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lamente á sus antiguas trincheras, dividiéndose en
dos mitades, que sucesivamente se derramaron por
Aragon y Valencia. De este modo demostró el mi-
nisterio, incensado por los periódicos, que carecia
de medios para vencer una inesperta banda de rea-
listas, mientras provocaba la ira y la pugna de mi-
llones de estrangeres.
Consoláronse los liberales de tantas miserias con
la toma de la Seu de Urgél, de cuyas fortificaciones
se apoderó Mina el 3 de Febrero, despues de ha-
ber arrojado, como en su lugar dijimos, á los ba-
tallones de Eroles y á la regencia al territorio fran.
cés. o El 8 de Diciembre de 1822, dice el general
en el estracto de su vida ya citado, emprendí el
bloqueo de la fortaleza de Urgél, cuyo sitio duró
setenta y cuatro dias, contra una guarnicion nu-
merosa, fanatizada, y determinada á defenderse con
vigor; sus provisiones de boca y de guerra eran
inmensas. No tenia ni una sola pieza de artillería
que oponer á los cuarenta y seis cañones que guarne-
cian las almenas, en un pais pobre y estéril, y en la
estacion mas rigurosa. Mis soldados apenas estaban
vestidos, faltábales con frecuencia la racion nece-
saria por efecto de la dificultad de las comunica-
ciones, y tenian á mas que defender una estendida
línea : finalmente, los sitiados eran tan numerosos
como los sitiadores. La constancia y el valor ven-
cieron todos estos obstáculos. Seiscientos asesinos y
ladrones salidos de las cárceles componian en gran
parte la tropa de Romagosa, defensor de la ciu-
dadela de Urgél: espiaron sus crímenes el dia de
la evacuacion, pues todos perecieron.”
Premió el gobierno este glorioso hecho con la
gran cruz de San Fernando. Tambien Milans triun-
de Misas en Olot, tomándole dos cañones y
causándole bastante pérdida entre muertos y heri-
dos: en Castilla cayó prisionero el Rojo de Valde-

Toma de la Seu de Urgél por Mina.

1823.

Proyecto de nueva regencia,

ras; y en Navarra Torrijos, De Pablo llamado
Chapalangarra, y Jáuregui, conocido por el Pastor,
batieron en encuentros parciales á Guergué, Cuevi-
llas, Zumalacarregui y Uranga. De estas alterna-
tivas de triunfos y derrotas deducíase la impoten-
cia de los facciosos para llevar á cabo la guerra:
y Mr. de Villele, ministro de Francia, decia al
vizconde de Chateaubriand: o Resulta de estos su-
cesos, y asi lo confiesan los naturales del país con
quienes hablo, que nunca los realistas españoles po-
drian consumar la contrarevolucion en su patria sin
el auxilio de un ejército estrangero, aun cuando otros
gobiernos favoreciesen su causa.” w.
Arrojada de Urgél la regencia, los realistas
moderados atribuyeron á la violencia y á la sed de
tiranía del presidente una gran parte del triunfo
de las armas de Mina. Varios españoles de aquel
partido, entre ellos Córdoba y Quesada, trabaja-
ron en París para evitar la intervencion estrangera,
y formar otra regencia presidida por el infante de
Luca, que ayudada con un empréstito garantido
por las potencias de la Santa Alianza, organizase
y modificase los elementos que componian el rea-
lismo. Mas la caida del vizconde Montmorency,
reemplazado en el ministerio de negocios estrange-
ros por Chateaubriand, hechura de la Santa Alian-
za, dió mas peso en el gabinete de Luis XVIII á
los partidarios de la guerra, que despues de la ar-
rogante respuesta de San Miguel parecia inevitable,
Sin embargo, Mr. Villele hacia los últimos esfuer-
zos para atraer á los liberales españoles á un aco-
modamiento; y sus conferencias con el conde de
Toreno prueban que no adivinaba los obstáculos
que el tratado secreto de Verona, y mas que el
tratado secreto Fernando, iban á oponer á la tran-
saccion intentada, que segun los órganos de los re-
gentes de Urgél, fundábase en dar á España la
carta francesa fundida en hispano crisol, en una
amnistía general para todos los delitos políticos, en
el reconocimiento de la deuda contraida por las
Cortes, y en la coronacion en América de un prín.
cipe de la familia real. -
El tratado de la Santa Alianza desvaneció, co-
mo era de esperar, muchas de las ilusiones de Vi-
llele, á quien nosotros concedemos honradez y bue-
na fé, si entre hombres de estado puede existir al-
guna vez; pero no por eso desistió del proyecto de
sustituir á la regencia de Matafiorida otra de ín-
dole mas suave. En 1.o de Enero de 1823 el ba-
ron de Eroles, Eguía y el prefecto de Tolosa tu-
vieron una larga conferencia con este objeto, en
virtud de la cual, y de las seguridades dadas á
Chateaubriand por el baron, partió éste á París:

tambien don Carlos España, que, concluida su mi

sion en Verona, pretendió ser empleado en la car-
rera diplomática, se axasperó con la negativa, y
volvió la espalda á los regentes. Finalmente, el go-
bierno de París, cual si nuestra nacion fuese patri-
monio suyo, acordó nombrar una especie de junta
provisional hasta la llegada de los enemigos de la
libertad á Madrid, donde segun aviso eneontra-
rian instrucciones de la voluntad del rey.
Fiel Balmaseda á Mataflorida, acudió á los re-
yes de Europa solicitando el reconocimiento de la
regencia de Urgél, y el despotismo puro y sin
mezcla de reformas para España: tambien el ge-
neral don Francisco Longa, que venia con recientes
aclaraciones dadas verbalmente por el monarca, sos-
tuvo á los regentes en la reunion oficial que en la
secretaría de la Guerra de Francia celebraron el
baron de Eroles, el conde de España y Quesada en
compañía del ministro. Balmaseda entregó en 12

de Marzo al secretario de Estado del mismo pais

una enérgica esposicion de la junta de Cataluña á

1823.

Luis XVIII, pidiendo fuese reconocida la regencia: en el mismo sentido representaron los arzobispos de Tarragona y Valencia, el presidente de los apostólicos de Galicia, los diputados de Alava y Guipúzcoa, la junta de Navarra, los obispos de Urgél y Pamplona, el inquisidor general, y varios gefes del realismo. No contento el ambicioso Mataflorida con tantas intrigas para sostenerse en el mando, pasó despues una nota al embajador de Rusia consultando el rumbo que debia seguir en vista de la política adoptada por el gabinete de las Tullerías, que segun la regencia tendia á dar á España un simulacro de instituciones representativas: el embajador escusó el consejo. Eguía dió por disuelta la regencia, manifestando que iba á tomar el mando supremo; y el baron de Eroles avisó en Febrero á Mataflorida el acuerdo que el gabinete francés habia tomado de nombrar un Consejo Supremo de gobierno para España, designando los individuos; acuerdo fundado en la voluntad de Fernando, que la habia declarado en dos cartas; la primera presentada por el encargado de negocios de Dinamarca en Madrid al ministro en París, y la segunda entregada al rey de Francia por el embajador Lagarde. El presidente de la regencia de Urgél podia oponer documentos á documentos, voluntad á voluntad, y á unas órdenes otras órdenes contrarias. En Enero de este año 1823 habia recibido una regia autorizacion por conducto de don Manuel Gonzalez, en la que “S. M. aprobaba todo lo hecho por la regencia, mandábale continuar la empresa, declaraba su real determinacion contra el establecimiento de cámaras y toda clase de gobierno representativo, diciendo que solo accedia á la proclama de 15 de Agosto del año anterior: prevenia al marques que sancionaba cuanto en su nombre hiciese, y que no obstante se le comunicase cosa en contrario la tuviese por no, mandada.” Mas reciente era otra comunicacion puesta en manos, de Mataflorida por don Felix Alvarado para que la regencia continuase sus funciones hasta la llegada de los franceses á Madrid, donde se hallarian designados por S. M. los sugetos que debian compo

ner el gobierno. Asi lo manifestó Alvarado en las.

representaciones dirigidas al rey de Francia y al

duque de Angulema á favor de la continuacion

de la regencia.
Los que duden de que un príncipe que se da-
ba á sí propio el título de católico, de que un
hombre de nuestro siglo, de que un español en fin
jugase hasta tal punto con la vida de sus seme-
jantes y elevase á este grado la perfidia, pueden
consultar los papeles del archivo de la regencia de
Urgél en las secretarías del despacho, y el estrac-
to que de ellos publicó el mismo Mataflorida (*).
Fuente pura donde hemos bebido muchas de las
noticias apuntadas, y manantial fecundo de descu-
brimientos para la lúgubre historia de aquella épo-
ca. Vender á todos, ser ingrato con amigos y ene-
migos, premiar los servicios con el olvido, sacri-
ficar la patria, las leyes, y los súbditos al deseo
de venganza, al ansia de oprimir; tal es la con-
ducta de Fernando el deseado, como le llamaba el
inocente pueblo que le levantó sobre su escudo en
1808. *
Los amigos de este rey conocian tan perfecta-
mente los ocultos pliegues de su corazon, que en
respuesta á la consulta de la regencia sobre el plan
que suponia á Eguía y á los ministros franceses,
fundado en una instruccion dada por el monarca,
decia el inquisidor general: o Estoy muy enterado
del papelito, de los antecedentes que le motivaron
y de lo obrado en su virtud; y me causa risa que
T. III.

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