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tiembre, tomando antes varias precauciones, como construir un reducto en el puerto de Baños, asegurar los puentes y barcas de ciertos rios, y poner al general Foy con la 6a division en vela del camino militar y pasos de la sierra.

Yendo á encontrarse Dorsenne y Mai mon t, cada uno por su lado, juntáronse el 22 cerca de Tamames. Con el primero hallábase ya incorporada una division que mandaba el general Sonbam, la cual pertenecía á las fuerzas que babian entrado últimamente en España cuando las italianas de Severoli. Y sin riesgo de error puédese computar que las tropas enemigas que marchaban ahora la vuelta de Ciudad Rodrigo ascendían á 60,000 hombres, 6000 de caballería con gran número de cañones.

Próximos los franceses no hizo Lord Wellington 80corren y

ademan alguno para impedirla introducion de socor- ¿tacan á WeU ros eu la plaza, y solo aguardó al enemigo en la posicion linstonque ocupaba. Vino aquel á atacarla el 25. Trabó el 1 °mbate del »5 combate con 14 escuadrones el general Wathier por la parte inferior del Azava que guarnecía Graham, y arrolló los puestos avanzados, los cuales, volviendo en sí y apoyados, recobraron el terreno perdido. No era esta tentativa mas que un amago. Encaminábase la principal atencion de los contrarios á embestir la 3a division inglesa situada en las lomas que se divisan entre Fuen- teguinaldo y Pastores. Puso Marmont para ello en movimiento de 30 A 4O escuadrones guiados por el general Montbrun y mucha artillería, debiendo favorecer la maniobra 14 batallones. Lord Wellington dudó un instante si atacarían los enemigos aquella posicion por el camino real que va áFuenteguinaldo ó por los pueblos de Encina y el Bodon. Cerciorado de que seria por el camino real, dispuso reforzar en gran manera aquel punto. Los ingleses allí apostados, si bien al principio solos y en corto número, se defendieron denodadamente contra la caballería y artillería enemigas, y recobraron dos piezas abandonadas en una embestida.

No habian aun llegado los infantes franceses, mas achi 1 tiendo "Wellington que se aproximaban, y calculando probablemente concurririan ál sitio del ataque antes de los principales refuerzos británicos llamados de partes mas lejanas, resolvió abandonar las lomas asaltadas, y retirar á Fuenteguinaldo las tropas que las defendían. Verificaron estas el repliegue formando cuadros y en admirable ordenanza, sin que la pudiesen romperlos arrojados acometimientos de la caballería francesa. Quedó solo como cortada la pequeña vanguardia que cubría el alto de Pastores y mandaba el teniente coronel Williams; pero este oficial lejos de, atribularse mantúvose reposado, y con acertada inteligencia subió el Agueda la orilla derecha arriba hasta Robledo , en donde repasó el rio logrando por la tarde unirse felizmente al grueso del ejército en Fuenteguinaldo.

Aqui en el mismo día estableció su centro Lord Wellington, al(Fraudo la anterior posicion con la derecha del lado del puerto de Perales, y la izquierda en Navavel. Apostó á Don Cirios de España y la infantería española junto al Coa, enviando la caballería bajo Don Julian Sanchez á retaguardia del enemigo.

Reunieron el 26 los franceses toda su gente, y examinado que hubieron la estancia'de Fueuteguinaldo, creyéronla tan tuerte que - , desistieron de atacarla. No lo pensaba asi Wellineton,

por lo cual retrocedió tres leguas, poniendo el 27 la derecha en Aldea Velha, la izquierda en Bismula y el centro en Alfaiates, antiguo campo romano y hoy villa de Portugal, en sitio alto cercada de viejos muros. En este dia dos divisiones de los franceses , siguiendo la huella de los aliados, trabaron vivos reencuentros, y la cuarta de los ingleses perdió y recobró dos veces á Aldea da Ponte.

Nuevas estancias No satisfecho aun Wellington con su última posiJe W'ellioioD. cion, y ateniéndose á un plan general de operaciones anteriormente trazado, retiróse una legua atrás á estancias que se dilataban por la cuerda del arco que forma el Coa cerca de Sabugal dejando á la derecha la sierra das Mesas, y á la izquierda el pueblo de Rendo, en cuyo sitio presentó batalla á los franceses, que esquivaron estos cumplido su deseo de socorrer d Cindad Rodrigo.

En los combates del 25 y 27 perdieron los ingleses unos 260 hombres, no mas los franceses. Vio en aquellos dias por primera vez el fuego y se distinguió el príncipe de Orange, que allí asistia en calidad de ayudante de campo de Lord Wellington, exponiendo su persona por la independencia de un pais muy desamado dos siglos antes de sus ilustres y belicosos abuelos los Guillermos y Mauricios. Asi anda y voltea el mundo.

s« retiran los Separarónse á poco los dos generales franceses, frameses. no pudiendo mantenerse unidos por zelos, falta de subsistencias y por amagos que tenian de otros lugares. Dorsenne se retiró hácia Salamanca y Valladolid: Marmont á tierra de Plaseucia.

Wellington en Tambien Lord Wellington tomó nuevos acantonaFreineda. mientos sentando en Freineda su cuartel general. Vínole bien no le hubiesen los franceses atacado el 25 con todo su ejército, ni embestido el 26 la posicion de Fuenteguinaldo. Las muchas fuerzas que consigo traian hubiéranle podido causar gran menoscabo. Tan cierto es que en la guerra representa la fortuna papel muy principal.

se prepara á Dió entonces Lord Wellington comienzo á los presitiar á CiuJaJ parativos que exigia la formalizacion del sitio de Rn.lnjio. . Cindad Rodrigo. Le dejó para su empresa, segun ya indicamos, sumo despacio lo que ocurría en las demas partes de España, y tampoco le perjudicaron las operaciones de los partidarios que andaban cerca, singularmente las de Don Julian Sanchez. ,

Entre otros hechos de este por entonces notables, D # rcuéntase el acaecido el 15 de octubre en las cercanías sanchci afgode Ciudad Rodrigo. Sacaban los enemigos su ganado á bcroador franpastar fuera, y deseoso Sanchez de cogerle, armó c?3 de «I""11» una celada con 360 infantes y 130 ginetes en ambas orillas del Agueda corriente abajo. A la propia sazon que acechaban los nuestros y se preparaban á la sorpresa, salió de la plaza á hacer un reconocimiento con 12 de acaballo el gobernador francés Renaud, y emparejando parte de los emboscados con él y su escolta, apoderáronse de su persona por la izquierda del rio, al paso que por la derecha apresaron los otros unas 500 reses de ganado vacuno y cabrío. Desesperábase Renaud por su infortunio, y Don Julian, tratando de consolarle, le dió una cena acompañada de música y tan espléndida como permitían las circunstancias de su vario é instable campo.

Tambien molestaba España á los enemigos, é irri- Carta de D tado de que el general Mouton, comandante de unas Cirios de Espatropas que entraron en Ledesma , hubiese arcabuceado 68,1 de s*1*á 6 prisioneros nuestros 24 horas despues de haberlos cogido, hizo otro tanto con igual número de franceses, escribiendo en 12 de octubre al gobernador de Salamanca Thielbaud una carta en que se leian las cláusulas siguientes*: «Es pre« ciso que V. E. entienda y haga entender á los de- D' « mas generales franceses, que siempre que se cometa por su o parte semejante violacion de los derechos de la guerra, ó que n se atropelle algun pueblo ó particular, repet1ré yo igual castigo « inexorablemente en los oficiales y soldados franceses... y de « este modo se obligará al fin á conocer que la guerra actual no es « como la que suele hacerse entre soberanos absolutos, que sacri« ficanj la sangre de sus desgraciados pueblos para satisfacer su « ambicion ó por el miserable interes, sino que es guerra de un « pueblo libre y virtuoso , que defiende sus propios derechos y la ■ corona de un rey á quien libre y espontáneamente ha jurado y « ofrecido obediencia, mediante una constitucion sabia que asegure « la libertad política y la felicidad de la nacion. » ¡ Esto decia España en 1811!

A la derecha de Lord Wellington D. Francisco Ja- Qaint0 ejército vier Castaños con el 5o ejército, y auxiliado por las español, tropas del general Hill, dió no poco que hacer á los franceses.

Aunque se esteudia al mando de aquel jefe al 6o severidad de ejército , v despues comprendió tambien el del 7o, su Castaños, autoridad inmediata aparecía por lo comun solo en Extremadura y puntos vecinos. Mostróse Castaños alli riguroso con desertores, infidentes y otros reos , lo que desdecía de su carácter al parecer blando.,Bien es verdad que hubo ocasion en que ejerció la justicia contra delincuentes, cuya conducta estremece aun y pone espanto. Pedrezuela j su Fue horrible el caso de José Pedrezuela y de su mager. niuger María Josefa del Valle. Barba el primero algun tiempo del coliseo del Príncipe de Madrid, fingióse comisionado regio del gobierno legítimo, y desempeñó el supuesto cargo en Piedraláves y Ladrada, pueblos de tierra de Toledo. Los habitantes y guerrillas de la comarca le obedecían ciegamente en la creencia de ser enviado por el gobierno de Cádiz. La ocupacion enemiga daba favor al engaño. El Pedrezuela y su esposa fueron convictos de haber condenado á suplicios bárbaros sin facultad ni debido juicio á mas de 13 personas. Ejecutaba aquel las sentencias por sí misino, ó las hacia ejecutar á media noche en un monte ó heredad, cosiendo á sus víctimas á puñaladas, ó matándolas de un fusilazo en el oido. Iba á veces la muerte acompañada de otros horrores, y si bien se probaron solo 13 asesinatos, se imputaban á los reos fundadamente mas de 60. La muger, hembra de ferocidad exquisita, condenaba en ausencia del marido y superaba á este en saña y encarnizamiento. Querian cohonestar sus crueldades con el patriotismo, y sacrificaron á varios sujetos respetables,entre otros á Don Marcelino Quevedo asesor de las guerrillas de la provincia de Toledo. Alucinados asi los pueblos y contenidos por el respeto que tributaban al gobierno legítimo, se sometieron al seudocomisionado por espacio de tres meses. Déscubierta ¡á lo último la falsía y enredo, dióse orden de prender á matrimonio tan sanguinario y bien apareado, y mandó Castaños formarles causa. Vista esta, condenaron los jueces al marido á la pena de horca, y á ser en seguida descuartizado; á la muger á la de garrote. Ajusticiáronlos el 9 de octubre en Valencia de Alcántara. Digno castigo, aunque tardío, de tamaños crímenes.

El corregidor Si no de color mas subido, eran tambien sobrado Oia. feos los que se achacaban á Don Benito María de Ciria, capitan retirado y actual corregidor del rey José en Almagro. Llamábanle el Neron de la Mancha. Obtuvo tal nombre por las extorsiones que causó, por los varios inocentes que llevó al cadalso. Le prendió el 29 de setiembre cerca de aquella ciudad el capitan Don Eugenio Sanchez, al tiempo que su jefe el sargento mayor Don Juan Vaca, de la partida ó sean usares francos de Don Francisco Abad (Chaleco), atacaba la guarnicion enemiga, la deshacía y tomaba bastantes prisioneros. Un consejo de guerra reunido por Castaños condenó á Ciria á la pena de garrote, ejecutada el 25 de octubre en el mismo Valencia de Alcántara. Pero apartemos los ojos de escenas tan melancólicas, deplorables efectos de disensiones civiles.

Temprano el Otros hechos verdaderamente nobles y sin rastra partidario, de duelo realizábanse entre tanto por aquellos pasages. No nos detendrán los muchos y diversos de las guerrillas, aunque si merece honrosa mencion el partidario Don Antonio Temprano , quien el 8 del citado octubre á las puertas mismas de Talavera libertó al coronel ingles J. Grant, cogido antes prisionero en el Aceuche.

Combate de mayores resultas y muy glorioso pa- combínansesará á delinear nuestra pluma. Habian los enemigos para una cmpretratado de estrechar el corto ámbito que ocupaba el sa en Estiema5o ejército en Extremadura, con la mira de privarle ^V°fstecs 1 de los limitados recursos que sacaba de allí, y aumentar los suyos propios, tambien harto circunscriptos. Con tan doble objeto colocóse en Cáceres y se extendió hasta las Brosas el general Girard asistido de una columna de 4-000 infantes y 1000 caballos, perteneciente al 5o cuerpo francés que seguia bajo el general Drouet enseñoreando las márgenes de Guadiana. Esta operacion habíanla los franceses diferido, recelosos de empeñar choque no solo con los españoles, sino igualmente con los anglo-portugueses de Hill. Mas la inmovilidad de los últimos, metidos allá en el Alentejo sin ayudar á los nuestros, dió aliento á los enemigos para extenderse por los puntos arriba indicados. Hambreando de ese modo á los españoles, y no pudiendo la junta de la provincia establecida en Valencia de Alcántara ni siquiera suministrar las mas indispensables raciones, acudió Don Francisco Javier Castaños á Lord Wellington y le propuso un movimiento en union con las tropas aliadas.

Accedió el general inglés á los deseos del español, Aocíou glorioy en consecuencia marchó Hill la vuelta de nuestra s¡> doArrojomoEstremadura. Tomó este consigo la mayor parte de iinossu fuerza que segun dijimos ascendia á 14,000 hombres, y el 23 de octubre asomó ya por Alburquerque. Se le juntó el 24en Aliseda Don Pedro Agustín Giron, segundo de Castaños y comandante de la columna destinada á obrar con los ingleses, la cual se componía de 5000 hombres distribuidos en dos trozos á las órdenes inmediatas del conde dePenne Villemur y de Don Pablo Morillo.

Continuando en Cáceres la fuerza principal de Girard, tenia destacamentos en algunos pueblos y señaladamente 300 caballos en Arroyo del Puerco, los cuales se recogieron el 25 á Malpartida por avanzar Penne Villemur con la caballería española. Quisieron los aliados atacarlos en aquel pueblo, mas los enemigos se replegaron á Cáceres, cuya cindad tambien abandonó el general francés dirigiéndose á Torremocha.

Prosiguieron los nuestros su camino y el 27 se reunieron todos en Alcuescar, en donde supieron con admiracion que Girard se mantenía en Arroyomolinos, distante una legua corta. Pendia la confianza de los franceses de la persuasion en que siempre estaban de que el inglés no se metería muy adentro en España, y tambien

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