasmar á los crédulos catalanes, y otras á medios revolucionarios, el observador se creía transportado á los siglos reinotos. Era el Trapense un hombre de cua. Su retrato. renta y cinco años; tenia cierto aire sombrío, los ojos vivos y la mirada fija; las gentes se arrodilla. ' ban á su paso para recibir las bendiciones que daba; asi lo pinta Martignac en su obra tantas veces citada. Y al lado del hipócrita Misas descollaba de gefe de estado mayor don Jorge Bessieres, aquel aventurero revolucionario condenado en Barcelona á muerte por republicano. Las armas de la libertad empero triunfaban en todas partes de los fanáticos, y Torrijos, Manso, Milans y Rotten los batian alli donde los alcanzaban. La dispersion era en los facciosos una maniobra militar; y al dia siguiente volvian á reunirse y á marchar con la misma confianza y entusiasmo que antes de la derrota. En Cervera los Capuchinos hicieron fuego á nuestros Capuchinos soldados, y tomado el convento, perecieron los frai. de Cerverá. les al filo de las bayonetas de la irritada tropa que les negó el cuartel. Sangrienta en estremo fue la lucha que en esta ciudad sostuvo el Trapense, y causó una baja considerable en nuestras filas, cubriendo los facciosos las calles de cadáveres, é incendiando la poblacion en sus dos ángulos opuestos. No obstante las dificultades que presenta la guerra de guerrillas, en la que tantas veces un grupo de ágiles bandidos se burla de la pericia y arrojo de una division numerosa, los repetidos triunfos de las armas constitucionales amilanaron á algunos gefes del realismo; y en Mayo representó Mosen

1822. Anton á las Cortes solicitando el indulto y ale- cion

Representagando que habia sido engañado. Las Cortes pa- Anton a las

Cortes. saron al ministerio la esposicion. Sin embargo, el imponente aspecto que tomaba la faccion, examina

da no aisladamente, sino en todas sus relaciones, hubiera hasta cierto punto cohonestado el mensage de que hemos hablado, si el colorido que se le dió no hubiera sido tan fuerte, y si no se hubiera inezclado en su contexto al ininisterio y al gobierno de Francia. El congreso lo remitió á Aranjuez por medio de una diputacion sin obtener respuesta , bajo el pretesto de la gota que afligía al principe. La causa verdadera nacia de que el incremento de la rebelion despertaba unas halagüeñas esperanzas en el ánimo real; de que se acercaba el momento crítico de una esplosion; y de que sus consejeros secretos, demasiado ligeros y aturdidos, einbriagaban su corazon con la certidumbre de la victoria. De este modo el ministerio, cercado de tribulaciones y ainarguras, vendido por el monarca, á quien servia de juguete, y combatido por los anarquistas, que ansiaban su ruina , ¿en qué habia de apoyar la palanca para sostener el orden amenazado por los misinos poderes? ¿En quién habia de confiar?

Los secretarios del despacho cuando el rey inoraba en los Sitios dificilinente le veían, porque la multitud de los negocios los retenia en la capital. Fernando pues no oía alli mas que la lisonjera voz de su servidumbre, que le pintaba las bandas del realismo en una altura de esplendor y de pujanza de que distaban inucho; y si algun amigo de buena fé le visitaba é insistia en las ventajas de modificar el código de Cádiz, y de resucitar las leyes fundamnentales de la monarquía, dando firmeza al trono, dividiendo en brazos la asamblea legislativa, y acoinodando en fin la máquina política al estado de España y al espíritu del siglo, sus consejos no fructificaban, porque caían sobre una tierra cubierta de dañinas simientes. En medio de este torbellino de agradables

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